El curador silencioso una Investigación Actual sobre el Aloe Vera






descargar 1.08 Mb.
títuloEl curador silencioso una Investigación Actual sobre el Aloe Vera
página5/28
fecha de publicación01.09.2016
tamaño1.08 Mb.
tipoInvestigación
f.se-todo.com > Derecho > Investigación
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   28

Compartiendo el Regalo
No hay una forma precisa de determinar los orígenes de Aloe Vera. Los habitantes de la India creían que era una planta enviada a los seres humanos directamente desde el Jardín del Edén. Una leyenda dice que creció originalmente en las Isla (mítica?) de Atlantis y fue llevada por esa civilización superior a sus vecinos primitivos en el Mediterráneo. Leyenda o no, nosotros sabemos ahora que los primeros indicios de su origen fueron registrados en el tiempo del Antiguo Reino de Egipto, hace 6000 años. El primer uso de la planta con fines médicos fue registrado en Sumeria hace casi 4000 años. Y aunque existe fuerte evidencia para creer que la planta crecía originalmente en Sudáfrica, las Islas del Caribe y América del Centro, fue gracias a la Hamitic/Semitic gente del mundo antiguo que se extendieron sus glorias.
Si estudiamos lo que se dice sobre los faraones, tenemos una idea del valor que se le daba a la planta en ese tiempo. Además, fue llevada como ofrenda en el nacimiento de Jesús y colocada en su tumba cuando murió. Existe una leyenda que habla de los baños que, con los jugos de la planta, tomaban las reinas egipcias Nefertiti y Cleopatra. Pero como Cleopatra parece haberse bañado en todas las cosas imaginables, la posibilidad de que este dato sea cierto es un poco remota.
Sabemos por hechos comprobables que en la antigua Isla de Socotra existía una próspera empresa dedicada por completo a la cosecha y distribución de la planta sanadora. Se trataba de una planta tan asombrosa como para motivar a Alejandro El Grande a pelear en batalla para obtener su control. Por los escritos de Celsus, Plinio y Dioscordes, sabemos que los griegos y los romanos la valoraban en alto grado y entendían la totalidad de sus usos.
Fue registrada como parte integral en los anales de la medicina en el Siglo VI A.C. en Persia y fue distribuida ampliamente en las rutas de comercio por mercaderes árabes. Estos últimos eran muchas veces marineros que perfeccionaron el procesamiento e implementación de medicamentos de sábila. También se cree que fueron los comerciantes árabes hacia el siglo VI A.C., quienes llevaron Aloe Vera a la India, Tíbet y a lo que hoy conocemos como Malasia. De ahí, probablemente se extendió a Java, Sumatra, el resto de las East Indies y a la Provincia Cantonesa de China, donde se registró, en el Siglo X, A.C., su primer uso medicinal, en la curación de un caso de dermatitis. Fue también en el Siglo X A.C. y durante la Dinastía Sung que aparece documentado el uso de lu-wei (una deformación del término alloeh) en un registro farmacológico confiable. Se trata del uso tradicional de Aloe Vera como purgante. El conocimiento de Aloe Vera en la China depende de la parte del país a la que nos estemos refiriendo y las reacciones a su uso influyen también sobre su utilización. Esto indica que la planta fue llevada al país por los árabes de occidente y los marineros de la India del Este. Y aunque los registros de su uso son dispersos, es curioso notar que, en la actualidad, Aloe chinensis es una de las más conocidas regionalizaciones de la planta.
A pesar de que ya sabemos que Aloe Vera tuvo una aceptación muy limitada en la parte norte de Europa en el Siglo XVI y XVII, también es importante destacar que fue altamente apreciada en las regiones del sur de Europa, como Italia, España y Portugal. En el Siglo XIII, el explorador veneciano Marco Polo escribió sobre la planta en su Il Milione, llevando el registro de buena parte de su historia y leyenda desde la Isla de Socotra en el Mar Rojo hasta las rutas de mercaderes del Este. En su Colloquies in Simples and Drugs of India, el naturalista portugués Garcá da Orta confirma el uso de Aloe Vera por los hindúes “como purgante, en enfermedades de los riñones, cólicos y también para curar heridas”. Médicos y cronistas que viajaban con Colón registraron su presencia en Hispañola (Cuba) y en las otras Islas del Caribe por donde esos buscadores de caminos viajaban.
En el Nuevo Mundo América, el cultivo y distribución de Aloe Vera como un medicamento puede ser atribuido a dos vías principales de desarrollo. Primero, a que creció originalmente allí, pues las leyendas y el folclor indican que fue usada por los Mayas de Yucatán, los Indios Seminolas de Florida y los nativos de Curazao y Cuba. En MesonAmérica, se extendió la leyenda de que las mujeres Mayas utilizaban el jugo de la planta para mantener un cutis perfecto. Además, se han encontrado registros posteriores que relatan que algunas madres untaban la sustancia amarga en sus senos para desanimar a sus infantes sobre la lactancia. 26
De los Indios Seminoles, tenemos la leyenda de la “Fuente de la Juventud” buscada tan fervientemente por Ponce de León. Según estos indígenas, la rejuvenecedora fuente mágica brotó del centro de un grupo de plantas de Aloe Vera.
Los nativos del Caribe parecieran haber sido más prácticos en el uso de la planta. La aplicaban sobre ampollas, quemaduras, infecciones causadas por heridas o picaduras de insectos y para males internos. Estos usos fueron probablemente enseñados a los nativos por los exploradores y los médicos y sacerdotes que los acompañaban.
Nosotros debemos dar gran mérito a los sacerdotes Jesuitas de España en lo que se refiere a la distribución de Aloe Vera. En los siglos XV y XVI, ellos eran los hombres más ilustrados de su época, los más astutos eruditos y los médicos más sabios. Los sacerdotes sagrados tenían un conocimiento profundo de los clásicos, una comprensión total de los textos farmacológicos griegos y romanos y un instinto para el cultivo y uso de Aloe Vera. Además, tenían un fácil acceso a la planta, pues esta crecía abundantemente en España y Portugal. Cuando los sacerdotes Jesuitas acompañaban a los exploradores, ellos la utilizaban donde fuera que creciera silvestre y donde no la encontraban, la sembraban. 28
El suyo fue un regalo de aprendizaje y civilización. Gran parte del conocimiento que ellos impartían era farmacológico y el conocimiento sobre el cultivo y usos de Aloe Vera era aparentemente, parte de su sabiduría. Teniendo como base el protectorado español de Hispañola, llevaron las maravillas de la planta sanadora a islas tales como Puerto Rico, Jamaica y probablemente Barbados. En áreas donde Aloe Vera crecía naturalmente, como Curazao, Florida y las costas de América Central, los Jesuitas fueron esenciales en la expansión de los conocimientos sobre los usos y aplicaciones de la planta.
Ellos continuaron tras el conquistador Cortés, estableciendo misiones y después de que los españoles redujeron a escombros la civilización de los aztecas, los misioneros llevaron la planta a las naciones dominadas, dándola a conocer entre los Náhuatl que se desplazaban desde el centro del Imperio Azteca hacia el sureste y noroeste. Hay inclusive alguna evidencia de que fue llevada a las primeras misiones que estaban ubicadas en el sitio que, en el futuro, se convertiría en el Estado de Texas. 29
Existe información no confirmada, que sugiere que los sacerdotes sagrados llevaron la planta y sus conocimientos de cómo utilizarla a las costas de Suramérica, las Antillas Holandesas, e incluso, a lugares tan lejanos como los tomó bajo su control Magallanes, tanto en las Filipinas como en otras partes del pacífico. Puede asegurarse, con un buen margen de probabilidad, que los Jesuitas con sus conocimientos y trabajo, propiciaron la prosperidad de la planta Aloe Vera, perpetuaron sus diversos usos y los mitos que la envuelven en los “países en vías de desarrollo”.
Sin embargo, cualquier intento de otorgarle el crédito en este sentido a un solo grupo de personas, sería una visión muy sesgada del tema. Transmitir el legado de Aloe Vera fue el trabajo de mucha gente a través de la historia. Lo que hemos aprendido sobre el desplazamiento de la planta, su paso de una nación a otra, de siglo en siglo, revelan algunas características similares de las cuales podemos obtener gran significado. Primero, nosotros sabemos que Aloe Vera creció originalmente en solo unas pocas áreas y se cree que fue propagada por los mercaderes árabes en sus viajes al oriente, por los exploradores en sus jornadas hacia el oeste y por los misioneros Jesuitas que seguían a los exploradores y a los conquistadores. Lo que no percibimos con facilidad, desde nuestra actual perspectiva, son las condiciones tan difíciles en las que viajó la planta. Hasta el siglo pasado, viajar era muy peligroso para las personas y el transporte de carga, por la naturaleza de las circunstancias, era muy limitado. Los comerciantes y exploradores, aún en caso de que les fuera posible llevar algo consigo, podían llevar sólo aquellas pertenencias personales que consideraran más valiosas o en algunos casos, regalos que una cultura le ofrecía a otra, con el fin de engrandecerla. Pero de todas las riquezas y tesoros que hubieran podido llevar, ellos escogieron una planta: Aloe Vera. Y esto nos lleva a enfocarnos en nuestro segundo punto, pues trasladaban la planta como tal y no las medicinas derivadas de la misma.
Teniendo en cuenta las condiciones bajo las cuales estas personas se veían forzadas a viajar, debe haber tenido una gran importancia el cultivo y desarrollo de Aloe Vera, debido a que ellas entendían perfectamente, los múltiples beneficios que reportaba.
Pretender cándidamente diagramar la historia de Aloe Vera puede resultar tan intrincado como frustrante. Certificar la veracidad de los hechos es difícil. Las fuentes de información con frecuencia se contradicen y hacer conjeturas se convierte muchas veces en algo absolutamente necesario. De manera especial, en los últimos siglos, los detractores de la planta han sido numerosos y se han hecho oír tanto como los que la defienden. Pero es en la historia más reciente en donde encontramos registros científicos más claros y nuevas oportunidades de estudio que propician el renacimiento de Aloe Vera y le ofrecen nuevas esperanzas.*

EL DESAFIO DE LA HISTORIA MODERNA
La mayor parte de la historia moderna en lo que se refiere al caso extraordinario de Aloe Vera puede ser rastreado en los últimos veinte años, en los Estados Unidos. Durante ese período de tres décadas, Aloe barbadensis ha disfrutado un resurgimiento más extenso, con cierto reconocimiento a nivel médico. Y ha sido principalmente durante este tiempo que ha habido un intento serio de investigar su potencial en términos de los principios químicos que lo generan. Nuestros esfuerzos para fortalecer esos hallazgos y los impresionantes resultados que hemos logrado una vez cumplidos los objetivos, conforman la esencia del resto de este libro. De todas maneras creemos que Época Dorada de Aloe Vera no surgió de la nada sino de los cimientos que dejaron tanto el presente siglo como el que ya pasó. Y como examinar el pasado es siempre una buena guía para conocer el futuro, hay algunos eventos que vale la pena analizar.
El registro del progreso de Aloe Vera en los últimos 200 años ha sido inconsistente y controversial. Desde el último registro del Siglo XVII, casi no hay mención de la planta, excepto las éticas referencias médicas a Aloe Vulgaris, Elixis Garus y Bitter Aloes (Sábilas Amargas) y la persistente pero errónea reputación de que era efectiva como un agresivo, pero efectivo purgante, y nada más.
Sólo por sus usos como purgante, la planta fue valorada desde las Cortes de Francia hasta las aldeas escandinavas. Se convirtió en una importante industria en Barbados, que era una colonia Británica, en donde Aloe barbadensis se utilizó para producir derivados medicinales, tal como fue descrito, en 1775, por el historiador Griffith Hughes:
Cada esclavo tenía cerca de él tres o cuatro recipientes portátiles. Las hojas se cortaban cerca de la raíz y se colocaban dentro de estos con el extremo cortado hacia adentro. Y como las hojas están llenas de largas venas longitudinales o vasos, estas permiten el paso del jugo que sale en gotas. Cuando este jugo es hervido en una olla de cobre, las partículas de agua se evaporan y la sustancia que queda adquiere consistencia y se espesa como el azúcar cuando se deja hervir por un rato.” 30
Industrias similares, en las que se procesaba la sábila hasta convertirla en un purgante negro y viscoso surgieron con éxito en Cabo Africano, la Isla de Aruba y el Mar Rojo. Los métodos utilizados para el procesamiento variaban desde el tradicional de los árabes que usaban el sistema de la bolsa de piel de cabra, hasta los métodos más desorganizados y antihigiénicos, como los de los sudafricanos. Muchos de estos métodos eran descritos como drásticos, otros como bárbaros. En todos los casos, el gel fresco se cortaba de las hojas de la planta y se cocinaba, se hervía, se secaba al sol, o se lo sometía a todos los procedimientos anteriores. Milagrosamente, algo de su potencia curativa sobrevivía a estos procesos. Cuando finalmente esta potencia fue analizada, cristalizada y definida, se la conoció en 1851 como el componente químico aloína. 31
El comercio con las medicinas purgantes de sábila continuó prosperando hasta la última parte de la década de 1930 en la Isla de Bonaire en las Antillas Holandesas y hasta los últimos años de la década de 1940 en la Isla de Curacao. Ya en 1950, los laxantes más suaves y de menor costo pusieron, en muchos casos, a los fabricantes de aloína prácticamente fuera del negocio en 1950. Sin embargo, cuando era necesario un purgante muy fuerte, la aloína amarga y desagradable volvía a ser utilizada.
A pesar del uso ya especificado, que fue similar en el Siglo XVIII y XIX, todavía se comentaban los otros usos curativos de la planta. En Inglaterra, una autoridad en la materia la reconoció como efectiva para curar las picaduras del insecto de la cosecha. En 1801, Quillame Olivier llamó la atención sobre sus usos en la India para favorecer la concepción y para regular el período menstrual. En varias partes del norte de Europa se ensayó como tónico para la tuberculosis, otra enfermedad crónica y fatal para la que no existía cura en ese tiempo.
Una de las principales causas por las que Aloe Vera sobrevivió fue el procesamiento en forma primitiva de una medicina de uso veterinario en forma de compresas, para la cojera de los caballos y en consumo oral, para animales con lombrices y otras afecciones digestivas. Este compuesto no refinado de aloína se producía principalmente en Jamaica y se conoció como “sábila para caballos” que es como se le llamaba hasta hace poco tiempo.
El hecho de que la planta es muy efectiva en veterinaria, es indiscutible. En muchos casos, el gel fresco se aplica sobre las coyunturas de los caballos de carrera, de polo y ganado en general. En Méjico se aplica en cataplasmas, con la corteza, para curar las afecciones del ganado, desde una picadura de serpiente hasta una infección por la picada del gusano de cuerno. Inclusive, nosotros hemos recibido testimonios sobre su capacidad para curar la discrasia sanguínea en los animales de finca. En todas las instancias, la recuperación es asombrosa. 33
Seguramente, aún en los días más negativos para Aloe Vera, el uso tradicional de la planta entre la gente común tenía sus defensores. Pero no es sino hasta el comienzo del siglo XX que empieza a haber un renovado y justo interés ético en sus amplios usos.
Al comenzar este siglo, Sir George Watt, quien estaba en las tropas británicas en la India, dejó evidencia de sus hallazgos sobre los usos de Aloe Vera basado en el trabajo del personal médico que se encontraba asignado a ese lugar. Su trabajo, titulado A Dictionary of the Economic Products of India, contenía una significativa cantidad de información sobre las virtudes de la planta Aloe Vera. Si se mezclaba con una sustancia llamada bartung, se decía que era un remedio efectivo para curar el flujo nasal y de los oídos. Disuelta en un poco de licor (alcohol) estimulaba el crecimiento del cabello. En pasta, se aplicaba localmente para desinflamar los tejidos. Los practicantes de medicina de esa región la recetaban por vía oral para tratar síntomas de melancolía, enfermedades del cerebro y afecciones gástricas. Tomada en píldora, en la noche, servía para curar las hemorroides, junto con goma asafoetida en cataplasma servía para aliviar los cólicos y para la neumonía en los infantes. Los nativos la utilizaban en pasta, para curar la pleuresía. Preparada con sal y ajowan como en una especie de encurtido, era útil en casos de dispepsia y el jugo fresco con leche y agua era indicado como remedio para gonorrea y metritis. 34
En total Sir George mencionó cuarenta y tres usos medicinales diferentes para la planta y las pastas derivadas de ella, algunos de ellos a costa de su propia credibilidad. Y a pesar de que generalmente su trabajo era bien recibido, sus contemporáneos veían sus hallazgos más bien como un fenómeno característico del folclor de la India.
En Estados Unidos, Aloe Vera existía desde hacía cuatrocientos años, tanto en Florida como en el Valle del Río Grande, en Texas. Había sido cultivado durante un tiempo en Kentucky, antes de la Primera Guerra Mundial, por el Coronel H. W. Johnston, quien creó la primera industria casera. El se lo recomendaba a clientes y pacientes tomada oralmente, como remedio para las úlceras, complicaciones dermatológicas de cualquier clase y como laxante. 35
Aparece en las listas de la United States Pharmacopeia, original, bajo la categoría de Aloes (Bitter Aloes) - Sábilas, Sábilas Amargas- que es básicamente un prefacio para la descripción del extracto químico aloína. Pero no fue sino hasta 1934 que la planta en sí alcanzó algún nivel de credibilidad médica en este país. Esto, gracias al trabajo del Dr. C.E. Collins, un médico de Maryland y su hijo, Creston Collins, quienes trataban sus pacientes afectados con casos graves de dermatitis causada por el radio (roentgen). En los primeros años de la década de los treinta, la tecnología de los rayos X era muy incipiente y en muchas ocasiones era dañina para los pacientes. Las úlceras y descamación causada por los tratamientos con Rayos X eran dolorosas, no curaban con facilidad y en ocasiones, no curaban del todo. El Dr. Collins y su hijo descubrieron que era posible mejorar la velocidad de recuperación de los tejidos cuando se abrían las hojas de Aloe y se colocaban directamente sobre la piel, envolviéndolas sobre la lesión. Ellos notaron asimismo, que las aplicaciones se podían repetir cada dos horas sin que eso representara ningún daño para el paciente. Además, crearon un compuesto derivado del gel fresco de Aloe Vera, que también ofrecía excelente resultados en estos casos. En 1935, Creston Collins reportó sus hallazgos en The Radiological Review:
Desde Abril de 1934, hemos tratado más de cincuenta casos de quemaduras causados por los Rayos X y por radiación, con la hoja de Aloe Vera y un ungüento conocido como “Alvagel”, derivado de la hoja. Aunque es posible que no hayan sido la cura perfecta, los resultados de manera integral, han sido más que gratificantes. 36
El trabajo de C.E. and Creston Collins ayudó a iniciar un interés en las aplicaciones de Aloe Vera sobre la piel, dentro la comunidad de dermatólogos y provocó una serie de crónicas sobre las propiedades curativas de la planta. En 1936, el Dr. Carroll S. Wright registró los efectos del gel fresco de la planta en las secuelas de las quemaduras causadas por Rayos-X, “inclusive las lesiones sufridas varios años atrás, responden muy bien al uso de Aloe Vera.” 37
En 1937 y después, en 1939, el Dr. J. E. Crewe reportó en el Minnesota Journal of Medicine, un espectro más amplio de aplicaciones de Aloe Vera en el tratamiento de úlceras crónicas, eczema, quemaduras producidas por cualquier fuente de calor, escaldaduras, quemadura causadas por la exposición excesiva al sol, prurito vulvar, heridas menores y ciertas alergias, incluida la producida por la hiedra venenosa. Igual que los miembros de la familia Collin que le antecedieron, Crewe también había usado el gel fresco de la hoja y el ungüento derivado de la misma. En casi todos los casos tratados, el Dr. Crewe pudo reportar unos resultados que iban desde lo efectivo hasta lo sorprendente. Y en todos los instantes mencionados, la curación de los pacientes era completa y el tejido se había regenerado sin dejar cicatriz. El trabajo de Crewe corroboraba los hallazgos de C.E. Collins, Creston Collins y Carroll S. Wright. 38
Reportes adicionales fueron presentados al final de la década de los años treinta, con resultados similares. El Dr. Adolph B. Loveman reportó dos casos que señalaban la efectividad de la “hoja de Aloe Vera en el tratamiento de úlceras producidas por los Rayos-X Roentgen”. Y en 1939, el Dr. Frederick B. Mandeville escribió un discurso sobre Aloe Vera en el tratamiento de úlceras en las membranas mucosas, producidas por radiación. A pesar de haber aclarado que el tratamiento debía mantenerse por un período prolongado de tiempo, en dos de los cinco casos que mencionaba, los pacientes sobrevivieron a las incidencias de su enfermedad y disfrutaron los “excelentes resultados” del tratamiento con el gel de la hoja. 39
Desafortunadamente, como ha sucedido con frecuencia en el caso de esta planta en los anales de la farmacología, el impresionante desempeño de Aloe Vera en los años treinta se encontró con ciertos inconvenientes. Intrigado por el clamor que rodeada al uso de Aloe Vera en el tratamiento de la dermatitis causada por radiación, el Profesor Tom D. Rowe, del Medical Collage of Virginia inició en 1940, la primera investigación “intensiva” sobre esta modalidad de tratamiento. Haciendo oposición al criterio que él creía había sido utilizado anteriormente por Crewe y los Collin en sus pacientes, Rowe y sus colegas crearon una prueba de laboratorio con veinticinco ratas blancas. Las ratas fueron expuestas a altos niveles de radiación y luego fueron separadas en diferentes grupos de ensayo. Cada uno recibió una forma de tratamiento determinado. Un grupo fue tratado con el gel fresco de Aloe Vera, otro con el gel parcialmente descompuesto, con partes de la corteza molida, otro con los extractos de la corteza seca y el último con un ungüento producido con el gel seco de la planta. Desde el comienzo, existía cierta duda sobre la condición inicial de las “hojas frescas” que habían sido enviadas al laboratorio por barco, desde Jamaica. Sin embargo, se continuó con los experimentos, pues no se creía que existiera una correlación entre la frescura de las plantas y la eficacia del tratamiento.
En dos semanas y media, el primer experimento terminó. De las veinticinco ratas de la prueba, doce murieron. Doce de las trece sobrevivientes habían estado entre los grupos tratados con el gel fresco o con la mezcla molida de gel y corteza. La prueba se declaró no concluyente, pues en las palabras del Dr. Rowe, “1) Muy pocos animales habían recibido tratamiento; 2) el período de catorce días era muy corto para sacar conclusiones finales.” Por estas conclusiones, podríamos cuestionar la realización del experimento pero una observación sencilla nos lleva a concluir que un hecho muy importante se hizo evidente: “De los resultados obtenidos se concluye que Aloe Vera es la promesa de curación para los casos de quemaduras producidas por Rayos-X.” 41
El experimento no logró disminuir la fascinación del Dr. Rowe por Aloe Vera y continuó con sus experimentos. En 1941, realizó el más importante intento de analizar la composición fotoquímica de las hojas. Quedó tan impresionado con las proteínas y nutrientes individuales que encontró en ellas que realizó una segunda serie de experimentos para ampliar los ya realizados con las ratas blancas. Aunque los resultados no fueron muy alentadores, sí se llegó a nuevas conclusiones, que presentamos aquí, en orden inverso. Primero, el “ungüento” utilizado fue considerado como no muy efectivo en casos de las quemaduras por radiación. Segundo, tanto el gel como la corteza contenían igual cantidad de agentes curativos, aunque la corteza parecía tener mayor efectividad. Por último, el Dr. Rowe y sus asociados concluyeron que “al contrario de lo que se había concluido anteriormente, nuestros resultados indican que no es necesario que la pulpa esté fresca para que sea efectiva como agente curativo.” 42
Parte de la segunda conclusión y toda la tercera conclusión eran erradas. Y a pesar de que los hallazgos del Dr. Rowe terminaban con una nota esperanzadora, y de que él hizo contribuciones significativas al análisis fotoquímico del gel de la hoja, su falta de evidencia concluyente creó una nube de escepticismo entre los médicos de la época. Y estas extrapolaciones concernientes al uso del gel de la hoja fresca, el que ha sido secado previamente y el que está ya descompuesto, causarían un posterior malestar.
Casi después de una década después de los descubrimientos de Rowe hubo una especie de silencio por parte de la comunidad médica hacia Aloe Vera. Convencidos de que los hallazgos de los doctores Crewe, Collins, Loveman, Rowe y otros no dejaban de ser curiosidades de la medicina popular que perdían su validez ante la luz fría y dura de los laboratorios, los dermatólogos y los médicos generales volvieron a métodos más convencionales para el tratamiento de quemaduras y otros problemas de la piel.
De nuevo en los años cincuenta, el fantasma de la Sanadora Silenciosa reapareció a través de otras vías de la investigación médica. En 1949, cuatro científicos investigadores del Departamento de Salud del Instituto Michigan iniciaron un estudio sobre las sustancias anti-bacteriales contenidas en algunas semillas de plantas, que se creía eran activas contra el Mycrobacterium Tuberculosis. En su estudio, Gottshall, Lucas, Lickfeldt y Roberts seleccionaron varias especies de sábilas, verdaderas y falsas, con el propósito de analizar sus propiedades curativas potenciales, en muestras de sangre. Y a pesar de que sus estudios demostraron que una gran mayoría de las sábilas no tenían agentes anti-bacteriales, dos de ellas, Aloe chinensis y Aloe succotrina (nombres regionales de la planta Aloe Vera) demostraron capacidades que eran muy motivadoras. Los resultados de segundas pruebas conducidos por el mismo grupo y aplicados contra variedades específicas de Aloe Vera fueron publicados en 1950 y se pueden ver resumidos en estas conclusiones:
Se ha encontrado que un agente anti-bacterial presente en Aloe Vera, que inhibe el crecimiento de tubercule bacilli es el glicósido barbaloin. 43 (Glycoside barbaloin)
Las evaluaciones eran ampliamente positivas y las proyecciones que se hicieron a nivel integral sobre el uso de Aloe Vera para combatir el tubercule baccilli ameritaban mayor experimentación. Pero para demostrar la falta de conocimiento sobre Aloe Vera, la prueba inicial de Gottshall et al., en la cual la Verdadera Sábila fue incluida sin ninguna consideración en la vasta categoría de sábilas y otras plantas de semilla consideradas relativamente inútiles, fue la que se tuvo en cuenta para condenar el amplio espectro curativo de Aloe Vera como algo que no podía ser respaldado con hechos científicos.
Los muchos hallazgos de los años cincuenta produjeron un repentino y renovado interés en el análisis químico de Aloe Vera, tanto del gel contenido en la hoja de Aloe Vera como de las formas de aloína presentes en la planta. Un pequeño grupo de compañías comenzó a empacar y a vender muchos productos que contenían gel de Aloe Vera proclamando sus maravillosas propiedades, sin tener un respaldo real y comprobable. En 1968, después de varios experimentos con la planta, un grupo de rusos entró al mercado con una emulsión patentada que contenía el 78% de gel de Aloe Vera para ser usada en casos de pieles con irritación. 44
Aunque este producto en realidad causó poco impacto, en los últimos años de la década de los cincuenta, hubo una tendencia a comprar lo productos con Aloe Vera y hubo un marcado incremento en las ventas al menudeo que causó una importante repercusión. En este sentido, la sección del ejército de los Estado Unidos que realiza estudio sobre cirugía, la United State´s Army´s Surgical Research Branch, tuvo mucho que ver. El Lugarteniente Coronel Hammit, al notar la gran cantidad de productos de Aloe Vera que llegaban a los hospitales militares y a otras divisiones gubernamentales, tuvo preocupantes sospechas. Como temía que las propiedades curativas de esos productos eran muy limitadas, contrató los servicios del Dr. Truman Blocker. Este profesional adquirió varias de las preparaciones que estaban en el mercado en ese momento y las sometió a una serie de pruebas. Aún considerando que hubiera conseguido, como excepción, un lote de productos de Aloe Vera fresco, el estudio del Dr. Blocker tenía un resultado inevitable. En esos días no existían en el mercado productos de Aloe Vera estabilizado. Las preparaciones que se conseguían eran en su gran mayoría, elaboradas con Aloe Vera inerte o contaminado. Aún en el mejor de los casos, los resultados de las pruebas podían ser poco confiables o no convincentes.
El hecho de que los resultados fueran enfáticamente negativos, le permitió al Lugarteniente Coronel Hammit elaborar un reporte de la investigación, en el que confirmaba que, no existía ninguna prueba concluyente que confirmara que los productos examinados tuvieran algún valor terapéutico y que, por el contrario, podrían llegar a ser “dañinos o tóxicos”. 45 Como pasa con frecuencia cuando se estudian los aloes y en especial Aloe Vera, también las conclusiones del Lt. Coronel Hammit derivadas del estudio realizado por el Dr. Blocker, se oponían inclusive, a otras derivadas de su misma rama de gobierno y a otras de ese mismo año. (1959)
Un estudio anterior de Lushbaugh & Hale (1953), había sido realizado bajo el auspicio de U.S. Atomic Energy Commission, en el Radiation Burn Center, los Alamos Proving Grounds. En sus experimentos, Lushbaugh & Hale hizo pruebas con grupos de diez conejos, primero exponiéndolos a radiaciones beta y después tratándolos con el gel fresco de Aloe Vera y con un “ungüento” comercial de Aloe Vera. Después de varios meses de experimentación, ellos concluyeron lo siguiente:
...Los dramáticos cambios morfológicos causados por la radiación en la piel a causa de la radiación se compararon microscópicamente con aquellos en los que la piel había sido tratada con Aloe Vera. El tratamiento demostró que era eficaz en los procesos degenerativos y regenerativos de la lesión. Así, la curación total de una quemadura causada por 28.000 rep de radiación beta se logró en un período de dos meses de tratamiento, mientras que las quemaduras que no recibieron tratamiento todavía no habían sanado después de casi cuatro meses. Se concluyó que A. vera contiene sustancias que estimulan la evolución y curación de la dermatitis ulcerativa causada por radiación y que, debido a la creciente importancia de esta clase de lesiones en la actualidad, debe llevarse a cabo una amplia investigación al respecto. 46
Finalmente, las pruebas no fueron consideradas como concluyentes porque, una vez más, la cantidad de animales utilizados no era suficiente.
Sin embargo, fue en la época de Hammit y Blocker que hubo investigaciones con resultados positivos para Aloe Vera. Una de ellas, realizada por el Dr. E.P. Pendergrass, confirmaba que el jugo de la hoja de Aloe Vera tenía excelentes resultados en el tratamiento de lesiones causadas por radiación. En otra prueba llevada a cabo en varios hospitales se encontró que el ungüento de Aloe Vera era un 50% más eficaz que otros tres remedios que eran considerados como los mejores para el tratamiento de quemaduras. 47
Los resultados de estos hallazgos fueron sometidos en 1959 a la FDE y esa administración respondió que “...con certeza, la FDA admite que el ungüento (Aloe), realmente regenera los tejidos de la piel.” 48
Si en este punto pareciera haber una excesiva atención en el uso de Aloe Vera para quemaduras por Rayos-X y por radiación, hay buenas razones para eso. En primer lugar, las quemaduras causadas por radiación, especialmente por las consecuencias nucleares, se convirtieron en un asunto prioritario para los entes gubernamentales y médicos. Las quemaduras por radiación tienen las más serias implicaciones, a corto y largo plazo, que pueda experimentar la piel humana, siendo el cáncer una de ellas. Desde los experimentos de Collins y Collins hasta los últimos años de la década de los cincuenta, se descubrió que Aloe Vera era ampliamente efectivo en la curación de esas lesiones y que, además, contribuía activamente en el proceso de regeneración de los tejidos. Los animales de prueba y los pacientes en su gran mayoría, se recuperaban sin cicatrices. Imaginemos cuantas víctimas de la radiación de Hiroshima y Nagasaki podrían haber evitado los extremos quirúrgicos y la desfiguración que tuvieron que sufrir, si hubieran sido tratadas con el gel de Aloe Vera y los compuestos que se derivan de él. Los tratamientos para quemaduras, (junto con el purgante, aloína), eran obviamente, los usos más aceptados de Aloe Vera. Así que, por motivos lógicos, la mayor parte de la investigación se centraba en esos usos. Lo que se comentaba sobre las otras propiedades curativas de la planta proclamadas hasta ese momento, no dejaban de ser más que anécdotas de los no profesionales, recursos de los farmaceutas para explotar a los pacientes y los temerosos registros de un puñado de médicos que la habían utilizado para curar la artritis, úlceras estomacales y varios casos de desfiguración de la piel. Nada de esto era suficiente para lograr una aceptación oficial. En retrospectiva, el año de 1959 fue una especie de momento decisivo para la aceptación de Aloe Vera por parte de los médicos y para una amplia y exhaustiva investigación de sus otras propiedades curativas. En 1963, los doctores Blitz, Smith y Gerard, tres médicos, presentaron reportes sobre el tratamiento de doce pacientes de diferentes edades, que sufrían de úlcera péptica y que fueron tratados con gel de Aloe Vera. En todos estos casos, las úlceras sanaron sin que los pacientes presentaran recaídas. Los resultados fueron evaluados por un lapso de un año para prevenir cualquier síntoma de recaída. Las conclusiones de Blitz´s fueron las siguientes:
La respuesta fue tan favorable que, a nivel clínico, causó la impresión de que este medicamento puede en realidad detener, y tal vez prevenir el desarrollo de la úlcera péptica. 49
Otro estudio realizado en 1963 por un grupo de investigadores demostró que Aloe Vera realmente inhibía el Staphylococus aureus, Staphylococus pyogenes, Corybacterium xerosis, Shigella paradysenteriae, salmonella typhosa y salmonella paratyphi. En términos más comunes, se encontró que era eficaz contra las infecciones de estafilococos, lesiones de la piel con pus y prurito, algunas cepas de parásitos que producen la disentería y contra las variedades contagiosas y no contagiosas del tifo.
En ese mismo año, se llevaron a cabo pruebas adicionales sobre quemaduras utilizando conejos que fueron tratados con Aloe Vera, obteniéndose igualmente, resultados positivos. A pesar de esto, la guerra de opiniones a favor y en contra fue motivo de confusión entre los profesionales de la medicina.
Una constante duda era el resultado de las investigaciones sobre el análisis químico de las propiedades curativas de Aloe Vera. Aún los hallazgos positivos en este sentido obtenidos por Tom D. Row y Lloyd M. Parks (1941) y por Gottshall y sus asociados sobre el tubercule bacilli (1950), fueron incomprendidos y analizados en forma incorrecta por los cronistas de la medicina. Al comienzo de los años sesenta y a lo largo de esa década se intentó muchas veces lograr el análisis químico de la planta de Aloe Vera y del gel derivado de la misma. En la mayoría de los casos, los investigadores se basaban en criterios químicos más que biológicos para hacer estas evaluaciones y se quedaban cortos en lo que se refiere a conclusiones válidas. Estos intentos y las razones por las que fallaron serán tratados en el capítulo de este libro dedicado a la química. Mencionamos este tema aquí para resaltar la atención que se le estaba prestando ya a Aloe Vera y la constante incapacidad de los investigadores para conseguir develar sus misterios.
Para el comienzo de los sesenta, los desafíos que se le presentaban a los defensores de Aloe Vera ya no eran sólo los que tenían que ver con su aceptación sino también con su consistencia. Los testimonios profesionales con relación a su eficacia, especialmente en usos dermatológicos habían aumentado tan significativamente que ya existía la idea clara de que la planta en sí contenía “algunas” habilidades curativas importantes.
Lo que la naturaleza había creado se hacía difícil de entender a través de la química aplicada. Las propiedades inherentes a la planta no podían ser descifradas en los laboratorios. Y es una idea muy común que lo que no puede ser comprobado en un laboratorio no puede esperar ser aceptado por ninguna sociedad médica o un ente regulador del gobierno. Para aumentar la controversia, un número importante de productos cosméticos relacionados con Aloe Vera, que ofrecían beneficios muy limitados a los usuarios o inclusive causaban daño, había estado en el mercado durante muchos años.
En un artículo escrito por Julia F. Morton para Economic Botany, en 1963, ella describe la actitud del mercado en ese momento:
Los fabricantes de estos productos, financiados de forma inadecuada pero armados de referencias bíblicas (que ni siquiera son aplicables a la hoja fresca) y portafolios de testimonios.....buscan el reconocimiento oficial de las virtudes de los respectivos productos. Una buena parte de la evidencia documentada impresiona, pero la explotación de las preparaciones de aloe ha estado acompañada frecuentemente, de información equivocada y exageradas alabanzas en la literatura comercial y en los artículos con fines comerciales que aparecen en los periódicos... Tales historias sólo crean un efecto negativo a nivel médico y causan rechazo por parte de los compradores a quienes los explotadores desean impresionar. 50

En parte, lo que la Dra. Morton describía era la incapacidad de las compañías que elaboraban productos de Aloe Vera de respaldar lo que daban como cierto. Esto ocurría porque nadie había podido estabilizar el Aloe Vera en la forma adecuada. Los profesionales que habían trabajado tanto con el gel fresco como con los productos que afirmaban contener los mismos niveles de eficacia de la planta en fresco, entendían el problema muy bien. Era el mismo que persistía desde los experimentos de los Collin y de Rowe en los años 30. Había perseguido a los defensores de Aloe Vera a través de las pruebas de Hammit/Blocker y después de los resultados negativos de los años 50 y ahora los perseguía de nuevo.
El dilema de los profesionales defensores de Aloe Vera está explicado en un reporte de investigación de James Flagg en 1960. Después de muchas aplicaciones exitosas del gel fresco de la hoja de Aloe Vera en pacientes quemados, hizo la siguiente observación:
Los resultados fueron asombrosamente exitosos, pero la esperanza del usar el gel a gran escala fue abandonada porque la estabilización del gel representa un gran desafío....Muchas casas farmacéuticas han hecho costosos pero inútiles intentos para estabilizar el gel en un ungüento o en otra clase de producto medicinal. 51

Al comienzo de la década de los 60, yo también me había unido al grupo de los defensores de Aloe Vera. Había estudiado los efectos del gel de hojas frescas y los había experimentado de primera mano en Méjico. Además lo había recomendado en muchas instancias por sus efectos curativos tan positivos y sus propiedades ilimitadas.
De lo que sí no había duda, era de su condición perecedera. Nuestra breve experiencia en ese tiempo nos había demostrado que su potencia máxima podía mantenerse únicamente por cuarenta y ocho horas a temperatura ambiente y apenas tres semanas bajo refrigeración. También estábamos concientes de que si Aloe Vera iba a ser aceptado a nivel institucional, tendría que ser previamente estabilizado de manera que sus propiedades químicas permanecieran intactas.
Armados con lo que nosotros sentíamos que era una mejor comprensión de la planta en relación con las compañías farmacéuticas que habían fallado en el pasado, nos dispusimos en 1964 a desarrollar el proceso de estabilización. El resto de la historia la conforman nuestros hallazgos de laboratorio, la documentación de nuestros descubrimientos y el sorprendente desarrollo de Aloe Vera como industria y de Aloe Vera of America como compañía. Es una historia que cubre casi veinte años y que esperamos sea para ustedes cada vez más interesante.
Pero antes de que contemos nuestra historia, es necesario hacer claridad de una vez y para siempre, sobre algunos conceptos errados sobre Aloe Vera. En el próximo capítulo “La Verdad sobre Aloe”, nosotros confirmaremos lo que es cierto sobre Aloe Vera, lo que es falso y daremos a conocer algunos hechos poco conocidos.
Les diremos la razón por la que no siempre funciona y como hacer para que siempre sea eficaz, que significa “estabilizar” el producto en una forma incorrecta y lo que significa estabilizarlo apropiadamente.
Si la “Sanadora Silenciosa” ha demostrado una cualidad sobresaliente a través de los años, ha sido su resistencia al tiempo, su capacidad de perdurar. Pero si todavía debe resistir el escrutinio de futuras generaciones, todas sus verdades deben ser divulgadas y entendidas como debe ser.“La verdad,” dice el proverbio, “es la hija del tiempo.” Después de más de 6000 años en la sombra, creemos que ya es tiempo de que la joven damita haga su debut.
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   28

similar:

El curador silencioso una Investigación Actual sobre el Aloe Vera iconGlobalización y sustentabilidad. Una indagación sobre las oportunidades...

El curador silencioso una Investigación Actual sobre el Aloe Vera iconResumen la investigación titulada “Estrategia para la consolidación...

El curador silencioso una Investigación Actual sobre el Aloe Vera iconSe puede pensar que el lanzamiento de jabalina en su forma actual...

El curador silencioso una Investigación Actual sobre el Aloe Vera iconInvestigación sobre los componentes 32

El curador silencioso una Investigación Actual sobre el Aloe Vera iconInvestigación sobre los componentes 91

El curador silencioso una Investigación Actual sobre el Aloe Vera iconPresión Arterial Alta, El Asesino Silencioso

El curador silencioso una Investigación Actual sobre el Aloe Vera iconPrograma de Investigación sobre Construcción de Paz

El curador silencioso una Investigación Actual sobre el Aloe Vera iconRecapitulación sobre las líneas de investigación en biotecnologíA

El curador silencioso una Investigación Actual sobre el Aloe Vera iconRosa Vera García Carmen Moyano Rojas deconstruccion de la psicopatologia

El curador silencioso una Investigación Actual sobre el Aloe Vera iconResumen La presente investigación es una conjunción de perspectivas...






Todos los derechos reservados. Copyright © 2015
contactos
f.se-todo.com