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TITULO ECOLIGÍA LEONARO BOFF

INTRODUCCIÓN
2



¿CRISIS DEL PARADIGMA DE CIVILIZACIÓN? 8


EL UNIVERSO EN EL CONTEXTO DEL TIEMPO Y DE LA EVOLUCIÓN
15


LA CONTRIBUCIÓN DEL ECOFEMINISMO
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CARACTERÍSTICAS DEL PARADIGMA NACIENTE
21


LAS NARRACIONES DE LA HUMANIDAD:
DESDE EL SENTIDO DEL COSMOS HASTA LA COSMOGÉNESIS
23


NUESTRO ÚTERO PRIMORDIAL: EL CAOS GENERATIVO MILENARIO 28

NUESTRA PATRIA CÓSMICA: LA VÍA LÁCTEA,
NUESTRA GALAXIA 30


LA VIDA: LA MATERIA QUE SE AUTO-ORGANIZA
32


LA CRISIS ECOLÓGICA: LA PÉRDIDA DE LA RELIGIÓN
40


La religión: la religación distorsionada por el poder
47



TODOS LOS PECADOS CAPITALES ANTIECOLÓGICOS:
LA AMAZONIA -
53


DESBARATANDO MITOS: LA AMAZONIA, NI SALVAJE, NI PULMÓN, NI GRANERO DEL MUNDO
55


UNA PEDAGOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN
73


UNA ÉTICA DE LA COMPASIÓN SIN LÍMITES Y DE LA
CORRESPONSABILIDAD 84


DIOS EN LA DANZA CÓSMICA DE LA CREACIÓN
91


EL ESPÍRiTU DUERME EN LA PIEDRA...»:
HABITA EL COSMOS
97


EL ESPÍRITU Y EL FUTURO DEL COSMOS Y DE LA HUMANIDAD
106



ECO-ESPIRITUALIDAD: SENTIR, AMAR Y PENSAR COMO TIERRA
113


LA RECUPERACIÓN DE LOS DERECHOS DEL CORAZÓN
Y DEL EROTISMO
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INTRODUCCIÓN



El propósito de este libro consiste en interrelacionar el clamor del oprimido con el clamor de la Tierra. El grito del oprimido ha sido objeto de una intensa reflexión fundamentada en prácticas solidarias de liberación. De ellas nació la teología de la liberación. Nunca en la historia del cristianismo se asignó un puesto tan central al pobre, haciéndolo sujeto de su liberación en la medida en que se hace consciente de lo perverso de su situación y se organiza con otros aliados para superarla. La teología de la liberación ha hecho mucho bien a los oprimidos y marginados pues ha intentado convencerlos de que su causa tiene que ver con la causa de Dios en la historia y que se inscribe en el corazón del mensaje y de la práctica de Jesús. No sin razón fue perseguido, hecho prisionero político, torturado y crucificado. Y finalmente los ha convencido de que la búsqueda de la liberación, de la vida y de la pesía tiene una incidencia en la eternidad, puesto que el reino de Dios, la gran utopía de las Escrituras judeo-cristianas, está también formado con esos contenidos.
CLa Tierra también dama. La lógica que explota a las clases y somete a los pueblos a los intereses de unos pocos países ricos y poderosos
es la misma que depreda la Tierra y expolia sus riquezas, sin solidaridad para con el resto de la humanidad y las generaciones futuras.
Esa lógica está quebrando el frágil equilibrio del universo, construido con gran sabiduría a lo largo de 15.000 millones de años de trabajo de la naturaleza. Ha roto la alianza de fraternidad y sororidad del ser humano con la Tierra y ha destruido su sentido de religación con todas las cosas. El ser humano de los últimos cuatro siglos se siente solo, en un universo considerado como enemigo al que hay que someter y domesticar.
Estas cuestiones cobran hoy una gravedad que no se había dado nunca anteriormente en la historia de la humanidad. El ser humano
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puede ser el satán de la Tierra, él que fue llamado a ser su ángel de la guarda y celoso cultivador. Ha demostrado que, además de homicida y etnocida, puede transformarse también en biocida y geocida.
No sólo los pobres y oprimidos deben liberarse. Hoy deben ser liberados todos los seres humanos. Todos somos rehenes de un modelo de comportamiento que nos sitúa, en contra del sentido del universo, por encima de las cosas en vez de estar con ellas dentro de la gran comunidad cósmica. Por eso el autor prolonga las intuiciones de la teología de la liberación y hace que su validez y aplicación lleguen hasta las cuestiones que atañen a la Tierra, nuestra madre generosa y nuestra patria/matria común, que en este momento se halla herida y enferma.
El tiempo urge. Sin embargo, abrigamos la esperanza de que, como ocurre siempre en el proceso de la evolución, del caos nazca un orden nuevo, más elevado y prometedor para todos. Este pretende ser un libro de esperanza para los hijos e hijas de la Tierra, herederos de aquella alianza que Dios estableció con Noé y con toda la comunidad de los seres vivientes tras la catástrofe del diluvio. La memoria conservada en los textos que fundamentan la tradición espiritual del judeo-cristianismo dice así: «Cuando el arco iris esté entre las nubes, yo lo veré y me acordaré de la alianza eterna entre Dios y todos los seres vivos, con todas las criaturas que existen sobre la tierra... y ya no habrá nunca más un diluvio que destruya la Tierra» (Gn 9,16-17).
Esa alianza es eterna. Se hace especialmente actual en momentos de crisis como los nuestros. Ella fundamenta la esperanza de que el futuro común no se construirá sobre las ruinas del planeta y de la humanidad. Así como del caos originario surgió la cosmogénesis, la litosfera, la hidrosfera, la atmósfera, la biosfera y la antroposfera, también habrá de surgir la noosfera —la comunión de mentes y corazones— en un centro de vida, de solidaridad y de «amorización»,omún. Todo apuntará hacia la teosfera final, en donde todo estará en Dios y Dios en todo. Tal es la verdad del panenteísmo.
El nuevo paradigma que está naciendo, el de la religación, fundará una religión universal que sólo será verdaderamente universal si busca convergencias entre las diversidades religiosas. Las convergencias que haya que construir han de tener que ver con la restauración de lo sagrado que hay en todas las cosas, la recuperación de la dignidad de la Tierra, el redescubrimiento de la misión del ser humano, hombre y mujer, llamado a la celebración del misterio del cosmos y, finalmente, el encuentro con Dios, misterio de comunión y de vida, en el mismo proceso de cosmogénesis. Nuestras reflexiones pretenden aportar agua y humus a esta realidad seminal.
Abrazando al mundo, estaremos abrazando al mismo Dios.
Fazenda Sossego, Santana do Deserto, MG.
Verano de 1995.


LA ERA ECOLÓGICA: EL RETORNO A LA TIERRA COMO PATRIA/MATRIA COMÚN
Cada año, desde 1984, el Worldwatch Institute de los EE.UU. publica un informe sobre el «estado de la Tierra». Este estado es cada vez más alarmante. La Tierra está enferma y amenazada. De entre las múltiples constataciones, vamos a hacer referencia sólo a dos.
1. LA TIERRA ESTÁ ENFERMA
La primera: el ser más amenazado de la naturaleza hoy en día es el pobrç. El 79% de la humanidad vive en el Gran Sur pobre; 1.000 millones de personas viven en estado de pobreza absoluta; 3.000 millones (de 5.300 millones) tienen una alimentación insuficiente; 60 millones mueren anualmente de hambre y 14 millones de jóvenes de menos de 15 años mueren anualmente a consecuencia de enfermedades derivadas del hambre. Frente a este problema, la solidaridad entre los seres humanos es prácticamente inexistente. La mayoría de los países ricos ni siquiera destina el 0,7% de su Producto Interior Bruto (PIB), preceptuado por la ONU, a la ayuda a los países necesitados. El país más rico, los EE.UU., destina únicamente el 0,15% de su PIB.
La segunda: las especies de vida experimentan una amenaza similar. Cálculos estimativos afirman que entre 1500 y 1850 presumiblemente se elimjnó una especie cada 10 años. Entre 1850 y 1950, una especie por año. A partir de 1990 está desapareciendo una especie por día. De seguir este ritmo, en el año 2000 desaparecerá una especie por hora. También es importante por otra parte constatar que el número de especies, de acuerdo con los criterios de los especialistas, oscila entre los 10 y los 100 millones, de las cuales sólo

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LA ERA ECOLÓGICA

han sido descritas 1,4 millones. Como quiera que sea, existe una máquina de matar dirigida en contra de la vida bajo sus más variadas formas1.
La conciencia de la crisis cobró expresión en 1972 con el informe del famoso Club de Roma, organización mundial de industriales, políticos, altos funcionarios estatales y científicos de diversas áreas para estudiar las interdependencias de las naciones, la complejidad de las sociedades contemporáneas y la naturaleza con el objetivo de elaborar una visión sistemática de los problemas y nuevos medios de acción política encaminados a su solución. El informe lleva por título: Los límites del crecimiento2. -
[La crisis significa la quiebra de una concepción del mundo. Lo que en la conciencia colectiva era evidente, ahora es sometido a discusión. ¿Cuál era la concepción del mundo indiscutible? Pues que todo debe girar alrededor de la idea de progreso y que ese progreso se mueve entre dos infinitos: el infinito de los recursos de la tierra y el infinito del futuro. Se pensaba que la Tierra era inagotable en sus recursos y que podíamos avanzar indefinidamente en la dirección del futuro. Pues esos dos infinitos son ilusorios. La conciencia de crisis reconoce: que los recursos tienen límites ya que no todos son renovables; que el crecimiento indefinido hacia el futuro es imposible 3, porque no podemos universalizar el modelo de crecimiento para todos y para siempre. Si China quisiese proporcionar a sus familias el número de automóviles que los EE.UU. proporcionan a las suyas, se transformaría en un inmenso aparcamiento contaminado. Nada se movería.
El modelo de sociedad y el sentido de la vida que los seres humanos proyectaron para sí, al menos en los últimos 400 años, está en crisis. Y ese modelo, al menos en términos de lo cotidiano, era
sigue siendo que lo importante es acumular un gran número de medios de vida, de riqueza material, de bienes y servicios, a fin de poder disfrutar del breve paso por este planeta. A realizar este propósito nos ayudan la ciencia, que conoce los mecanismos de la tierra, y la técnica, que interviene en ella para beneficio del ser humano. Y eso hay que hacerlo a la mayor velocidad posible. En consecuencia, lo que se busca es el máximo de beneficio con el mínimo de inversión y en el más corto plazo de tiempo posible. En esta práctica cultural, el ser humano se entiende a sí mismo como un ser sobre las cosas, disponiendo de ellas a placer, y nunca como alguien que está junto a las cosas, como miembro de una comunidad mayor, planetaria y
1. Para estos datos, véase C. Allais, .El estado del planeta en cifras», en M. Barrére, La Tierra, patrimonio común, Paidós, Barcelona, 1992.
2. Li. Meadows et al., Los límites del crecimiento: informe al Club de Roma sobre el predicamento de la humanidad, FCE, México, 1982.
3. j. A. Lutzenberger, Fim do futuro?, Movirnento, Porto Alegre, 1980.

cósmica. El efecto final, que sólo ahora se percibe de manera irrefutable, es éste, que queda expresado en la frase atribuida a Gandhi: la tierra es suficiente para todos pero no para la voracidad de los consumidores.
La conciencia que va cobrando cada vez mayor difusión en el mundo, aun cuando no todavía en grado suficiente, se plantea del siguiente modo: si llevamos adelante esta manera nuestra de ser y dejamos vía libre a la lógica de nuestra máquina productivista, podremos llegar a efectos irreversibles para la naturaleza y para la vida humana: la desertización (cada año se vuelven desérticas tierras fértiles equivalentes a la superficie del estado de Río de Janeiro); la deforestación: el 42% de las selvas tropicales ya ha sido destruido, el calentamiento de la Tierra y las lluvias ácidas pueden diezmar el bosque más importante para el sistema-Tierra, el bosque boreal (6.000 millones de hectáreas); la superpoblación: en 1990 éramos 5.200 millones de personas con un crecimiento del 3-4% al año, en tanto que la producción de alimentos aumenta sólo un 1,3%. Y apuntan en el horizonte aún otras consecuencias funestas para el sistema- Tierra como son eventuales conflictos generalizados, como consecuencia de las desigualdades sociales a nivel planetario.
En este contexto dramático se está haciendo una llamada a la ecología. Ya tenía un siglo de existencia y sistematización pero los ecólogos apenas se hacían oír. Ahora son ellos los que ocupan la escena ideológica, científica, política, ética y espiritual. ¿En qué pensamos cuando hablamos de ecología?
Según la idea de su primer formulador, Ernst Haeckel (1834- 19 19), la ecología es el estudio de la inter-retro-relación de todos los sistemas vivos y no vivos entre sí y con su medio ambiente4. No se trata de estudiar el’medio ambiente o los seres bióticos (vivos) o abióticos (inertes) en sí mismos. La singularidad del discurso ecológico no está en el estudio de uno u otro polo, tomados por sí mismos, sino en la interacción y en la inter-relación mutua. Eso es lo que forma el medio ambiente, expresión acuñada en 1800 por el danés Jens Baggesen, e introducida en el discurso biológico por Jakob von Uexküll (1864-1944).
Esto quiere decir que lo que está en el punto de mira no es el medio ambiente, sino el ambiente entero. Un ser vivo no puede ser considerado aisladamente como un mero representante de su especie, sino que debe ser visto y analizado siempre en relación con el conjunto de las condiciones vitales que lo constituyen y en equilibrio con todos los demás representantes de la comunidad de los vivientes presentes (biótopo y biocenosis). Una concepción semejante hizo que la ciencia abandonase los laboratorios y se insertase orgánica 4 Cf. Allgemeine Entwicklungsgechichte der Organismen, Berlin, 1868.

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mente en la naturaleza donde todo convive con todo formando una inmensa comunidad ecológica. Es de suma importancia recuperar una visión global de la naturaleza y, dentro de ella, de las especies y sus representantes individuales.
Por consiguiente, la ecología es un saber acerca de las relaciones, interconexiones, interdependencias e intercambios de todo con todo, en todos los puntos y en todos los momentos. En esa perspectiva, la ecología no puede ser definida por sí misma, al margen de sus implicaciones con otros saberes. Ella no es un saber que atañe a objetos de conocimiento, sino a las relaciones entre los objetos de conocimiento. Es un saber de saberes, relacionados entre sí.
Recapitulando, la ecología sólo se define en el marco de relaciones que ella articula en todas las direcciones y con todo tipo de saber acerca de la manera en que todos los seres dependen unos de otros, constituyendo la inmensa trama de interdependencias entre ellos. Ellos forman, como se dice técnicamente, un gran sistema homeostático o, lo que es lo mismo, un gran sistema equilibrado y auto- regulado. Ella no sustituye a los saberes particulares con sus paradigmas específicos, sus métodos y sus resultados, como la física, la geología, la oceanografía, la biología, la termodinámica, la biogenética, la zoología, la antropología, la astronáutica y la cosmología, etc. Esas ciencias deben seguir construyéndose pero siempre atentas unas de otras, a causa de la interdependencia que los objetos que ellas estudian guardan entre sí.
La singularidad del saber ecológico reside en su transversalidad, es decir, en el relacionar hacia los lados (comunidad ecológica), hacia adelante (futuro), hacia atrás (pasado) y hacia dentro (complejidad) todas las experiencias y todas las formas de comprensión como complementarias y útiles para nuestro conocimiento del universo, nuestra funcionalidad dentro de él, y para la solidaridad cósmica que nos une a todos. De este procedimiento resulta el holismo (hólos en griego significa totalidad). El no significa la suma de los saberes o de las diversas perspectivas de análisis. Eso sería una cantidad. Traduce, más bien, la captación de la totalidad orgánica y abierta de la realidad y del saber acerca de esa totalidad. Eso representa una cualidad nueva.
La ecología da cuerpo a una preocupación ética, igualmente recopilada a partir de todos los saberes, poderes e instituciones: ¿en qué medida cada uno colabora en la salvaguarda de la naturaleza amenazada? En qué medida cada saber incorpora lo ecológico, no como un tema más en su disquisición dejando incuestionada su metodología específica, sino en qué medida cada saber se redefine a partir de la indagación ecológica y ahí se constituye en factor homeostatico, o lo que es lo mismo, en factor de equilibrio ecológico, dinamico y creativo. Más que disponer de la realidad a su antojo o

dominar dimensiones de la naturaleza, el ser humano debe aprender el manejo o el trato con la naturaleza obedeciendo a la lógica de la propia naturaleza o bien, partiendo desde su interior, potenciar lo que ya se encuentra seminalmente dentro de ella, siempre desde la perspectiva de su preservación y ulterior desarrollo. Acertadamente definía la ecología el mayor ecólogo brasileño, José A. Lutzenberger:
«La ecología es la ciencia de la sinfonía de la vida, es la ciencia de la supervivencia»5. El mismo Haeckel llegó a llamar a la ecología «la economía de la naturaleza»6. Y como la naturaleza es nuestra casa común, la ecología puede ser llamada también economía doméstica.
Partiendo de esta preocupación ética de responsabilidad para con la creación, la ecología ha abandonado su primer estadio bajo la forma de movimiento verde o de protección y conservación de especies en extinción y se ha transformado en una crítica radical del modelo de civilización que estamos construyendo7. Este es altamente consumidor de energía y desestructurador de todos los ecosistemas. En este sentido es en el que el argumento ecológico se ve siempre evocado en todas las cuestiones que conciernen a la calidad de vida, a la vida humana en el mundo y a la salvaguarda o amenaza de la totalidad planetaria o cosmológica.
Esta evocación de la ecología pretende ser una vía de redención:
¿cómo sobrevivir juntos, seres humanos y medio ambiente, dado que tenemos un mismo origen y un mismo destino común? ¿Cómo salvaguardar lo creado en justicia, participación, integridad y paz?
II. DIAGNSTICOS Y TERAPIAS ECOLÓGICAS
Para responder a esas preguntas se han elaborado diversos diagnósticos y sugerido varias terapias ecológicas dirigidas a evitar la enfermedad o a curarla. Vamos a proceder a una exposición muy escueta ya que la cuestión será discutida con más detalle a lo largo de los diversos capítulos de este libro.
1. La ecotecnología: ¿un camino fácil?
Se intentan desarrollar técnicas y procedimientos que tienen como objeto preservar el medio ambiente o disminuir los efectos no deseados, producidos por el tipo de desarrollo que hemos creado, efectos negativos sobre las poblaciones y sobre la naturaleza8.
5. Concepto de ecología»: Revista Vozes (enero-febrero 1979), 64.
r 6. Cf. Natürliche Entwicklungsgeschichte, Berlín, 1879, 42.
7. Cf. rodo el número de la revista Concilium 5 (1995), sobre ecología y pobreza.
8. Véase el excelente libro de E. Turrini, O caminho do sol, Vozes, Petrópolis, 1993.
68-120.

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Debemos asumir esa postura. Si ayudó a destruir el planeta,. la ciencia tecnológica puede también ayudar a salvarlo y recuperarlo. Pero tiene sus límites. Sólo se atacan las consecuencias; no se desciende hasta la identificación de las causas de la depredación y agresión al conjunto de los seres de la naturaleza con sus relaciones de equilibrio. .
2. La eco política: la justicia ecológica
Por detrás de los proyectos técnicos están las políticas, ya sea las puestas en práctica por el estado (políticas de desarrollo industrial, agrícola, de redes viarias, urbano, energético, poblacional), ya sea las de las empresas. Estas se sitúan en el mercado bajo la presión de la competencia y de la necesidad de garantizar sus ganancias, en muchos casos a costa de la contaminación, de la deforestación, de la depauperización de los trabajadores a causa de los bajos salarios.
La ecopolítica intenta llevar a cabo estrategias de un desarrollo sostenido que garantice el equilibrio de los ecosistemas, incluyendo el sistema de trabajo, y, al mismo tiempo, que tenga sentido de solidaridad para con las generaciones futuras. Estas tienen derecho a una sociedad equitativa, justa y participativa y que posea un medio ambiente saludable9.
Pero hay límites: por lo general, en la tensión entre desarrollo y conservación del medio ambiente se opta por el deterioro del medio a favor del desarrollo. No se cuestiona radicalmente el modelo de desarrollo creciente y lineal. Este constituye todavía el ideal-tipo para la sociedad. Además, la justicia ecológica debe ir siempre acompañada por la justicia social: ¿de qué sirve garantizar escuela y meuenda escolar a los niños de las chabolas si mueren al seguir habitando en chabolas sin un nivel sanitario básico? ¿O potenciar el uso de gas natural para los transportes públicos si por los barrios pobres del extrarradio no pasa ninguna línea de autobús?
3. La ecología humana y la ecología social: la comunidad cósmica
El ser humano y la sociedad siempre establecen una relación con el medio ambiente. El ser humano proviene de un largo proceso biológico. Sin los elementos de la naturaleza de la que es parte y parcela, sin los virus, las bacterias, los microorganismos, el código genético y los elementos químicos primordiales, no existiría. Las sociedades siempre organizan sus relaciones con el medio en el sentido de garantizar la producción y reproducción de la vida. Definen la relación entre campo y ciudad, deciden cómo se hace una urbanización que incluya la calidad de vida, cómo se monta ecológicamente un hospi 9 H. Leisetal., Ecologia epolítiai mundial, Vozes, Petrópolis, 1991.

tal, una escuela, una fábrica, cómo se ordena el tráfico, se evita la violencia social, se establece la relación entre lo público y lo privado, entre trabajo y ocio, entre la producción material y la cultural, establece determinado tipo de comunicación social, qué forma de ciencia y técnica puede garantizar la calidad de vida humana y natural, etc.10. Aquí la ecología hace patente lo que su nombre indica: la ciencia doméstica, la ciencia del hábitat humano.
Todas estas diligencias son importantes. Pero cabe hacerse la pregunta: ¿se llevan a efecto dentro del modelo vigente de relación social, de organización económica, de producción de significaciones, sin cuestionario de raíz? ¿O inauguran algo nuevo, apuntando hacia un modelo alternativo al actual? ¿Se echan remiendos para mejorar o se crea una visión nueva que abra esperanzas más prometedoras, nuevo estilo de subjetividad colectiva y de experimentación de nuestras relaciones entre los seres humanos y de todos para con el universo? Aquí están los límites de una ecología meramente humana y social dentro de cuadro del paradigma vigente.
4. La ecología mental: la naturaleza está dentro de nosotros
El estado del mundo va ligado al estado de nuestra mente. Si el mundo está enfermo eso es síntoma de que nuestra psique también está enferma. Hay agresiones contra la naturaleza y voluntad de dominio porque dentro del ser humano funcionan visiones, arquetipos, emociones que conducen a exclusiones y a violencias. Existe una ecología interior lo mismo que una ecología exterior, y se condicionan mutuamenteU. l universo de las relaciones con las cosas es internalizado, lo mismo que la referencia al padre, a la madre, al medio ambiente, etc.; esos contenidos se transforman en valores y antivalores, alcanzando a las relaciones ecológicas de forma positiva o negativa. El mismo mundo de los productos industriales, de la tecnificación de las relaciones, genera una subjetividad colectiva asentada sobre el poder, el status, la apariencia y una precaria comunicación con los demás.
La ecología mental intenta construir una integración psíquica del ser humano que vuelva más benevolente su relación hacia el medio natural y social y que fortalezca un pacto de reverencia y equilibrio más duradero con el universo.
Pero también aquí hay límites: ¿la ecología mental sólo alivia la tensión o crea un nuevo horizonte de experiencia en relación al mundo? ¿Genera una nueva alianza o sólo fortalece la tregua con la naturaleza, permitiendo que campe por sus respetos la mentalidad de posesión, de dominio y de exclusión con relación a los demás
10. F. Guattari, Las tres ecologías, Pre-textos, Valencia, 1990.
11. G. Bateson, Espíritu y naturaleza, Arnorrortu, Buenos Aires, 19110.

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seres humanos y a la naturaleza? Aquí es donde se decide el sentido liberador de la preocupación ecológica.
5. La ética ecológica: la responsabilidad por el planeta
La ética de la sociedad dominante hoy es utilitarista y antropocéntrica. Considera al conjunto de los seres como algo al servicio del ser humano, que puede disponer de ellos a su antojo atendiendo a sus deseos y preferencias. Cree que el ser humano, hombre y mujer, es la corona del proceso evolutivo y el centro del universo. Lo ético sería desarrollar un sentido del iírni-de los deseos humanos por cuanto
éstos conducen fácilmente a procurar la ventaja individual a costa de....,. la explotación de clases, sometimiento de pueblos y opresión de
sexos. El ser humano es también, y principalmente, un ser de comunicación y de responsabilidad. Entonces lo ético sería también potenciar la solidaridad generacional en el sentido de respetar el futuro de los que aún no han nacido. Y, finalmente, ético sería reconocer el carácter de autonomía relativa de los demás seres; ellos también tienen derecho a continuar existiendo y a coexistir con nosotros y con otros seres, puesto que han existido antes que nosotros y, durante millones de años, sin nosotros. En una palabra, ellos tienen derecho al presente y al futuro’2.
Todo esto hay que hacerlo y poner los medios para ello. Pero también tiene un límite: si detrás de la ética no hay una mística, una nueva espiritualidad, es decir, un nuevo pacto del ser humano con todos los demás seres, fundando una nueva religación (de donde viene religión), se corre el riesgo de que esa ética degenere en legalismo, moralismo y hábitos de comportamiento de contención y no de realización jovial de la existencia en relación reverente y afectuosa para con los demás seres’3.
6. La ecología radical o profunda: crisis del espíritu
Existe una última vía que no pretende invalidar a las otras pero que sí procura descender hasta las raíces de la cuestión. Por eso se llama ecología radical o profunda14. Lo que ella pretende es discernir la cuestión fundamental: que la crisis actual es una crisis de la civilización hegemónica. Quiere esto decir que es la crisis de nuestro paradigma dominante, de nuestro modelo de relaciones más determinante, de nuestro sentido de vivir preponderante. ¿Cuál es el sentido
12. A. Auer, UmueIt Ethik, Parmos, Düsseldorf, 1985; H. lonas, El principio de responsabilidad, Herder, Barcelona, 1995.
13. Cf. J. Ramos Regidor, «Ética ecoIogica>: Metáfora Verde, Roma, 1, julio-agosto
1990, 6 1-75.
14. Su principal autor es A. Naess, Ecology, Commun:ty and Lifestyle, Cambridge University Press, Cambridge, 1989.

primordial de las sociedades mundiales hoy? Ya lo hemos dicho: es el progreso, la prosperidad, el crecimiento ilimitado de los bienes materiales y servicios.
¿Cómo se alcanza ese progreso? Mediante la utilización, explotación y potenciación de todas las fuerzas y energías de la naturaleza
y de las personas. El gran instrumento para ello es la ciencia y la técnica que han producido el industrialismo, la informatización y la robotización. Estos instrumentos no han surgido por pura curiosidad sino de la voluntad de poder, de conquista y de lucro.
El objetivo básico quedó bien formulado por los padres fundadores de nuestro paradigma moderno, Galileo Galilei, René Descartes, Francis Bacon, Isaac Newton y otros. Descartes enseñaba que nuestra intervención en la naturaleza busca hacernos «matre et possesseur de la natures’5. Francis Bacon decía: debemos «subyugar a la naturaleza, presionarla para que nos entregue sus secretos, atarla a nuestro servicio y hacerla nuestra esclava>16. Con ello se creó el mito del ser humano héroe civilizador, Prometeo indomable, con el faraonismo de sus obras. En una palabra: el ser humano está por encima de las cosas para hacer de ellas condiciones e instrumentos de la felicidad y del progreso humanos. No se comprende al lado de ellas en una mutua pertenencia, como miembros de un todo mayor. Con esto hemos ya alcanzado el punto álgido sobre el que queremos reflexionar en profundidad.
III. LA CRISIS ECOLÓGICA:
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