El curador silencioso una Investigación Actual sobre el Aloe Vera






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EL ESTADO NO NATURAL DE LAS PLANTAS

Y Dios les dijo: “Miren, a ustedes les doy todas las plantas de la tierra que producen semilla y todos los árboles que dan fruto. Todo eso les servirá de alimento.”

- Génesis 1:29

Si reflexionáramos sobre esto por un momento, llegaríamos a aceptar lo que es la verdad más obvia. En las plantas que crecen en la tierra hay todo lo necesario para alimentar a todas las criaturas que la habitan. Esto es particularmente cierto cuando hablamos del homo sapiens. Desde lo comienzos de la especie humana y aún hasta nuestro tiempo, las plantas han mantenido el secreto de nuestra existencia. Ellas nos han alimentado, nos han dado abrigo y albergue, han alimentado nuestros animales, curado nuestras heridas, castigado nuestras debilidades, alterado nuestras conciencias y nos han provisto de combustible. Nos han dado poder sobre otras criaturas de nuestro entorno y nos han permitido tener dominio sobre nuestro mundo. “En el escenario de nuestra evolución, ellas cubrían las necesidades vitales de nuestros ancestros, tal como cubren las nuestras en el presente. Ningún avance o progreso en nuestro desarrollo...ningún nuevo órgano o expansión celular de nuestro cerebro hubiera sido posible sin su complicidad.” 7
Tratemos de imaginar qué tan lejos habría llegado nuestra civilización, o cuánto habría evolucionado la vida misma, sin la existencia de tres formas de plantas: árboles, granos y pastos. Los elementos esenciales que ellas proveen son demasiado numerosos para mencionarlos, pero es suficiente decir que la vida tal como la conocemos, sería imposible sin ellas. Las sociedades Egipcias y Mesopotámicas se basaron en el cultivo de plantas, tal como lo hicieron la mayoría de las primeras sociedades civilizadas. Los granos eran utilizados como ofrendas a los grandes gobernantes. Todavía hoy, un árbol es ofrecido como símbolo de paz y amistad entre las naciones.
Las peleas entre países han sido con frecuencia sobre los bienes más codiciados. Las Jehads, o guerras sagradas han surgido, muchas veces, entre países de geografía árida, que luchan por obtener unas pocas hectáreas de terrenos aptos para el cultivo de pastos para sus rebaños. Muchas ciudades han sido destruidas por los derechos de posesión de un bosque. En el Oriente, se han llevado a cabo enfrentamientos por especias, opio, e inclusive por flores. En Europa ha habido insurgencias por la escasez de papa. En una ocasión se desarrolló una revolución por un embargo sobre cargamentos de té. Y hasta Alexander El Grande fue animado por Aristóteles, su maestro y mentor, a reconquistar la Isla de Socotra, donde crecía un planta conocida por sus propiedades curativas. Alejandro atendió además, el consejo de su madre y sacó a la Persas de la Isla. Esa planta era Aloe succotrina, una de las antiguas denominaciones para Aloe Vera.
Hemos utilizado estos casos, no con la intención de mostrar a las plantas como causa principal de enfrentamientos y rencillas entre los hombres y naciones, sino más bien, con el propósito de entrar en conciencia sobre el hecho de que las plantas representan poder. Esta idea era muy bien comprendida por nuestros antepasados, antiguos y modernos. Pero nosotros, con nuestra obsesión tecnológica por el metal, la maquinaria y la química, la hemos subestimado. En nuestro afán de encontrar soluciones rápidas para los retos ecológicos y médicos, con frecuencia hemos ignorado y pasado por alto las plantas que tenían las respuestas que necesitábamos.
Nos tomó un milenio descubrir que el moho común que crece sobre el pan es la fuente principal para nuestro antibiótico matriz, la penicilina. Los nativos de varias partes de África han estado usando el mismo moho hace tanto tiempo como sus chamanes puedan recordar. Después de siglos, finalmente estamos dispuestos a explorar la posibilidad de que el ginseng es más que un “brebaje de brujas”, y que puede, realmente, tener propiedades anticancerosas y puede promover la circulación sanguínea y la potencia sexual masculina. Al fin ahora, queremos aceptar la creencia antiquísima de que la manzanilla ayuda a la digestión y cura la diarrea, y que el polen y el propóleo de las abejas pueden ayudar no solo a incrementar los niveles de energía pero también, a prevenir ciertas enfermedades sistémicas. Y es solamente en la última mitad de este siglo que hemos cultivado una medicina para el dolor de cabeza y la hipertensión llamada reserpina., que es el principal componente de una raíz utilizada por los Chinos para tratar esa misma dolencia desde hace más de 3000 años.
En su trabajo enciclopédico, The Power of Plants, Brendan Lehane maneja en una forma muy realista, la percepción del mundo científico y tecnócrata que se mueve a su alrededor:
sin duda alguna la ciencia ha pasado por encima de los descubrimientos del pasado, comprobados durante siglos con una meticulosidad que ningún programa de laboratorio podría lograr.
Porque la velocidad es la esencia de nuestros días. Llevados por una sed de ganancias, las grandes empresas de laboratorios compiten unas con otras por ser la primera en encontrar la cura para una dolencia. Los miles de años de experimentación en humanos han sido reemplazados por unos pocos meses de experimentos en ratas, conejillos de Indias y monos Rhesus. Es imposible conocer los resultados a largo plazo. Cuando surge un error, este se reproduce a gran escala. Mientras tanto enormes extensiones de flores silvestres nacen, florecen y mueren naturalmente, siendo rechazada su gran utilidad e ignorados sus maravillosos poderes curativos. 8
Lehane destaca también, que muchos países, debido a su economía y a circunstancias especiales, se han visto forzados a aplicar medios de curación tradicionales a sus pacientes y han tenido éxito. Estos países incluyen algunos en los que los derechos humanos son menos flexibles que los del mundo libre. Entre tanto, en naciones cuya inclinación es fuertemente tecnológica, los doctores y científicos se han visto obligados a abandonar los valiosos medicamentos tradicionales por temor a acusaciones profesionales o gubernamentales en relación a su forma primitiva de resolver los problemas de salud de sus pacientes. De nuevo Lehane señala con cierto sarcasmo, que “una cura que nace en el patio de atrás no aumenta las ganancias de nadie”. 9
A pesar de que aplaudimos la preocupación de Brendan Lehane por revitalizar nuestro uso de comidas y medicinas “naturales”, creemos que él tiende a atacar en exceso la idea de obtener ganancias en este sentido. En realidad, esto sí es parte del problema. La necesidad de tener beneficios económicos y de sobrevivir engendra un conveniente mercadeo por parte de las empresas farmacéuticas, compañías de cosméticos y fabricantes de medicinas. Sin embargo, esas corporaciones están reguladas y en términos generales esa regulación protege bien a los consumidores. Pero son estas mismas regulaciones las que hacen tener en cuenta una segunda consideración al medir el uso de comidas y medicinas naturales por parte del público. Existe un escepticismo tradicional en las agencias de gobierno y en los ciudadanos en general contra cualquier planta, droga o medicina que proclame sus propios poderes curativos o su excepcional capacidad nutritiva.
Desde los días de la primera frontera, muchas personas desesperadas, que tenían urgente necesidad de curación, fueron estafadas, engañadas y hasta envenenadas por los hombres de las carretas que transportaban las supuestas medicinas. Los elíxires mágicos, los falsos doctores que formulaban el tónico para curar “todos los males”, el charlatán con su botella del remedio secreto que curaba hasta lo incurable, eran escenas familiares en los años de formación de la nación y en algunos casos, todavía estaban presentes tan sólo una generación atrás. Usualmente, estos “tónicos” no eran más que agua con colorantes mezclada con un poco de alcohol y no tenían más efecto que el de darle al enfermo una carga rápida y momentánea de energía. Ocasionalmente, sin embargo, las medicinas/tónicos podían hacer mucho daño. Esto, teniendo en cuenta que algunos adictivos letales como la heroína, cocaína y morfina, todos estos derivados de plantas, sólo fueron prohibidos para el uso público después de la Segunda Guerra Mundial.
Casi sin excepción, todos estos remedios, elíxires y brebajes mágicos y “cura-lo-todo”, relacionados o no con la cocaína o la glicerina, llevaban la palabra “natural” como anzuelo para darle credibilidad a sus impresionantes pretensiones. Como ejemplo de esto estaban productos tales como “Mother Nature’s Original Formula” (La Fórmula Original de la Naturaleza), “Old Fashioned Natural Health Tonic” (El Tónico Tradicional y Natural para la Salud), and “Nature’s Way” (A lo Natural). La lista de estos productos era interminable y densa.
Junto con estas exageradas pretensiones sobre lo natural, existían además, un buen número de engañosos envíos por correo que tenían que ver con hierbas, raíces y plantas milagrosas que proclamaban curar absolutamente todo, desde varicela hasta enfermedades venéreas. Las personas que los solicitaban sólo descubrían el engaño cuando recibían plantas o hierbas inertes, secas e inútiles y en muchos casos, ni siquiera las recibían. De nuevo, y con escasas excepciones, la etiqueta de “natural” era el mejor anzuelo para atraer los compradores a estos productos.
Caveat emptor** puede haber sido un buen argumento para los productores de las sociedades donde existe la libre empresa, pero no hasta el punto de que se pusiera en peligro la vida o la salud de los individuos de esa sociedad. No sorprende, entonces, que de la misma reacción del público y de la necesidad de legislación en este sentido, los entes reguladores se hayan convertido en severos guardianes y que su sistema de aprobación de productos en el mercado sea muy estricto. Tampoco es extraño que a partir del nuevo siglo, la actitud a nivel nacional es que las personas sean cada vez más receptivas a la opinión de la comunidad médica, que sostiene que sólo los medicamentos que se venden por prescripción médica pueden curar. Los médicos se han convertido en la Autoridad Máxima en la prescripción de las drogas. Hasta los últimos años de la década de los sesenta, la medicina ordenada por un médico estaba en la cima, mientras que, al mismo tiempo, cualquier uso del término “natural” llevaba el estigma de ser considerado engañoso.
En la última década, sin embargo, la tendencia cambió nuevamente. El público norteamericano ha vuelto a lo “natural”. Esto se explica por el hecho de que las personas están concientes y bien informadas sobre la guerra química y comercial que sostienen los grandes conglomerados de la comida y las medicinas. Además, los usuarios ya han sufrido una generación de bebés víctimas de los efectos de la talidomida, enfermedades producidas por pesticidas cancerígenos, alarmas sobre los ciclamatos, nitritos y los efectos secundarios de las píldoras anticonceptivas. Y una vez más, el péndulo se ha inclinado hacia el otro lado.
La comida “orgánica”, las vitaminas “naturales”, los jugos para la salud, y la industria de la comida saludable han proliferado asombrosamente. Aunque la combinación salud/nutrición ha sido demeritada por los escépticos por considerarla sólo una moda temporal, se ha convertido de la noche a la mañana en un negocio multimillonario. Todos los productos que siguen esta tendencia, desde jabones o champús, desde cremas de dientes hasta cremas limpiadoras, hacen alarde de sus “ingredientes naturales”, aunque en realidad, muchos de esos ingredientes ya estaban presentes anteriormente en el mismo producto. Algunos ingredientes como la miel, el germen de trigo, la leche, el durazno, la esencia de manzana, el aguacate, y el coco han conseguido estar presentes en todas las versiones de cosméticos, desde champú hasta loción de afeitar, desde los humectantes para la piel hasta los baños de burbujas y son buscados ávidamente por un público que en realidad, desconoce los efectos que pueden causar estos aditivos en la piel o en el cabello.

A un nivel más modesto, aunque en aumento, las “drogas saludables”, las hierbas naturales, malezas, cremas, vitaminas secretas y compuestos profilácticos se producen “orgánicamente” en este país y son importados por otros para ser vendidos a los fanáticos de la salud que se acogen a las escuelas de medicina homeopática, como única vía de curación efectiva. Entre tanto, cientos de años de investigación y progreso científico son denigrados por muchos como la última maldición. Y esto tampoco es justo.
Seguramente, algunas de las hierbas, brebajes y raíces que tanto alaban los nuevos idólatras de la salud son efectivas, han sido probadas a través del tiempo y merecen el nuevo reconocimiento que están recibiendo. Otras, sinceramente, son de dudoso valor y sólo están aprovechando el punto más propicio de esta tendencia. Todas las propiedades curativas o inclusive las sugerencias sobre los poderes nutritivos están obviamente limitadas por lo que les está permitido decir a los fabricantes del producto tanto en las etiquetas como en su publicidad. Esto, debido a las exigencias legales que imponen los entes reguladores, cuya razón de ser, inicialmente, era proteger al público de la charlatanería rampante sobre los productos de comida y medicina. Creados como guardianes éticos después de la Primera Guerra Mundial, muchos de ellos vieron la actual tendencia al consumo de comida/droga “natural” como una moda inútil, que podía llegar a ser tan costosa como desorientadora. El escrutinio de estos entes sobre la salud y los productos para la salud puede estar justificado. Pero nosotros debemos preguntarnos: “Son sus opiniones realmente objetivas?”
En alguna parte a lo largo de la línea debe existir un balance entre los puristas tradicionales y los científicos de los laboratorios. Si sólo pretendiéramos analizar la verdad del asunto, todos tendríamos que aceptar que la mayoría de los compuestos químicos tienen su origen en una fuente orgánica y que a su vez, toda materia orgánica posee una composición química, a pesar de que el valor intrínseco de la mayoría de los químicos orgánicos está por determinarse todavía.
Con más de 200.000 especies de plantas conocidas en el mundo, es triste tener que reconocer que sólo sabemos utilizar únicamente 2.500 de ellas y menos de 150 son usadas como alimento. Pero, si sobrevivimos a los tiempos difíciles que se aproximan, debemos entender que los compuestos químicos biodegradables que se encuentran en las plantas nos pueden revelar todos los secretos para solucionar los problemas que enfrentamos en la actualidad en lo que se refiere a alimentos, escasez de energía, contaminación y enfermedades. Sólo debemos estudiar y evaluar las plantas debidamente y después hacer que esas conclusiones sirvan en la práctica.
Nadie está más conciente de esas necesidades que Aloe Vera of America, Inc. Si Aloe Vera of America ha sobrevivido como empresa, es porque ha entendido el valor de la planta Aloe Vera en su estado natural. Hemos tomado los conocimientos recopilados durante siglos y los hemos aplicado para aprender exactamente como sembrar, cosechar y procesar Aloe barbadensis cuando sus componentes están en su máximo potencial. Y hemos aprendido que Aloe Vera, como la mayoría de las plantas, presenta su mayor potencial curativo cuando su frescura puede ser capturada y preservada. Por el mismo motivo, nunca habríamos podido encontrar los medios para prolongar sus poderes curativos sin entender en su totalidad, su compleja composición química. Esto incluía, además, aprender a descomponerla y estabilizarla por un período prolongado de tiempo, pues es en este estado prolongado de estabilización que las verdaderas maravillas de esta extraordinaria planta pueden ser logradas.
Sin embargo, aunque las maravillas de Aloe Vera Estabilizada merecen ser vistas en toda su magnitud, pensamos que deben ser analizadas con precaución y estudiadas con cuidado. Nosotros hemos dedicado casi veinte años a la investigación y desarrollo de Aloe Vera hasta la obtención de un producto terminado. Nosotros sabemos lo que puede lograr esta planta. Presentar el valor de Aloe Vera a los entes reguladores de la nación y al mundo en general es otro reto, pues es sólo mediante esta aceptación que Aloe Vera y tantos otros recursos derivados de las plantas serán reconocidos y se convertirán en una verdadera solución para los problemas de salud.
Hasta cierto punto, esto ya está comenzando a suceder. Recientemente notamos con profundo agrado que la World Health Organization (WHO), está patrocinando una red mundial de laboratorios para la investigación de treinta y siete selectas variedades de plantas que han demostrado ciertas propiedades para inhibir la fertilidad. En otras palabras, es posible que por fin, seamos capaces de desarrollar un sistema para el control de la natalidad que sea natural, económico y que no tenga efectos secundarios tóxicos. Más aún, la misma organización está promoviendo la investigación de un conjunto de plantas que pueden tener propiedades medicinales o curativas. Aplaudimos esta clase de planeación a futuro y nos gustaría ver a Aloe Vera encabezando esa lista, tan solo para corroborar los hallazgos a los hemos llegado por nosotros mismos. Tales investigaciones conducentes a dar a conocer la extraordinaria planta a nivel mundial también conducirían, por fin, al mismo conocimiento que han tenido desde siempre, las llamadas comunidades primitivas.
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