Un hombre entre un millón (2007)






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Capítulo 15

Jaynie Moriarty entró en la cocina y dejó las bolsas de la compra sobre la encimera. Miró hacia el salón y vio que Spike seguía sentado en la terraza. Llevabas dos días allí, mirando el lago y las montañas en la distancia, pero no viendo nada en realidad.

Sirvió dos vasos de limonada y salió a reunirse con él.

—Hace calor —le dijo, y le dejó el vaso delante.

—Oh, sí. Gracias.

Jaynie se sentó junto a su hermano. Nunca lo había visto tan distraído y sabía que no sólo era por la frustración de no poder trabajar porque seguía de baja. La noche anterior había llegado a las dos de la mañana, empapado, porque las cosas no le habían ido bien con aquella mujer llamada Madeline.

Jaynie quería saber qué le había pasado, pero sabía que preguntándoselo no conseguiría nada.

—Creo que voy a buscar un trabajo de oficina.

—¿Las transcripciones no te van bien?

—No tanto.

—¿Así que estás pensando en quedarte aquí una temporadita?

—Puede —contestó ella—, pero tengo que ganar más dinero para poder alquilar un sitio. Me encanta vivir contigo, pero necesitas un poco de intimidad.

Él sonrió.

—No me hace ninguna falta.

—Aun así…

—Preferiría que te quedaras conmigo, ¿qué te parece? —frunció el ceño—. ¿Estás segura de que no quieres que te busque un trabajo en White Caps…?

—Te lo he dicho. No quiero favores. Pero he visto en el periódico que en Algonquin Hotel necesitan gente.

—Eso está a cuarenta minutos de distancia.

—El camino no es malo.

—Jaynie…

—Puede que no me den el trabajo. Pero voy a intentarlo.

—Bueno… Dímelo si puedo ayudarte en algo.

—Lo haré. Gracias.

Se hizo un largo silencio. Cuando Spike se aclaró la garganta, ella supo que iba a contarle lo que le pasaba.

—Ocurrió hoy —dijo él—. Hace doce años.

Jaynie se quedó helada.

Doce años… La noche en que Spike mató a un hombre para salvarle la vida a ella. Normalmente, ella lo recordaba.

—Sí… fue hoy.

Ambos se quedaron mirando al horizonte sin ver nada.

Ella recordaba perfectamente todo lo sucedido. Recordaba el silencio y la mirada de Spike con las manos llenas de sangre y terror en los ojos. Más tarde, a ella se la llevaron en una ambulancia, y a Spike se lo llevaron esposado.

—¿Todavía piensas en ello? —preguntó Jaynie.

—Todos los días no. Pero sí una vez al año. Sobre estas fechas —la miró—. ¿Hablas de ello con alguien?

Ella negó con la cabeza.

—Durante mucho tiempo no lo hablaba porque seguía muy afectada. Después, porque no confiaba en la gente. Ahora… porque no tengo a nadie. Bueno, nunca he tenido a nadie.

Spike negó con la cabeza.

—¿Quieres decir que no has salido con nadie en todo este tiempo?

—En realidad, no. Es sólo que no he conocido a nadie…

—Después de todos estos años…

—Sí, bueno, me estás haciendo sentir como una solterona. ¿Y tú? ¿Has hablado de ello?

—No. Tampoco he tenido con quién.

El nombre de Madeline flotaba en el ambiente.

—¿Y qué hay de la mujer que fuiste a ver a Newport?

Spike bebió un trago de limonada.

—Salió mal. Creía que era por el hecho de haber estado en la cárcel. Pero resulta que no confiaba en mí para nada.

—Eres de total confianza.

—Para ella no. Y ni siquiera le he contado mi pasado. Pero si no confía en mí desde un principio, no habrá forma de que comprenda lo que hice —se limpió los labios con la mano—. Sobre todo, porque su madre fue víctima de un delito violento. Necesitaríamos una relación muy especial para superarlo todo, y no la teníamos. Al menos, por parte de ella.

—¿Estás enamorado?

—Basta —dijo él—. Volvamos al tema de tu trabajo. ¿Estás segura de que no puedes conseguir nada en este pueblo?

Sin embargo, Jaynie no estaba dispuesta a cambiar de tema.

—Spike, lo siento de veras. Odio que tuvieras que hacer aquello para salvarme la vida. Y que fueras a la cárcel… Los peores días de mi vida fueron aquéllos en los que tú sufrías por lo que yo me busqué.

—Ninguna mujer busca que le den una paliza. Y ningún hombre de verdad permite que eso suceda. Hiciste lo que pudiste.

—No. Debí haberlo dejado antes de que…

—Lo volvería a hacer. Para salvarte, lo haría otra vez.

Jaynie ocultó el rostro entre sus brazos. Spike le acarició la espalda.

—Está bien.

—Te arruiné la vida porque era demasiado débil para dejar a aquel hombre.

—Te habría matado si hubieras intentado marcharte. Lo sabes, ¿verdad?

Al cabo de unos segundos, ella levantó la cabeza, se secó los ojos y sonrió.

—No puedo perdonarme.

—No hay nada que perdonar.

Ella negó con la cabeza, pero no estaba dispuesta a discutir.

—¿Cómo puede ser que nunca hayamos hablado de esto antes?

—No hemos estado juntos el tiempo suficiente. Por eso me alegré cuando llamaste diciendo que querías venir. Por eso quiero que te quedes.

Jaynie le agarró la mano.

—Sabes una cosa… Esa mujer que no confía en ti está loca.

—Madeline…

—Está completamente loca.

A las tres menos cuarto de la tarde, Mad salió del taxi que la había llevado hasta el edificio Chrysler. Enderezó la espalda, se estiró la chaqueta y entró en el edificio.

Tomó un ascensor hasta la planta tercera y esperó a que la recepcionista la acompañara hasta la sala de juntas.

Richard estaba en una esquina de la mesa, con Charles Barker.

Mad ocupó el primer sitio vacío que encontró y dejó sus cosas sobre la mesa.

Richard se dedicó a saludar al resto de los asistentes, y cuando llegó a su lado, le dijo.

—Nunca contestaste a mis llamadas.

—¿Qué sentido tenía? —dijo ella, mirándolo a los ojos.

Él pareció sorprendido y se alejó con el ceño fruncido.

Charles Barker dio comienzo a la reunión. Todo iba muy deprisa. Presentación de informes. Preguntas. Respuestas… Ella permaneció en silencio hasta casi el final.

La propuesta de adquisición de Organi-Foods era el último punto del orden del día y Richard se puso en pie para hacer su presentación. Mientras hablaba, era evidente que Charles Barker, el presidente, no iba a darle la aprobación. Barker estaba cruzado de brazos y muy serio.

Cuando Richard terminó su presentación, comenzó la votación.

—Todos los que estén a favor de esta propuesta que digan sí —anunció Barker.

Mad fue la primera en hablar.

—Sí. Y tengo poderes para votar en nombre de mi hermana. Su voto también es afirmativo.

Richard estuvo a punto de caerse de la silla. Y Barker también. Un fuerte murmullo se apoderó de la sala.

Mad recibió con calma todas las miradas que le dirigían. La votación continuó, pero la decisión estaba tomada. Con Amelia y ella poniendo sus acciones a disposición de la fusión, el tema estaba zanjado.

La reunión se terminó tras algunas explicaciones y ella fue la primera en salir de la sala. Estaba esperando el ascensor cuando Richard la agarró del brazo.

—Madeline…

—¿Sí?

—¿Por qué no te has opuesto a mi propuesta? —preguntó.

—Porque no se trata de ti. Se trata de lo que es conveniente para la empresa. Tu propuesta es correcta. Si no nos expandimos, no podemos competir, y con mayor volumen de ventas, podremos ofrecer mejores descuentos. Barker no lo ve así por algún motivo. Lo que me indica que quizá no sea la persona más adecuada para presidir la mesa.

Llegó el ascensor y se abrieron las puertas.

Mad entró y se volvió hacia su hermanastro.

—Richard, eres basura. Siempre lo has sido. Pero tienes mucho ojo para los negocios. Recuerda una cosa. A partir de ahora, soy yo la que tiene poderes para votar en nombre de Amelia. Y si en algún momento, me parece que no eres el hombre adecuado para presidir la empresa, te despediremos en menos que canta un gallo. Quiero que pasado mañana me envíes un informe con el análisis y las oportunidades de mercado tras la nueva adquisición. Adiós, Richard.

Cuando se cerraron las puertas, Mad pensó que debía sentirse poderosa y satisfecha. Sin embargo, sólo podía pensar en una cosa.

Hablar con Spike.

Capítulo 16

—¿Qué diablos estás haciendo aquí?

—Nate, tengo que hacer algo. No puedo estar quieto más tiempo.

—Tienes una quemadura de tercer grado en la muñeca. Solamente has estado de baja cuarenta y ocho horas.

—Ya te he dicho, haré cualquier cosa. Doblaré servilletas. Pero no puedo quedarme en casa.

Nate sonrió.

—Está bien. Entra en la oficina y haz todo el papeleo. Tenemos facturas pendientes.

—Eres un cretino —dijo Spike.

—Y tú puedes irte a casa.

Spike miró a su amigo y entró en el despacho. La mesa estaba llena de papeles por ordenar. Miró por la ventana y vio que el sol se reflejaba sobre el lago.

Se frotó el pecho. Se sentía solo. Echaba de menos a Mad…

Tenía que conseguir la manera de olvidarla.

Spike miró la mesa. Papeles. Quizá ésa fuera la solución. Quizá consiguiera quitársela de la cabeza.

Esa noche, a las diez, Mad detuvo el coche frente a una casa de estilo Victoriano, cerca de Saranac Lake. A pesar de que el viaje le había llevado cuatro horas y media, apenas recordaba ni un minuto de él.

Salió del coche y entró en el edificio. Miró los nombres de los buzones y vio que Moriarty vivía en la tercera planta. Subió por las escaleras y llamó a la puerta.

—¿Quién es? —preguntó una mujer.

—Oh… Lo siento. Creía que aquí vivía Spike Moriarty.

Se le aceleró el corazón. ¿Y si estaba con otra mujer?

Cuando el pánico empezaba a apoderarse de ella, una mujer menuda abrió la puerta.

—Spike vive aquí, pero está trabajando —le dijo—. ¿No serás Madeline, por casualidad?

—Sí. Soy yo.

—¿Has venido a hacer las paces?

—Yo… Sí, he venido a pedirle disculpas.

La mujer le tendió la mano.

—Soy Jaynie. Su hermana.

Mad le estrechó la mano.

—Madeline Maguire. Encantada de conocerte.

Jaynie asintió.

—Escucha, él tardará en llegar a casa. ¿Dónde te alojas?

—Yo…

—¿Vives cerca de aquí?

—He venido desde Manhattan. ¿A qué hora llegará a casa?

—A veces no llega hasta medianoche.

—Oh. Yo… tengo que hablar con él.

—¿Quieres esperarlo aquí?

—Gracias. Te lo agradezco de veras —entró en la casa.

—Iba a preparar algo de cena. ¿Has cenado? Sé que es tarde…

—Eres muy amable, pero lo que faltaba es que me dieras de cenar.

—Hay mucha comida. En serio. A Spike no le gusta cocinar en casa, así que cuando me deja, lo cuido.

—Sería estupendo. No he tomado nada desde la comida —Mad siguió a la mujer hasta la cocina. Olía de maravilla.

—¿Qué es?

—Pastel de carne —sacó una fuente del horno—. Y mazorcas.

Diez minutos más tarde estaban cenando en la misma mesa.

—¿Cómo sabías mi nombre? —le preguntó Mad. Jaynie se quedó pensativa un instante.

—Te echa de menos. Te llama por las noches.

Mad cerró los ojos.

—He cometido un error. Un gran error.

—Sí, es cierto. No sé los detalles, pero te diré una cosa. Mi hermano es de total confianza. Y está dispuesto a hacer cualquier cosa por aquéllos que quiere. Créeme. Ha dado años de su vida por mí.

—¿Años?

—Mi hermano tiene algo que a lo mejor quiere contarte. Si lo hace, trata de escucharlo con la mente abierta. Se lo merece. Se merece mucho más de lo que ha tenido en la vida.

—¿Qué es?

—No te lo puedo contar. Sólo que sepas que me salvó la vida. Sin él, tú y yo no estaríamos juntas disfrutando de esta cena. ¿Quieres mantequilla?

Mad aceptó el cacharro con mantequilla y dijo:

—Gracias.

Spike se marchó de White Caps a medianoche. Estaba cansado y quería darse una ducha.

Al llegar a casa, todo estaba en silencio. Asomó la cabeza en la habitación de su hermana y vio que estaba dormida con un libro abierto y la luz encendida. No se la apagó para no despertarla.

Entró en su dormitorio y cerró la puerta para no molestarla con la luz. Se desnudó y se metió en la ducha.

Al salir, se secó de camino a la cama.

Y fue entonces cuando vio que Madeline Maguire estaba tumbada en ella.

Se cubrió en seguida, pensando que ella se sentaría y le diría algo. Pero estaba dormida.

Se acercó despacio.

—¿Mad? —le tocó el hombro—. Mad, despierta.

Ella masculló algo. Lo agarró de la mano y tiró de él.

De algún modo, él consiguió mantener la toalla en su cintura, pero acabó tumbado sobre ella.

Mad lo abrazó y susurró:

—Estoy soñando, ¿verdad?

Le quitó la toalla y comenzó a acariciarlo.

Spike se excitó en seguida. Ella llevó las manos a sus caderas. Y a la parte delantera…

Él trató de despertarla.

—Mad. Despierta.

Cerró los ojos y se mordió el labio mientras ella lo acariciaba.

—Me equivoqué al dudar de ti —dijo ella, besándolo en el cuello—. Y quería venir cuanto antes a decírtelo. Lo siento… Hueles muy bien —lo besó de nuevo—. Mmm… Acabas de lavarte el cabello…

Spike trató de controlarse para no dejarse llevar por lo que ella le estaba haciendo.

—Mad… Mad, despierta.

—No quiero despertar —susurró—. Ha sido horrible desde Memorial Day. Triste. Te echaba de menos. Lloraba. Pero ahora te tengo.

Él le retiró el cabello de la cara. El tormento que reflejaba su expresión le rompió el corazón.

—No quiero que llores —dijo él, y la besó en la frente—. Y menos por mí.

—Por ti. Te quiero.

Spike dejó de respirar un instante. No estaba seguro de haber oído bien.

El corazón le latía con fuerza.

—¿Qué has dicho?

—Que te quiero.

Mad despertó nada más pronunciar esas palabras.

Al principio, estaba confusa.

Se sonrojó y lo soltó:

—Oh, cielos… no es un sueño, ¿verdad?

—No, no lo estás —murmuró él—. Pero puede que yo sí.

—¿Acabo de decir lo que creo que he dicho?

—Sí. ¿Lo sientes de verdad?

—Sí —dijo ella—. Mira, Spike, he venido a decirte que…

Él la besó de forma apasionada. Después, se estiró para buscar una cosa en un lado de la cama. Ella contempló su cuerpo desnudo… incluido su miembro erecto.

—Oh… cielos…

Spike estiró el edredón y se cubrió con él.

—Mad, tenemos que hablar.

Ella se frotó los ojos.

—Lo sé. Por eso he venido. Siento no haberte creído con lo de Amelia. De veras… He hablado con ella de todo, pero debería haber confiado en ti antes de eso.

—Me hizo mucho daño que no confiaras en mí.

—Lo sé…

—Porque significaba que no podía contarte una cosa. Algo que posiblemente cambie la opinión que tienes de mí. Suponía que si no confiabas en que jamás haría algo tan absurdo como acostarme con Amelia, nunca podríamos superar mi pasado. Y que por tanto… nunca tendríamos un futuro.

—¿Un futuro? —murmuró—. Spike, ¿creía que no te interesaban las relaciones?

—Yo también, pero contigo es diferente —la miró—. Has sido algo diferente desde que te vi salir del baño en la fiesta de Alex. Después, cuando fui a Greenwich, intenté hacer lo correcto y mantenerme alejado de ti, pero no lo conseguí. Cuando terminó el fin de semana, pensé que a lo mejor podíamos tener algo… pero te marchaste y pensé que lo hiciste porque Richard te había hablado de mí.

—Él no me dijo nada —contestó ella—. Spike, ¿qué es lo que no sé sobre ti?

Él respiró hondo y ella estaba cada vez más nerviosa.

—Mad… estuve en la cárcel. Durante mucho tiempo. Años.

Ella se abrazó a sí misma.

—¿Por qué?

—Maté a un hombre.

—Cielos… —cerró los ojos—. ¿Por qué?

—Para salvar la vida de Jaynie.

Mad lo miró y recordó lo que su hermana le había dicho en la mesa.

—Spike… no tuviste elección, ¿no es así? Ella estaba en peligro…

—No había otra manera. Tuve que hacerlo.

—Entonces, ¿por qué fuiste a la cárcel?

—Sólo se considera que uno actúa en defensa propia cuando es a él a quien están atacando. No era a mí a quien pegaban con un bate de béisbol —al ver la cara de Mad, añadió—. Lo siento. No quiero que te sientas incómoda conmigo.

Spike se alejó una pizca de ella.

Mad recordó el tiempo que había pasado con él. Los momentos en que estaba ausente aunque estuviera presente.

—Así que eso era lo que ocultabas. Eso es de lo que nunca hablas.

—Sí. Yo… No te lo conté porque pensaba que sólo éramos amigos. Pero después, se complicaron las cosas. Iba a decírtelo, te lo prometo. Sobre todo, cuando decidí…

—¿Qué?

—Que quería volver a verte. A menudo.

Ella lo miró durante largo rato y, después, le agarró la mano.

—Yo también quería que eso sucediera. Y sigo queriéndolo.

—¿A pesar de lo que te he contado?

—Sí. No puedo fingir que no estoy impresionada, pero no te tengo miedo. Y no voy a dejar… Quiero seguir viéndote.

—¿Estás segura? —la besó en la mano—. Porque suponía que… después de cómo había muerto tu madre, para ti esto sería muy difícil de aceptar.

—¿Qué tiene que ver que mi madre muriera de cáncer con que tú hayas estado en la cárcel?

—¿Cómo?

—Mi madre murió de cáncer. ¿Por qué me iba a costar aceptar tu pasado por eso?

—¿Qué?

—¿Por qué te sorprende tanto?

Spike blasfemó en voz alta.

—No tienes ni idea de… Santo cielo.

—¿Cómo pensabas que había muerto?

—No importa…

Ella lo interrumpió.

—Michael Moriarty, será mejor que no me ocultes nada más. Si vamos a estar juntos, ahora mismo vamos a empezar a contárnoslo todo. O eres sincero conmigo o no vamos a llegar a nada.

Él arqueó las cejas y esbozó una sonrisa.

—De acuerdo. Yo… ¿Sabes? Me gusta cuando me mandas.

—Bien. Pues ve acostumbrándote. Si puedo hacerme con los chicos de la tripulación, podré hacerme contigo. Ahora, cuéntamelo todo.

Él la besó un momento. Después se puso serio.

—Richard me contó que tu madre había muerto a causa de un delito violento. Dijo que había investigado mi pasado y que te lo había contado todo. Que te habías marchado porque no querías volverme a ver. Por eso, cuando fui a Newport, me sorprendió que pensaras que me había acostado con Amelia.

—Qué bastardo —dijo ella, y permaneció en silencio.

—Mad, ¿en qué estás pensando?

—Esta tarde he apoyado su propuesta en la reunión de la junta. Me parecía lo correcto porque era lo mejor para la empresa. Pero después de esto… —negó con la cabeza—. Alguien tan malvado no puede ser presidente de una empresa.

No, Richard debía marcharse. Y ella se encargaría de conseguirlo. Miró a Spike y sonrió al ver que no le había soltado la mano.

—¿Dónde estábamos? —le preguntó.

—Teniendo en cuenta todo lo que ha pasado, diría que estamos enamorados —la besó—. Sí. Sin duda. Porque te quiero. Me quieres. Estamos enamorados.

—¿Enamorados?

—Sí. Lo estamos.

Ella lo abrazó con fuerza.

—Pero Mad, sobre las regatas…

—¿Qué pasa?

—No te preocupes, no se me ocurriría pedirte que las dejaras —al ver que ella sonreía, añadió—. Pero creo que sería estupendo si no te trataras tan mal. Ya sabes, si dejaras de entrenar tanto y comieras mejor. Me encanta tu cuerpo, pero creo que me gustaría más si… Me gustaría que pudieras…

Mad lo besó para tranquilizarlo.

—Ya he empezado a cambiar algunas cosas. He pensado que a lo mejor, algún día, quiero tener hijos. Así que necesito empezar a prepararme.

—Quiero tener hijos contigo. Muchos hijos.

—¿Ahora?

—Sí… De hecho… hay algo más. Y hemos dicho que no vamos a ocultarnos nada, ¿no?

—Sí.

—Pues quiero casarme contigo. Mañana. Esta noche. Ahora —suspiró—. Ya está. Ya lo he dicho. Sí, sé que no nos conocemos desde hace mucho…

Esta vez fue ella quien lo interrumpió con un beso.

—¿Sabes qué? Creo que es una idea estupenda.

—¿De veras?

Mad sonrió.

—Sí.

Epílogo

Dos semanas más tarde, Spike y Mad dijeron sus votos en una ceremonia civil en el juzgado de Saranac Lake. Los anillos eran de platino, sencillos. Pasaron la luna de miel en un barco velero. Mad le enseñó a marcar y mantener el rumbo. Spike a cocinar risotto.

Por desgracia, terminaron en el sitio equivocado. Y el risotto sabía a rayos. Sin embargo, los dos estaban muy contentos con el resultado. Porque, una vez más, el amor verdadero no entiende de los pequeños detalles de la vida, como el tiempo empleado en recuperar el rumbo. Y se alimenta de otras cosas que no se preparan en la cocina.

El amor crece allí donde hay calor para el corazón de otra persona. Y después de encontrarse el uno al otro, Spike y Mad, nunca tuvieron frío.

Fin


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