“Pérdida, pena y duelo” Consejos para los que han perdido un ser querido






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“Pérdida, pena y duelo”

Consejos para los que han perdido un ser querido.

Fuente: www.cancer.gov/espanol/pdq/cuidados-medicos-apoyo/duelo/Patient/page1




Conviene que cada uno sea responsable de su propia salud y aprenda a cuidarse.





Introducción




Este sumario para pacientes sobre la pérdida, la pena y el pesar es una adaptación del sumario escrito para profesionales de la salud por expertos en cáncer. Esta y otras informaciones fidedignas sobre el cáncer y su tratamiento, exámenes de detección, prevención, apoyo terapéutico y ensayos clínicos en curso están disponibles a través del Instituto Nacional del Cáncer. El período de transición que comprende desde la etapa final de lo que es la experiencia del cáncer hasta la muerte de una persona querida es diferente para cada persona. Este sumario describe lo que es la pérdida, la pena y el pesar; las etapas del proceso de penar; y los métodos para lidiar con el mismo. Este sumario también incluye secciones que tratan sobre los niños y su pena.




Descripción




Las personas tienden a asimilar la pérdida de un ser querido de diferentes formas. Para algunos la experiencia les sirve como oportunidad para el crecimiento personal, a pesar de ser un momento difícil y doloroso. No existe una forma correcta de asimilar la muerte. La forma en la que una persona en particular manifiesta su pena dependerá mucho de su personalidad y de la relación que tuvo con el fallecido. La manera en la que una persona asimila el pesar está afectada por su propia experiencia con el cáncer, la forma en que se desarrolló la enfermedad, las características culturales y religiosas del individuo, la forma en que afronta situaciones difíciles, su historial de salud mental, los sistemas de apoyo a su disposición, y su estado económico y social. Con frecuencia los términos pesar, pena y duelo se usan indistintamente, cuando en verdad tienen significados diferentes.




La pena es el proceso normal de reacción ante la pérdida. Se puede sentir pena ante la pérdida física de una persona (como en la muerte) o en respuesta a pérdidas de tipo social o simbólicas (como la pérdida de un trabajo o un divorcio). En todo tipo de pérdida la persona siente que se le ha quitado algo. A medida que una familia atraviesa este proceso que es la enfermedad del cáncer, pasa por muchas pérdidas, y cada una de ellas desencadena su propia reacción de pena. La pena se puede sentir como una reacción mental, física, social o emocional. Las reacciones mentales pueden incluir la rabia, la culpa, la ansiedad, la tristeza y la desesperación; las físicas pueden incluir problemas para dormir, cambios en el apetito, trastornos físicos o dolencias; y las sociales pueden incluir los sentimientos que se tengan por tener que cuidar a otros en la familia, el encontrarse con amigos o familiares, o el regreso al trabajo. Al igual que con el pesar, el penar dependerá de la relación que se tuvo con la persona fallecida, las circunstancias que rodearon la muerte, y el grado de apego con el difunto. La pena puede ser descrita como una combinación de problemas físicos, pensamientos constantes sobre la persona fallecida, culpa, hostilidad, y un cambio en la forma en que se actúa normalmente.
El pesar se produce cuando alguien ha sufrido una pérdida y experimenta duelo y dolor. El tiempo que dura este estado va a depender de lo apegado que estaba el individuo a la persona fallecida, y el tiempo que duró la espera del desenlace.
El duelo es un proceso mediante el cual la persona se adapta a la pérdida y consiste en una reacción cultural ante una pérdida. El duelo incluye el proceso de incorporar la experiencia de la pérdida en la vida de la persona, y se ve influenciado por costumbres culturales, rituales, y las reglas sociales sobre como lidiar con la pérdida.
El proceso de penar es el proceso que el doliente debe de completar antes de reintegrarse a la vida normal. Estas actividades incluyen liberarse de los lazos con la persona fallecida, readaptarse a un mundo donde esa persona ya no existe, y establecer nuevas relaciones. Liberarse de los lazos con la persona fallecida significa que uno debe enfocar en otro punto la energía emocional que invertía en la persona que ha perdido. Esto no quiere decir de ninguna manera que haya dejado de amar al ser desaparecido o que lo haya olvidado, sino que el doliente necesita dirigirse a otros en busca de satisfacción emocional. El doliente tendrá que modificar sus roles, identidad y habilidades para adaptarse a un mundo donde el fallecido ya no está, concentrando en otras personas o actividades la energía emocional que antes dedicaba al fallecido.
Con frecuencia las personas que pasan por el proceso de penar se sienten extremadamente cansadas, ya que este proceso requiere energía física y emocional. La pena que sienten no es solamente por la persona que falleció, sino también por todos los planes y deseos que no se llevaron a cabo con la persona desaparecida. La muerte despierta con frecuencia recuerdos de pérdidas o separaciones del pasado. Podría decidirse que el duelo consta de tres fases:

  • La urgencia de recuperar a la persona perdida.

  • La desorganización y tristeza.

  • La reorganización.




Fases de una enfermedad grave




El entender cómo otras personas afrontan las enfermedades de gravedad podría ayudar al paciente y su familia a prepararse para lidiar con la que atañe a su caso. Se puede decir que la enfermedad grave consta de cuatro fases:

  • La fase antes del diagnóstico.

  • La fase aguda.

  • La fase crónica.

  • La recuperación o muerte.




La fase anterior al diagnóstico de una enfermedad grave es el período de tiempo antes del diagnóstico cuando el paciente se da cuenta de que corre el riesgo de desarrollar una enfermedad. Esta fase no se compone de un solo instante, sino que se extiende por todo el período en que la persona es sometida a un examen físico, incluyendo varios análisis, y culmina en el momento en que recibe el diagnóstico.




La fase aguda sucede durante el diagnóstico, cuando la persona se ve forzada a entender el diagnóstico y tiene que tomar una serie de decisiones acerca de su cuidado médico.




La fase crónica se define como el período entre el diagnóstico y el resultado del tratamiento, cuando los pacientes tratan de lidiar con las demandas de la vida cotidiana al mismo tiempo que reciben tratamiento y tratan de aceptar sus efectos secundarios. Hace algún tiempo, el período entre el diagnóstico de cáncer y la muerte era típicamente de unos meses, los cuales se solían pasar en el hospital. Sin embargo, ahora las personas pueden vivir años después de recibir un diagnóstico de cáncer.




Durante la fase de recuperación, las personas tienen que afrontar los efectos psicológicos, sociales, físicos, religiosos y monetarios del cáncer.




La fase final o terminal de una enfermedad grave ocurre cuando la muerte se convierte en algo inminente. En este momento se cambia de objetivo, y en vez de intentar curar o prolongar la vida del individuo, los esfuerzos se concentran en ayudar a que la persona se sienta cómoda y ofrecer alivios para el dolor. Las tareas durante esta fase final a menudo se enfocan en lo religioso.




El sendero hacia el morir




Las personas que se encuentran en proceso de morir pueden avanzar hacia el final de la vida de maneras diferentes; la muerte puede presentarse en un plazo corto o prolongado. El sendero hacia la muerte depende de la causa de la muerte.




El sendero hacia la muerte puede ser un camino largo y lento, que puede prolongarse durante años, u ocurrir rápidamente (como en el caso de un accidente automovilístico) donde la fase crónica es corta o no existe. La trayectoria de altas y bajas describe a un paciente que mejora con frecuencia sólo para volver a empeorar (como en los pacientes de SIDA o leucemia). Otra trayectoria hacia la muerte es la caracterizada por un descenso largo y lento de la salud seguido por un período de estabilización (por ejemplo, las personas cuyo estado de salud desciende para luego estabilizarse en un nivel más bajo y limitado). Estos pacientes deben adaptarse a la pérdida de algunos niveles de funcionamiento.




Con frecuencia las muertes asociadas al cáncer tienen procesos largos, muchas veces con dolores y sufrimientos a largo plazo y pérdida del control sobre las funciones mentales y corporales. Las muertes por cáncer se caracterizan por la demanda física y mental a la que están expuestos tanto los pacientes como sus familiares al extenderse durante largos períodos de tiempo.




Pena anticipada




La pena anticipada se refiere al proceso de duelo normal que ocurre cuando el paciente o los miembros de la familia presienten la muerte, e incluye muchos de los síntomas que se presentan después de que la persona fallece. Esta incluye todo el proceso de pensamiento, sentimiento, reacciones culturales y sociales, ante la inminente muerte de un paciente o familiar.




La pena anticipada incluye depresión, suma preocupación por la persona que va a morir, preparación para el desenlace y adaptación a los cambios que ésta conlleva. Esta pena provee a los familiares de tiempo para absorber gradualmente la realidad de la pérdida. Los individuos pueden finalizar asuntos pendientes con el moribundo (por ejemplo, el decir "adiós", "te amo" o "te perdono").




La pena anticipada no es algo que se presenta siempre, y no significa que la pena que se siente antes de la muerte sea igual a la que se experimenta después. No existe tampoco una cantidad de pena determinada que deba sentirse, ni se puede decir que la pena que se siente antes de la muerte logre que la pena después de ésta dure menos tiempo.




La pena que sigue a una muerte no esperada es diferente a la pena anticipada. Una pérdida no esperada podría abrumar los mecanismos de asimilación de una persona, haciendo imposible su funcionamiento normal. Los dolientes podrían no percatarse del impacto real de su pérdida. Aun cuando la persona reconozca que ha perdido a un ser querido, podría no aceptar la pérdida en la esfera mental o emocional. Después de una muerte inesperada, el doliente podría tener la sensación de que el mundo está en estado de caos y que ya no tiene sentido.




Algunas personas piensan que la pena anticipada casi nunca ocurre. El aceptar la muerte de un ser querido antes de que este muera podría ocasionar que el doliente sienta que está abandonando al moribundo. La espera de una muerte inminente usualmente estrecha los lazos con la persona que va a morir. A pesar de que un penar anticipado podría servir de ayuda a los familiares, el moribundo podría verse afectado de una profunda pena que lo lleve a retraerse.




Fases del penar




El proceso del duelo puede ser dividido en cuatro fases:

  1. Conmoción y aturdimiento: Los familiares tienen dificultades para procesar la pérdida; están aturdidos y estupefactos.

  2. Anhelo y búsqueda: Los sobrevivientes sienten ansiedad por la separación y no pueden aceptar la realidad de la pérdida. Esto engendra el deseo de buscar y recobrar a la persona perdida. El fracaso de esta búsqueda conlleva repetidos desencantos y frustraciones.

  3. Desorganización y desesperación: Los familiares usualmente se sienten deprimidos y tienen dificultades para planear el futuro, se distraen con facilidad y experimentan problemas para concentrarse.

  4. Reorganización.




Tratamiento




La mayoría del apoyo que una persona recibe después de sufrir una pérdida, proviene de amigos y familiares, pero también podría provenir de médicos y familiares, sin embargo, las personas que tienen dificultades en lidiar con su pérdida, podrían beneficiarse de unas sesiones de terapia u orientación relacionadas con el luto.
Las sesiones de orientación ayudan a los dolientes que presentan una reacción normal a la pena, sin mayores complicaciones, a completar el proceso de penar. La orientación la proporcionan orientadores profesionales u otras personas en proceso de duelo. Estos servicios pueden llevarse a cabo en grupo o individualmente.
Las metas de esta orientación incluyen:

  • Ayudar a la persona en duelo a aceptar la pérdida, haciéndoles hablar sobre ella.

  • Ayudar al doliente a identificar y expresar los sentimientos relacionados con la pérdida (por ejemplo, rabia, culpa, ansiedad, desamparo y tristeza).

  • Ayudar al doliente a vivir sin el fallecido y a tomar sus propias decisiones.

  • Ayudar al doliente a independizarse emocionalmente del fallecido y establecer relaciones nuevas.

  • Proporcionándole el apoyo y el tiempo necesarios para enfocar su duelo en ocasiones especiales como cumpleaños y aniversarios.

  • Explicarle en qué consiste una pena normal, y cuáles son las diferencias individuales en este proceso.

  • Dar apoyo continuo.

  • Ayudar a la persona a entender su forma de penar.

  • Identificar problemas de la persona al confrontar la pena y recomendarle que acuda a un profesional en terapia del penar.




La terapia del penar se usa en personas que reaccionan de manera compleja ante una pena. La meta de la terapia es identificar y resolver los conflictos de separación de la persona con el fallecido. Los conflictos de separación pueden presentarse como problemas físicos o del comportamiento, duelo demorado o extremo, pena prolongada o conflictiva, o duelo inesperado (aunque este tipo no se encuentra normalmente en las muertes por cáncer).
La terapia del penar puede proporcionarse de forma individual o en grupo. Lo normal es establecer un contrato con el individuo para definir el tiempo límite de terapia, su costo, y las expectativas y enfoques a utilizar.
La terapia del penar requiere hablar acerca de la persona fallecida, y reconocer si hay emociones mínimas o exageradas alrededor de la pérdida. Esta terapia puede ayudar a la persona a ver que la culpa, la rabia, u otros sentimientos negativos o incómodos pueden existir al mismo tiempo que otros sentimientos más positivos en relación con el difunto.
Los seres humanos tienden a formar lazos afectivos sólidos con otras personas. Cuando estos lazos se rompen, como por medio de la muerte, las reacciones emocionales son fuertes. Después de la pérdida, hay ciertas tareas de duelo que deben completarse. Estas tareas básicas incluyen el aceptar la realidad de la pérdida, vivir con el dolor físico y emocional de la pena, adaptarse a una vida sin el ser querido, y separarse emocionalmente de él para continuar viviendo. Es esencial que la persona que atraviesa por una pena de este tipo complete estas tareas antes de que termine el duelo.
En la terapia del penar, existen seis tareas que se pueden usar para ayudar a la persona en duelo a superar el proceso:

  1. Desarrollar la capacidad de experimentar, expresar y adaptarse a los dolorosos cambios afectivos de la pena.

  2. Utilizar los medios más eficaces de afrontar los cambios dolorosos.

  3. Establecer una relación continuada con el difunto.

  4. Mantenerse saludable y funcional.

  5. Restablecer antiguas relaciones, y entender que otros podrían tener dificultad en comprender su pena.

  6. Llegar a tener una buena imagen de sí mismo y del mundo.




Pudieran surgir complicaciones en el proceso del penar debido a que este proceso no fue debidamente finalizado en pérdidas anteriores. Para poder resolver satisfactoriamente el duelo presente, se debe afrontar la pena relacionada con estas pérdidas anteriores. Una terapia sobre el duelo incluye el lidiar con la resistencia al proceso de duelo, identificar los asuntos pendientes con el fallecido, e identificar y acomodar pérdidas secundarias como resultado del fallecimiento. Por último se ayuda al doliente a aceptar lo irreversible de la pérdida y visualizar lo que será su vida después del período de duelo.
Complicaciones del penar
Las reacciones complejas hacia la pena requieren de terapias más complejas que las reacciones normales del penar. Algunas de las complicaciones del penar más comunes son los trastornos de la adaptación (especialmente la depresión y la ansiedad o emociones y comportamientos perturbados), la depresión grave, la toxicomanía e incluso los trastornos por estrés postraumático. Cuando el penar se torna complejo, se puede identificar por la duración de los síntomas, la interferencia que ocasionan o la intensidad de los mismos (por ejemplo, pensamientos o conductas suicidas intensas).

La pena compleja o sin resolver se puede manifestar como una ausencia total de pena y duelo, la incapacidad de sentir una pena normal, la pena retardada, la pena conflictiva, o la pena crónica. Los factores de riesgo en las complicaciones del duelo incluyen: lo súbito de la pérdida, el sexo del doliente, y la relación con el difunto (por ejemplo, una relación demasiado cercana e intensa o una ambivalente). Las reacciones de penar que se convierten en depresiones graves deben ser tratadas con medicamentos y enfoques psicoterapéuticos a la vez. La persona que evita todo lo que le recuerda al fallecido, que piensa constantemente en él o sueña con él, y que reacciona con pánico ante cualquier cosa que le recuerde al difunto puede estar padeciendo de un trastorno por estrés postraumático. Otra reacción posible es recurrir a la toxicomanía, a menudo con el fin de intentar evitar los sentimientos de dolor relacionados con la pérdida y los síntomas que la persona padezca (como el insomnio). Este problema también se puede tratar con medicamentos y psicoterapia.




La respuesta cultural sobre la pena y el duelo
La pena por la pérdida de un ser querido, de algo que atesoramos o debido a un cambio drástico en nuestras vidas es una manifestación universal que traspasa todas las culturas y edades. Sin embargo, aún no se entiende completamente el papel que juega el aspecto cultural en la pena y el duelo. Las actitudes, creencias y rituales relacionados con la muerte deben ser descritos de acuerdo con los mitos y misterios que la rodean en las diferentes culturas.
Las experiencias individuales de la pena son similares entre diferentes culturas. Esto resulta ser cierto aun cuando las culturas exhiben distintas ceremonias de duelo, tradiciones y conductas para expresar la pena. El ayudar a una familia a asimilar la muerte de un ser querido implica el respetar su herencia cultural e incentivarlo a que decida como honrar al fallecido. Las siguientes son una serie de preguntas importantes para formularles a las personas que han perdido a un ser querido:

  • ¿Cuáles son los ritos y costumbres que se llevan a cabo en su cultura durante el proceso de duelo, el funeral y el entierro?

  • ¿Cuáles son las creencias de la familia acerca de lo que pasa después de la muerte?

  • ¿Qué tipo de expresiones emocionales se consideran apropiadas ante la pérdida?

  • ¿Existe alguna regla sobre el rol que debe desempeñar cada miembro de la familia ante la muerte de un ser querido?

  • ¿Existe algún tipo de estigma ante determinado tipo de muerte (como el suicidio) o existen ciertas clases de muerte que son especialmente traumáticas para su grupo cultural (como la muerte de un niño)?


La muerte, la pena y el duelo son aspectos universales y naturales del proceso de la vida. Todas las culturas han desarrollado prácticas que las ayudan a lidiar con la muerte; el perturbar estas prácticas puede interrumpir el necesario proceso de pena. El entender estas prácticas pueden ayudar a los médicos a identificar el proceso del penar en pacientes de otras culturas.

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