El curador silencioso una Investigación Actual sobre el Aloe Vera






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LOS ORÍGENES DEL ALOE
Ha sido una característica del Aloe Vera el no haber sucumbido al espectáculo y a la exageración que le han sido impuestos en años recientes. Ahí donde tantas otras plantas “milagrosas” y muchas curas “naturales” y maravillosas han caído, la planta Aloe Vera se ha mantenido altiva.
La planta que conocemos como “la sanadora silenciosa” ha perdurado a través de los siglos, porque ha sido protegida por aquellos que la han utilizado. Los exploradores y clérigos que la llevaron a nuevas tierras, los antiguos farmaceutas, que fueron los primeros en estudiarla y clasificarla, los médicos que la usaron en sus tratamientos y comunidades rurales enteras de individuos que eran curados tradicionalmente por ella, hablaban de los asombrosos poderes de la planta Aloe Vera en susurros como si hablar en voz alta sobre ellos los pudiera invalidar.
El Aloe Vera es una de las más antiguas plantas registradas en los anales de la medicina. Sin embargo, por lo que pareciera ser un capricho universal, esta curadora que crece en la tierra, había sido relegada a estar en la sombra de la historia hasta que llegara el tiempo para su reconocimiento. Y solo hasta ese momento, se conocería toda su verdad. De hecho, para saber toda la verdad de Aloe Vera, debemos primero entender qué es y donde ha estado a lo largo del registro de la historia.
La Verdadera Aloe (y algunas imitaciones).
Antes de que comencemos a analizar el rol de Aloe Vera y registremos el uso de la planta en la historia de varias civilizaciones, es necesario aclarar un hecho importante: hay un sol Aloe Verdadera. Con esto queremos decir que hay una sola sábila que posee el potencial consistente y el amplio espectro de sus poderes curativos. Estas características con frecuencia se le atribuyen erróneamente a falsas sábilas y a la familia entera de sábilas, cuyos poderes curativos son más restringidos. Corriendo el riesgo de parecer excluyentes, debemos también hacer énfasis en que la Verdadera Sábila, el Aloe Vera, crece en muchas regiones en donde es identificada de diversas formas. Esa identidad es algo que esperamos aclarar en este capítulo.
Como hecho real, existen más de doscientas especies de Aloe, y de ellas, más de 150 pertenecen a la familia Liliácea. Todas son suculentas y como lo indica su nombre de familia (Liliácea) están en la misma clasificación botánica de los lirios, algunas especies de tulipanes, las cebollas, los espárragos y otros.
La relación de las sábilas a la matriz de las liliáceas es más directa de lo que se pudiera suponer en un principio y es todavía más significativa, ya que muchas especies de sábila en la actualidad dan una hermosa flor

en algunos momentos del verano y del otoño. Usualmente, las flores están ubicadas sobre la planta en pedestales sin ramas. En algunos casos, como el de Aloe barbadensis, que aparece en la portada de este libro, las flores sobresalen de la planta hacia arriba, en delicados tallos que semejan elaborados candelabros con flores de un hermoso amarillo brillante. 10 Como las hojas de la sábila presentan una configuración triangular alongada con puntas afiladas y bordes espinosos, esas flores podrían parecer algo raro. Pero actualmente, en muchas regiones, las sábilas están siendo aprovechadas por su parte ornamental tanto como por su valor terapéutico. En algunos países son utilizadas por sus propiedades ornamentales, únicamente. Su intrínseco valor medicinal es pasado por alto por personas que lo desconocen, como sucede hoy en Grecia, Turquía y muchos países del Mediterráneo, donde irónicamente, en la antigüedad era uno de los más valiosos recursos farmacéuticos.
Como mencionamos anteriormente, Aloe Vera tiene hojas suculentas en todas sus variedades. Las hojas gruesas y carnosas se hacen más delgadas hacia los extremos creando la imagen de unas lanzas ribeteadas con espinas a lo largo del borde. Esta forma algo extraña ha sido la causa de que la planta haya recibido algunos sobrenombres curiosos a lo largo de los años. En Java la llamaban “lengua de cocodrilo”. En la China del siglo noveno se decía que sus hojas parecían “la cola de un cangrejo gigantesco”. 11 Lo que si es seguro es que manipular sus hojas es incómodo y en áreas en donde Aloe Vera se cosecha con fines comerciales, se recomienda a los trabajadores el uso de guantes.
Las hojas carnosas y triangulares crecen en forma de espiral y forman una especie de roseta. A causa de la distribución de sus hojas y por su estructura externa, muchas clases de Aloe Vera en América son confundidas con miembros de la familia Agavaceae, plantas conocidas como plantas centenarias. Los agaves son conocidos también como “falsas sábilas” en este hemisferio, donde son frecuentes los casos de incorrecta denominación de algunas plantas. Además de incorrectas, la identificación de las plantas puede ser muy superficial, pues un conocimiento básico de los dos tipos de plantas hace que las diferencias sean rápidamente detectadas. A pesar de que muchos agaves tales como la planta centenaria podrían parecerse a las sábilas a primera vista, sus hojas son generalmente muy rígidas, fuertes y fibrosas. Una disección de la hoja de cada planta mostraría claramente el contraste, pues las hojas de Aloe Vera exudan una pulpa mucilaginosa descrita como una “gelatina acuosa y viscosa” que tiene la apariencia de una gelatina transparente”. 12 Es esta sustancia gelatinosa y los jugos que se extraen de la pulpa matriz la que será objeto de nuestro estudio. Es la pulpa que tienen en común las verdaderas sábilas y el mensajero principal de su potencia química.
La palabra “Aloe” se deriva del término árabe “alloeh”, que significa “sustancia brillante y amarga”. También significa más o menos lo mismo en el hebreo antiguo “ahaloth” y aparece en varios Salmos de Salomón, pues él era un defensor de esta planta. Hay algo en el sonido de la palabra “ahaloth" que habla de su origen celestial y de su fragancia. Las dos palabras en ambos idiomas describen con exactitud la planta, ya que las sábilas, al florecer, pueden formar un ramillete de flores que en algunas descripciones, se define como etéreo. Por otra parte, la pulpa de Aloe Vera puede corresponder muy bien a la característica de “amarga” que se menciona anteriormente. Cuando la pulpa de la planta se corta o se abre en pedazos y se deja secar al sol, se vuelve negra y amarga. Como consecuencia, el término farmacológico “sábilas amargas” ha marcado la reputación de la planta hasta el momento de este escrito.
A pesar de que existen características similares que hacen que las sábilas estén ubicadas en la misma familia, las variaciones entre las plantas son muy significativas. Las sábilas pueden variar en tamaño, crecimiento y configuración desde plantas muy pequeñas, sin tallo, de no más de una o dos pulgadas de altura, hasta inmensos arbustos que se agrupan y especies gigantes que parecen árboles, de casi 50 pies de altura.
En el Congo, ha sido una costumbre ancestral de los nativos utilizar las hojas completas a manera de compresas sobre las heridas, y antes de la caza, frotar su piel con los abundantes jugos de Aloe saponaria para reducir la transpiración y eliminar el olor característico de los seres humanos. En las regiones ecuatoriales de Colombia, las piernas de los niños se impregnan con la pulpa de Curacao Aloe para defenderlos de las picadas de los mosquitos. La Aloe chinensis fue reportada en la China antigua y en la moderna como estimulante del crecimiento del cabello. Y la Aloe barbadensis era usada amarrada sobre la cabeza de los Indios Mayas de Yucatán para mitigar el dolor de cabeza. 14
En todas las instancias mencionadas, las sábilas utilizadas eran variaciones de la verdadera sábila, Aloe Vera. Los usos tradicionales de la planta a través de los siglos hablan de su efectividad, pero de igual manera, muchas sábilas han sido utilizadas como medicina, esperándose de ellas grandes resultados. Lamentablemente, en muchas ocasiones, sólo ha habido desilusión porque no eran la “Verdadera Sábila” y no tenían potencial curativo.
Hay una gran confusión sobre este tema, aún entre los estudiosos, así que creemos que es nuestro deber intentar aclararlo un poco. Es sólo en las verdaderas sábilas donde nosotros encontramos el poder curativo que aparece en las leyendas y en la historia. Son las “falsas sábilas” las que pueden tener efectos curativos nulos y en el caso de Aloe venenosa por ejemplo, resultados tóxicos. De manera que si las personas van a utilizar las diversas formas de Aloe Vera para propósitos terapéuticos, es muy conveniente conocer la planta que se va a usar.
Sorprendentemente, Aloe Vera, en sus diversas formas, es bastante fácil de identificar, una vez que se sabe qué es lo que debemos buscar para hacerlo. Y lo que debemos buscar es específicamente, un patrón de crecimiento en forma de roseta. Este término “roseta” significa “que parece una rosa” en lo que se refiere a la distribución de sus pétalos. En realidad, muchas especies de Aloe Vera tienen sus hojas configuradas como pétalos. Algunas, como Aloe barbadensis, Aloe chinensis, Cape Aloe y otras, comenzarán la roseta con su clásico patrón floral directamente en la base de la planta o ligeramente levantado del tallo. Aunque esta es la configuración de la roseta comúnmente aceptada, hay otras formas también válidas.
El término “roseta” también se utiliza para designar patrones de crecimiento que son circularmente parejos o en los cuales las hojas rodean un mismo eje. De manera que sin importar que las sábilas crezcan más arriba del tallo en una estructura semejante a la de estandarte, (como en el caso de Aloe feroz), parezcan adquirir formas diversas, o conserven la distribución en forma de pétalos, la forma de roseta será siempre un patrón invariable en la Sábila Verdadera.
Nunca encontraremos una Aloe Vera en forma de abanico, ni de varios tallos, o en configuración irregular, que no tenga presente la forma de roseta original. Especies tales como Aloe gensia, Haworthis, Gasterias y Amyrillus, que tienden a crecer desarrollando estas formas no son consideradas miembros del grupo de las Verdaderas Sábilas, y por supuesto, tienen propiedades terapéuticas muy limitadas. Más bien, incluso, en muchos casos pueden causar reacciones alérgicas.
No hay suficiente espacio aquí para detallar los muchos grupos principales de sábilas, verdaderas y falsas. Eso corresponde más bien a un tratado sobre la naturaleza botánica de Aloe Vera y no a un escrito como éste, en el que únicamente se pretende hablar de su historia y de sus aplicaciones. Pero esta identificación sí nos sirve como un punto de partida de nuestra historia. Y en caso de que colocáramos un Aloe Vera clásico (un Aloe barbadensis) al lado de una sábila falsa, ornamental, tal como el Aloe gensia, podríamos observar marcadas diferencias. El Aloe gensia, en su madurez, mediría tan solo una pocas pulgadas, mientras que Aloe barbadensis llegaría por lo menos, a una altura de más de tres pies. Las hojas de la gensia son largas y fibrosas. El Aloe barbadensis muestra un denso crecimiento de hojas llenas del valiosísimo gel y cada hoja mide de tres a cinco pulgadas a lo largo de su base y tiene un peso promedio de una a tres libras. El potencial comercial y medicinal de una variedad comparada con la otra es notorio sólo al mirarlas. Y sólo con una mirada, se nota claramente una gran diferencia en su configuración. La variedad gensia crece en forma de abanico y la barbadensis tiene el clásico patrón de roseta, con hojas que son consistentemente pulposas y jugosas.
Es importante tener en cuenta que entre las especies efectivas de Aloe Vera, las hojas son más carnosas y contienen grandes cantidades de gel en la hoja, para uso personal y comercial. Igual que hay diferencia entre las verdaderas sábilas y las falsas, también existen diferencias entre las verdaderas sábilas en lo que se refiere a sus respectivos grados de efectividad. En archivos históricos, a algunas especies de Aloe Vera se les reconocen propiedades curativas específicas, pero esto generalmente dependía tanto de las áreas en las que se encontraran las plantas, como de los poderes que se les atribuían y los nombres que se les daban.
En África del Sur, por ejemplo, en donde se sabe que existen diecisiete especies de sábilas, Aloe saponaria es conocida por sus propiedades para sanar heridas causadas por las batallas o en las labores de cacería. En las áreas del Mar Rojo, los antiguos y modernos consideraban a Aloe latifolia como la cura para las afecciones fúngicas de la piel y las infecciones de impétigo. En ciertas latitudes mediterráneas, Aloe variegta se preparaba en infusiones con licor y se tomaba como remedio para las hemorroides. En Sudáfrica se aplicaba Aloe feroz a las infecciones venéreas y para lavar los ojos en casos de conjuntivitis resistente e infecciones en los ojos. En la India Aloe barbadensis era utilizado para aliviar los ojos infectados. En los climas tropicales de Java, Aloe barbadensis era usado por lo nativos para el lavado de infecciones cutáneas, aplicándola con la corteza en las quemaduras causadas por el sol y sobre las ampollas y molida hasta convertirla en pulpa para ser tomado como tratamiento interno, tanto para la tuberculosis como para afecciones gonorréicas.
Históricamente, hay dos variedades principales de sábila acreditadas con profundas habilidades curativas y amplio uso: Aloe feroz y Aloe perryi. Esta última es el clásico Aloe succotrina de los tiempos árabes para usos internos. Era tan ambicionado, que se libraban batallas entre los antiguos por su posesión, y era la planta preferida de las sociedades en las áreas donde crecía. Aloe feroz, la planta nativa sudafricana, era altamente valorada por las sociedades europeas del Siglo XVIII y era procesada en grandes cantidades y ampliamente exportada. 16
La lista de las varias especies utilizada en todas las formas en prácticamente cada esquina del globo podría continuar hasta el infinito y nosotros podríamos casi garantizar que la lista de las variedades de cada región que reclaman el título de “la más efectiva” sería casi tan larga como la lista de las enfermedades que se supone puede curar.
Es una triste pero predecible anotación en la historia científica que los botánicos y naturalistas, a lo largo de generaciones, han estudiado las “diferentes” especies de Aloe, les han dado nombres, las han dividido y han creado cierta clase de favoritismo y rivalidad sobre cuál planta es mejor para curar qué y a quien. Llenos de buenas intenciones, técnicas de investigación limitadas y prejuicios históricos, estos maestros de la taxonomía han permitido, por un lado, mantener vivo el misterio de la Aloe Vera y por otro han ayudado a aumentar la confusión que rodea a la planta y sin pretenderlo, han contribuido a que los profesionales de la medicina no tengan en cuenta algunas de la capacidades curativas existentes dentro de las especies.
En honor a la verdad, hay muchas variedades de Aloe Vera que tienen un potencial de amplio espectro, tanto a nivel tópico, como interno, ortopédico y cosmético. Y aunque la clasificación de la planta sea Aloe barbadensis, Aloe curacao, Aloe chinensis, Cape Aloe o cualquiera de los muchos otros nombres regionales, al final solo serán variedades del Verdadera Aloe, cada una con diferentes grados del poder curativo de la planta.
Lo que se necesita para superar este tema, es someter todas las especies de sábila a las mismas pruebas de laboratorio, aplicarlas utilizando idénticos patrones farmacológicos y cosméticos y establecer un mismo criterio de uso. Nosotros no intentamos engañar a nadie diciendo que eso sería una tarea sencilla. Sería más bien una labor larga y ardua para cualquier grupo de valientes investigadores, quienes además, necesitarían estar muy bien financiados. Tal como está, nos ha tomado más de veinte años de trabajo investigar y desarrollar una sola variedad regional a su máximo potencial. Sin embargo, esa experiencia combinada con nuestros trabajos sobre otras variedades de sábila nos ha llevado a una conclusión de la que no podemos escapar: en cualquier prueba sobre la eficacia del amplio espectro medicinal y cosmético entre las variedades de Aloe, la especie Aloe barbadensis sería la indiscutible triunfadora.
Nombrada en el siglo XVII como planta que tiende a crecer en grupos y que erróneamente se creía originaria de la Isla de Barbados, la planta puede parecer a los neófitos como simplemente, otra regionalización, pero ese no es el caso. Aloe barbadensis es la quintaesencia de Aloe Vera. Esta planta, por sí misma, ha recibido la clasificación de Aloe Vera por los taxónomos modernos. Esta distinción está ampliamente justificada.
En nuestra investigación y desarrollo en Aloe Vera of America, hemos descubierto que Aloe barbadensis es la más consistente de todas las variedades, en todas las áreas de su uso a nivel comercial. Ya sabemos que posee la clásica configuración en forma de roseta. Tiene una asombrosa habilidad para adaptarse a las condiciones climáticas propias del sitio donde sea cultivada. Se siente “como en su casa” en climas áridos y terrenos arenosos y desérticos y tiene una especial capacidad para crecer en áreas donde casi ninguna otra planta puede sobrevivir. Es altamente prolífica en la reproducción de nuevas plantas y el tamaño y volumen de la planta genera la mayor cantidad de pulpa en sus hojas, pudiendo producir cantidades máximas de gel, con potencia constante de amplio espectro.
Igual que existen ciertas uvas que producen un vino excelente, ciertas flores híbridas que dan las más hermosas flores, y razas de ganado que producen los productos lácteos más sabrosos y un rendimiento de carne superior, existe una clase de Aloe Vera que posee la más extraordinarias cualidades y las mejores propiedades. De acuerdo a nuestra experiencia, esa planta es Aloe barbadensis.
Históricamente, esta ha sido la especie más reconocida de la planta. Ha sido trasladada de un lado para el otro y a lo largo y ancho del mundo por exploradores, misioneros, médicos, y ejércitos conquistadores, ha sido un regalo de la civilización llevado a las nuevas tierras para que se desarrollara junto a las culturas autóctonas.
Aloe barbadensis puede tener tantos nombre como los lugares del mundo a los que fue llevado. Y sin importar que se denomine Aloe curacao, Aloe saponaria o Cape Aloe,


es la misma planta. En la Cape Aloe de Sudáfrica, encontramos una versión de mayor tamaño. Aloe chinensis, Aloe variegata y otras son versiones simplemente más pequeñas y quizás más condensadas. La planta es aún así, la misma.
Corriendo el riesgo de ser redundante, queremos ser absolutamente enfáticos en la necesidad de simplificar la identidad de esta planta extraordinaria. Tal vez sea conveniente que hagamos una analogía con el propósito de aclarar el valor de Aloe Vera y acabar con la confusión de una vez y para siempre. Entre las religiones del mundo, existen muchos nombres para designar a Dios. Entre las muchas regiones del mundo, existen muchos nombres para designar a Aloe Vera. Y tal como existe un solo Dios, también existe una sola Verdadera Sábila. La tradicional confusión no debe disminuir su valor, ni debemos permitir que eso suceda.

Desde el comienzo, es necesario establecer que la historia de Aloe Vera está relacionada, más o menos en proporciones iguales, en primer lugar con la historia registrada, en segundo lugar con lo que se presume como historia y en tercer lugar, con una categoría que se puede calificar más bien como mitos del folclor y leyendas.
Durante miles de años, esta última relación tuvo tanto peso como las dos primeras juntas. Pero los factores se entretejen y los hechos históricos frecuentemente tienden a darle soporte a la fantasía.
Los usos farmacéuticos registrados sobre el uso de Aloe Vera pueden ser encontrados en tabletas de arcilla que datan del año 1750 A.C. Para esa época, Sumeria era una antigua civilización Mesopotámica que coincide con el bíblicamente famoso, Imperio de Babilonia. Aloe Vera supera con facilidad esta referencia de los sumerios por lo menos en dos mil años de antigüedad, si tenemos en cuenta los grabados en las paredes de templos egipcios de épocas tan antiguas como el cuarto milenio A.C. 17
El respeto que sentían los antiguos egipcios por la planta está claramente demostrado en el hecho de que se referían a ella como “La Planta de la Inmortalidad”. Aparentemente la creencia en sus poderes rayaba en lo espiritual. En los trabajos caligráficos egipcios, tanto en las paredes de los templos como en las tumbas de los faraones, se encuentran dibujos de Aloe Vera. De acuerdo a ciertas fuentes, Aloe Vera (en forma de planta) era una ofrenda tradicional que se llevaba a los funerales de los faraones, antes de su viaje hacia su lugar de descanso en el Valle de los Reyes. Hay testimonios históricos sobre el hecho de que se plantaban sábilas alrededor de las pirámides para indicar los caminos del faraón a la Tierra de los Muertos y para darle sustento durante su travesía. (18). Esto es bastante factible. Las plantas vivas en los funerales de la antigüedad eran símbolo de la renovación de la vida y Aloe Vera era un heredero lógico de esa creencia. Algunos historiadores han acotado que en la actualidad no hay plantas de Aloe Vera en las pirámides. Sin embargo, sabemos que las tumbas de los reyes egipcios eran asaltadas impunemente y debido a que Aloe Vera era altamente valorado en las civilizaciones egipcias, es muy lógico asumir que las plantas sagradas eran parte del botín de los delincuentes. Es más, hasta la resistente planta Aloe Vera tiene una expectativa de vida de sólo veinticuatro a treinta y seis años.
Por lo menos uno de los casos en los que Aloe Vera era valorado en Egipto, era en la preparación de los muertos. El naturalista romano Plinio registró el uso de la planta para embalsamar a los nobles y a los faraones egipcios. Sus hallazgos fueron refutados por historiadores posteriores debido a que la planta no aparecía en la lista de los ingredientes utilizados en esos procesos. Existe únicamente, una alusión “a otros aceites y astringentes”, pero sin mayores detalles. Es curioso, sin embargo, que, a pesar de los estudios de investigación realizados por egiptólogos modernos e investigadores con el propósito de imitar las técnicas egipcias para embalsamar, todos los esfuerzos han fallado. Pareciera entonces, que hay un secreto bien guardado por los antiguos. Podríamos nosotros sugerir que el secreto es tal vez, la planta cuyos dibujos adornan los lados del sarcófago?
Si los egipcios eran literal y figurativamente misteriosos sobre los usos de Aloe Vera en las preparaciones funerales, no sucedía igual con los hebreos. Y a pesar de que sus técnicas eran más simbólicas que fisiológicas, existe una firme evidencia de que la planta era utilizada en las cámaras funerarias hebreas. En Juan 19:39-40, se dice que Nicodemo llevó una mezcla de mirra y sábila a la cámara mortuoria de Jesús, según dice la Biblia en Juan 19:39-40:
39. También Nicodemo, el que una noche fue a hablar con Jesús, llegó con unos treinta kilos de un perfume, mezcla de mirra y áloe.
40. Así pues, José y Nicodemo tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron con vendas empapadas en aquel perfume, según la costumbre que siguen los judíos para enterrar a los muertos.
De nuevo, aunque hay argumentos históricos que refutan esto, podemos lógicamente concluir que los antiguos judíos aprendieron por lo menos una parte de las técnicas funerarias durante el largo período de su cautiverio en Egipto.
Adicionalmente, hay referencias en la Biblia que tienen que ver con el uso de las sábilas como desinfectantes en las labores de limpieza, aromatizadores y en esencias para ambientes y perfumes. Salomón, el arquetipo de los jardineros reales, la cultivó prodigiosamente, valorando tanto sus propiedades medicinales como aromáticas.
En el antiguo Egipto, los usos de la planta eran farmacéuticos y espirituales. Y en la mitad del segundo milenio (alrededor de 1550 A.C.) el Egypcian Book of Remedies (El Libro Egipcio de los Remedios) registra varias clases de extractos de la planta Aloe Vera para uso en la curación de infecciones, para fricciones en la piel y para la preparación de medicamentos derivados de la sábila.
Aloe Vera en sus múltiples aplicaciones aparece registrado por primera vez en el Imperio Persa, más o menos en el siglo VI A.C. Por una aproximación estimada, llegó a las latitudes de la India por la misma época. La distribución de la planta parece haber estado en conjunción con la introducción de los medicamentos derivados de sábila en esas tierras por parte de mercaderes árabes.
Los árabes parecieran haber dominado el antiguo arte de procesar medicinas de sábila exprimiendo la pulpa y el jugo de las cortezas de la planta con los pies descalzos. Luego colocaban el extracto en bolsas hechas de piel de cabra que dejaban al sol hasta que la sustancia estuviera completamente seca. El principal uso de las medicinas preparadas con sábila pareciera ser el de laxante, aunque se mencionan otros usos internos y otras formas de aplicación tópica. Nadie parece haber dominado el arte de procesar medicinas derivadas de sábila mejor que los árabes. 20
El farmaceuta griego, Celsus, describía sus métodos para regularizar los intestinos con sábila en su De Materia Medica cerca del año 25 D.C. En el año 74 D.C., el médico Dioscordes transmitió la misma información con algún grado de exactitud en su crónica médica del mismo nombre: De Materia Medica. Este texto era quizás más profundo en su análisis de las propiedades de Aloe vulgaris, al describirlo no sólo como un laxante efectivo, pero también al sugerir sus habilidades para curar heridas por congelamiento, controlar abscesos, curar magulladuras, eliminar la resequedad y abrasiones de la piel, detener la caída del cabello, curar aliviar infecciones en los ojos, aliviar úlceras genitales (posiblemente producidas por el virus del Herpes II), mejorar la inflamación de las amígdalas y librar a los pacientes de las hemorroides. 21
Por ese mismo período, en Roma, The Natural History (Historia Natural ) de Plinio, a pesar de que describía a Aloe Vera como un purgante, también mencionaba, de manera incidental, que cuando se mezclaba con vino y se frotaba sobre el cuero cabelludo, prevenía la caída del cabello, cuando se combinaba con aceite de rosas y vinagre, aliviaba los dolores de cabeza, cuando se mezclaba con miel, era muy efectiva para curar las úlceras en la boca y las encías sangrantes (probablemente haciendo referencia a las infecciones por gingivitis) y combinado con vinagre era lo indicado para mejorar los problemas de hemorroides. Adicionalmente, era considerado efectiva como “inyección” (enema) para mejorar la disentería y para eliminar los uñeros. Estos dos usos últimos eran aceptados aparentemente, sin adjuntos. (22). Los adjuntos eran ingredientes adicionales, que tenían principalmente, un propósito cosmético. En algunos casos los ingredientes adicionales eran agregados probablemente para mejorar el sabor o el olor del medicamento. En muchos otros, en cambio, simplemente seguían la mentalidad farmacéutica tradicional de que nada que sea natural es completamente efectivo por sí mismo.
Pero son los registros del médico griego Dioscordes y del naturalista romano, Plinio, quienes nos dan los primeros indicios documentados del amplio espectro de los usos que se le atribuyen a la planta Aloe Vera. Y aunque muchos de los intentos que se hacen para evaluar la historia son en el mejor de los casos, un problema de interpretación, no tendríamos que ser grandes expertos de la deducción para discernir que estas obras médicas maestras no fueron el producto de una sola generación o de una sola persona. Fueron la compilación del más importante material farmacológico disponible en ese tiempo y que procedía de todas las esquinas del mundo civilizado.

Uno solo puede imaginar el impacto que esta clase de información puede haber tenido sobre los eruditos de los siglos XVI y XVII que lo leyeron por primera vez. Desafortunadamente sus interpretaciones no siempre fueron acertadas. Con frecuencia confundían las aplicaciones de la planta en su estado puro con aquellas de las drogas derivadas de la sábila considerada primordialmente un purgante, fomentando sin querer, una degeneración de su uso a nivel médico. Como resultado, la progresión lógica de este proceso iba desde el respeto hasta el escepticismo, y la prueba y error se convirtió en más errores que pruebas, especialmente entre los farmaceutas del norte de Europa, donde las propiedades de Aloe Vera estaban siendo estudiadas más activamente. Ignorantes de la importancia de usar plantas frescas, sin claridad sobre los efectos de las impurezas y agentes externos del jugo y bajo la errada impresión de que el extracto negro y amargo de la droga de sábila tenía la misma potencia que la pulpa fresca, muchos estudios serios que pretendían corroborar los usos de Aloe Vera por los médicos de la época, tuvieron resultados negativos. Las plantas utilizadas frecuentemente no eran frescas o les faltaba madurar. El gel extraído de las hojas era frecuentemente cocinado, hervido, secado, horneado y casi invariablemente combinado con aditivos de alguna clase para “acentuar” sus propiedades. Todo esto era, por supuesto, en estricta concordancia con las preparaciones de farmacia de medicamentos de aloe. No es de sorprenderse, entonces, que estos compuestos de Aloe Vera no sirvieran en las múltiples formas que tanto predicaban los antiguos. No sorprende tampoco, que con la excepción de ser aceptado como purgante, Aloe Vera como un recurso médico cayó en desuso en la mayoría de las sociedades europeas.
Inclusive, el uso de medicamentos de aloe como laxante era solo recomendado para casos extremos. Algunas de las reservas en este sentido, sin duda, vinieron de experiencias de quienes las utilizaron. Pero muchos de los prejuicios contra las drogas de sábila se derivaban de las interpretaciones de algunos escritores medievales de temas médicos quienes ahondaron en sus posibles efectos secundarios. Principalmente, entre estos estaba Mesue de Damascos, un árabe, quien dio un reporte muy explícito sobre los efectos secundarios de la “purga drástica”, que incluía repercusiones tales como náuseas, dolores continuos en el sistema eliminatorio y hemorroides. 23
Desafortunadamente, esa imagen apócrifa de Aloe Vera como una simple promotora de una violenta pero efectiva purga fue llevada a través del Post-Renacimiento hasta el presente en las sociedades europeas. Y aun hoy, esa imagen está todavía grabada en el público y en la comunidad médica de este país. Las descripciones de su uso “purgativo” en la U.S. Pharmacopeia incluso hasta hace poco tiempo, en 1979, son un testimonio viviente de ese legado.
De alguna manera, no es de extrañar que Aloe Vera haya caído en desuso en las sociedades del norte de Europa. Algo de lógica nos lleva a concluir que la razón por la cual no sobrevivió como medicamento de amplio espectro fue su propia incapacidad de sobrevivir como planta.
Cualquier botánico confirmaría que Aloe Vera está dentro de las plantas más resistentes del mundo. Puede soportar calor extremo, ambiente marino, climas desérticos, tierra sin nutrientes y arenosa y hasta el abuso verbal y físico. Puede subsistir a la sequía, y mantenerse viva a pesar de ser tratada con negligencia por meses o incluso años. Y se sabe que puede vivir por un extenso período de tiempo con sus raíces fuera de la tierra de la cual obtiene su sustento. Pero Aloe Vera es una planta de las llamadas suculentas y por esta razón, no sobrevive en ningún tipo de clima que sea frío, húmedo y con épocas en que haya temperaturas bajo cero.
Las regiones del norte de Europa se caracterizan por tener inviernos intensos y prolongados. Muy escasas plantas que fueron transplantadas por novatos y que fueron expuestas a ese clima gélido podrían haber sobrevivido. Teniendo en cuenta la mínima cantidad de plantas existentes en Inglaterra y en Holanda en el siglo XIX, es fácil concluir que las condiciones en esas regiones no eran propicias para el crecimiento y desarrollo de Aloe Vera. Una creencia de las personas de esa época era que las sábilas podrían sobrevivir en esos climas tan extremos si se las trataba y cuidaba como a una delicada planta casera de maceta. Esta observación fue tardía, pues ya para ese momento la planta no tenía uso posible como medicamento comercial.
Resultaría demasiado sencillo culpar únicamente a los factores climáticos por la falta de conocimiento sobre Aloe Vera. Pero muchas veces, los más simples patrones de la lógica son los que con más frecuencia se pasan por alto. Es un hecho elemental que Aloe Vera ha sido raramente cultivado con éxito en países del norte de Europa, las regiones del norte de Estados Unidos, en Rusia (sólo en este siglo), Mongolia, la parte norte de China o en los Andes de Suramérica, pero el conocimiento sobre los usos y aplicaciones de la planta está todavía disperso y es además, absolutamente errado.
Es en las áreas subtropicales y cálidas del planeta en las que Aloe Vera ha sobrevivido y crecido con éxito y es allí donde sus usos han sido más proclamados. Hoy se lo encuentra en abundancia en Italia, Sicilia, Grecia, España y muchas islas del Mediterráneo. Prolifera en casi todo el continente africano, en todos los países árabes, en Turquía, India, Tíbet, en el centro y el sur de China, Malasia, Indonesia, las Islas Canarias, Filipinas, Australia, la mayoría de la zona norte de Suramérica, casi todas las islas del Caribe, a lo largo de América del Centro, Méjico y el llamado “cinturón del sol” de Estados Unidos. Y aún los no conocedores podrán llegar a la conclusión de que hay una relación directa entre la posibilidad de tener la planta disponible en cualquier momento, la frescura del gel que se obtiene de la misma y los legendarios beneficios que se le atribuyen. Aún así, investigadores científicos a través del mundo se han empeñado en experimentar con Aloe Vera basándose en criterios errados elaborados por personas que, para empezar, ni siquiera han entendido a la planta.
Forzada a ser protagonista de leyendas y a viajar por las rutas de comercio de desconocidas civilizaciones, la planta conocida como la Sanadora Silenciosa se ha trasladado airosa de nación en nación, de unas personas a otras, llevando un sutil fervor misionero.
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