Concepto de educación inducción dialéctica del concepto






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Universidad: Universidad Católica Argentina

Facultad: Psicología y Educación

Nombre de la cátedra: Filosofía de la educación.

Titular: Dra. Graciela B. Hernández de Lamas
Unidad II

CONCEPTO DE EDUCACIÓN




1. Inducción dialéctica del concepto.


Para llegar al concepto y definición de educación, hay que utilizar el método propio de nuestra disciplina. Como todo saber ésta debe partir de la experiencia, que aquí se refiere tanto a la de la cosa, la realidad llamada corrientemente educación cuanto a la palabra o término que la menciona. Ambos, hechos y palabras, se dan indisolublemente unidos, por lo que no se puede hacer referencia a unos independientemente de las otras. Esta consideración, de hechos y palabras, ha de hacerse tanto en su aparecer fenoménico puntual, cuanto en su vigencia y evolución histórica. Es decir, que este primer análisis es sincrónico y diacrónico. Es el camino que conduce al concepto y definición que buscamos.

Para comenzar y delimitar el objeto de estudio, se puede considerar el fenómeno, provisoriamente llamado educativo, o la palabra con la que se lo menciona y se lo ha mencionado. Se ve así cuál ha sido la razón de imposición del nombre. Se buscarán también las diferenciaciones con otros términos afines. A partir de esta aproximación dialéctica, enriquecida con una breve pesquisa histórica, se pasará a considerar el hecho educativo en su aparecer fenoménico. Desde las consideraciones particulares se buscará el concepto de educación. Éste nos permitirá, en una vuelta sobre la realidad, discriminar en ella el referente de la educación, que podrá ser sometido al análisis metafísico correspondiente: qué es, si es substancia o accidente, de qué tipo, cuáles son sus constitutivos íntimos, etc. Podremos entonces intentar la interpretación de los fenómenos y hechos concretos para categorizarlos convenientemente y, en definitiva, comprender su racionalidad. De aquí es posible inferir el deber ser de la actividad docente, de los distintos agentes, de un proyecto educativo, de una currícula, etc.

Como se ve el “círculo” que se describe metodológicamente es: palabras, cosas, ideas o conceptos, palabras, cosas. En esta segunda instancia, tanto las palabras como las cosas tienen una significación renovada y más precisa.

1.1. El nombre, la palabra

En la lengua castellana

Uso corriente.

En el uso corriente la palabra educación se aplica a una persona que manifiesta una cierta adaptación social, un uso de ciertas pautas de comportamiento. Así una persona educada, por oposición a una persona rústica o torpe, que obra sólo espontáneamente, es una persona que observa reglas. Esto implica un cierto dominio (poder) sobre sí para controlar y encauzar sus tendencias según normas.

También la palabra se puede aplicar a un juego, y se dice así que es un juego educativo, cuando se quiere señalar que enseña algo, instruye; por contraposición a uno en el que esto no se da. Lo mismo sucede respecto de un programa de televisión o de un periódico respecto de los que se dice que son educativos. Se dice que un joven está bien educado en la medida que manifiesta respeto por las normas sociales; un niño que responde a las consignas y autoridades de los padres, maestros, superiores; una persona que en general es ordenada; sociable; responsable; que posee conocimientos y los puede expresar; que habla con corrección, propiedad y fluidez, etc.

Siempre subyace, en la aplicación espontánea de la palabra educación, una idea de adaptación a normas y / o entornos sociales. Y un uso correcto del lenguaje. En todos los casos hay un poder dominarse, hablar, adaptarse.

Uso culto o definiciones corrientes


En el uso culto, de ámbitos no pedagógicos, algunas definiciones, que luego van a ser estudiadas en detenimiento son las siguientes:

  1. Educar es desarrollar en cada individuo toda la perfección que cabe dentro de sus posibilidades (Kant).

  2. La educación es la acción ejercida por la generación adulta sobre la joven, preparándola para el mañana. Es la socialización metódica de ésta para construir el ser social en cada uno de nosotros (Durkheim).

  3. Es el perfeccionamiento intencional de las facultades específicamente humanas.

  4. Conducción y promoción de la prole al estado perfecto del hombre en tanto hombre, es decir, al estado de virtud (Santo Tomás).

  5. Es la formación del hombre tal cual debe ser y cómo debe portarse en esta vida terrena para conseguir el fin sublime para el cual fue creado (Pío XI).


En estas definiciones, provenientes de pensamientos disímiles, hay algunas notas para destacar:

Hay una noción de finalidad o intencionalidad, que está representada en un perfeccionamiento, en un desarrollo, o simplemente en un ideal. También hay una intervención de alguien externo al educando para que esto se realice, destacando en algunos casos más que en otros el aspecto social. Y hay una acción que consiste en ayuda, en desarrollo, en una conducción. Este brevísimo análisis nos servirá en el momento de hacer la inducción correspondiente.

Uso propio: educir

En la lengua española, el término educación significa la acción y efecto de educar o educir. Y educir es imprimir una forma en un sujeto, de manera tal que ésta devenga del sujeto mismo, de la potencia o de la capacidad de éste. Este devenir es natural, en el sentido que sigue las líneas de perfección del ente, sin contrariarlas. Pero no es un mero desarrollo, como si se pudiera dar por una especie de evolución o emanación desde un principio intrínseco ya que se necesita de un principio activo distinto del sujeto como tal para que advenga la nueva forma. Tampoco el principio activo crea o produce la forma “desde la nada”. La nueva forma no surge como el hilo de la araña, ni como el nido del pájaro. La metáfora más adecuada es tal vez la de la abeja, que hace su miel como un producto único y armonizado de elementos internos y externos.

Para que una forma sea educida de la potencia de un sujeto debe, según expresa Juan de Santo Tomás: Depender en su ser y en su fluir del sujeto; tal potencia o sujeto debe ser connatural o proporcionada a tales formas; dichas formas no deben proceder de algo extrínseco, sino que deben nacer de la misma potencia por transmutación y reducción al acto1.

Etimología. Razón de imposición del nombre


La palabra educar procede inmediatamente del verbo educo ( as, are, avi, atum), que significa criar, alimentar, cuidar; hacer crecer; producir; formar, instruir, enseñar, educar. La acción correspondiente es educatio.

Otro verbo de sentido vinculado, es educo ( is, ere, duxi, ductum), que significa hacer salir; hacer salir del huevo o del seno de la madre. La acción correspondiente es eductio.

Ambos verbos derivan de duco, que significa conducir, llevar; dirigir; tomar; atraer hacia sí; juzgar. Algunos derivados son ductilis (que puede ser conducido); ductio (acción o efecto de conducir); ductabilitas (aptitud para dejarse conducir o arrastrar); deduco (tirar de arriba abajo); diduco (conducir en diferentes direcciones, separar, dividir, distribuir): induco (introducir; suscitar, resolver hacer una cosa); introduco, obduco, conducir delante y contra algo; poner algo ante o sobre; perduco, llevar, conducir; produco, reduco, seduco, conducir aparte, separar, engañar, corromper, seducir; traduco, llevar de un lado al otro, hacer pasar o atravesar, conduco, etc.

Si quisiéramos sintetizar esta exploración podríamos decir que la etimología de educación es doble:

Por un lado (1) educare, que significa criar, alimentar, producir, cuidar. Son todas acciones que provienen de alguien o algo externo. Por otro (2) educere, que alude a hacer salir, extraer. En la aplicación a la educación se hace referencia al primer sentido, cuando se usan las metáforas de conducir, de alimentar, de criar, de plantar una semilla del saber o de la virtud. O cuando se utilizan las metáforas del jardinero o del horticultor en relación al maestro. En cambio, se hace referencia al segundo sentido cuando se resalta la acción de extraer desde el mismo sujeto sus potencialidades, su saber, sus conocimientos previos, sus recursos para aprender y sanarse, etc.

Respecto a duco y todos sus derivados hay una significación en común que alude siempre a un movimiento, un tránsito, desde una forma más originaria a otra. Hay siempre una forma racional que cumple la función de directriz. Así hablamos de traducir (llevar un mensaje de un lenguaje a otro según ciertas reglas idiomáticas); deducir (arribar a una idea o un conocimiento desde o a partir de uno más general); reducir (llevar a su mínima expresión una forma determinada); etc.

También es útil repasar palabras afines en sus orígenes y usos, como aprender, enseñar, instruir, doctrina, doctor, docilidad, discípulo, didáctico, etc.


Registro histórico

Griego: areté, paideia, techne.

En la Historia de la Educación y de la cultura el concepto de educación como proceso específica y propiamente humano surge en el pueblo griego. El término que lo expresa es paideia, síntesis de cultura, tradición y educación. Lo propio de este término es que marca en su significación la diferencia neta con el adiestramiento, por fino que éste sea. Si quisiéramos mantener la palabra adiestramiento, lo sería en referencia al hombre en lo que tiene de peculiar, tomándolo en su significación individual y social. Para un griego el concebir al hombre sin la polis en la que vive es amputarlo en su mismidad. La paideia constituye “el principio mediante el cual la comunidad humana conserva y transmite su peculiaridad física y espiritual”2. Es una actividad de la comunidad toda, la que reconoce que debe su existencia a la cohesión obtenida por la vigencia de ciertas normas y valoraciones que son los que se transmiten a través de la educación. Y ésta tiene como mediadores a las leyes, al teatro, al arte en general y a la música en particular, al filósofo, al retórico, al orador. La paideia es vista como una verdadera obra de arte, por la que se plasma según un logos universal, que funciona como causa ejemplar y como causa formal intrínseca, el verdadero ideal humano. Lograr ese tipo humano es hacer participar a “este hombre” y a “esta polis” de un alto tipo humano, del prototipo de hombre, de una especie de ideal de hombre.

Anterior al uso de la palabra paideia, en el mundo homérico, que es el escenario de la educación griega primitiva, el ideal educativo es encarnado por el héroe. El noble caballero debe conocer: las artes de la caballería, la caza, deportes, equitación, lanzamiento de jabalina, manejo de la lira y otros instrumentos, farmacopea y medicina elemental, música y poesía popular. Y esto subordinado a la bella acción y a la bella palabra. Fénix, el maestro de Aquiles le dice que ha sido contratado para que “te enseñe a hablar bien y a realizar grandes hechos”3.¿Qué es hablar bien? Usar la palabra adecuada y de modo bello. Esto significa dominio del espíritu y pone de relieve su fuerza, su participación de una normatividad y equilibrio, de una legalidad ordenadora del mundo cósmico y humano. Así el hombre llega a ser un “hombre de calidad”, un hombre que tiene determinadas normas de conducta4, un hombre de excelencia. Para expresar este concepto tan rico y variado los griegos utilizan también areté, que significa fuerza, capacidad, excelencia; lo mejor. Esta noción se aplicó al mundo no humano y así se hablaba de la excelencia del caballo, del perro, de los mismos dioses, en la medida en que se hacía referencia a una perfección inherente a su tipo, como caballo, como perro, como dios. Este uso tiene un sentido análogo al que utilizamos en castellano cuando decimos que es un “buen caballo” o un “buen perro”; incluso un buen poeta, o un pianista virtuoso. Poco a poco la palabra areté se aplica más exclusivamente al hombre para designar su señorío, su nobleza. Se conquista, arduamente, esta excelencia, bajo la guía de alguien. El término se pasa al latín como virtus, con su raíz vir, que significa hombre. Alude a la fuerza que se necesita para conquistarla y a la capacidad, en el sentido de poder, que da a quien la posee. Se tiene claro que es propio del hombre fuerte poder llegar a ser virtuoso. Cada tipo humano tiene su areté propia, así la de la mujer es “la hermosura”5.Pero ésta no consiste sólo en un valor físico, sino que se aplica a ciertos tipos: Helena, Penélope, Areta (esposa del príncipe reacio, honrada como a divinidad), Nausica, Euriclea (la vieja sirvienta de Penélope, que fue “bella y joven”). Todas verdaderas “señoras”, honradas como tales, muy benevolentes, que representan siempre la misericordia; su misión se extiende al manejo de la rueca y la palabra, al ser madres de héroes. Pero sobre todo a su cargo tienen el mantener y transmitir las más altas tradiciones. Su areté consiste en la pureza de costumbres, el gobierno de la casa, la música y el canto6.

Otro concepto griego emparentado con el campo educativo es la techné. Abarca los conocimientos de habilidades profesionales y de necesidades de tipo práctico utilitario en relación a la siembra, cosecha, las artes marciales y la satisfacción en general de toda necesidad social.

En Santo Tomás: nutrición, disciplina, discípulo, invención

Santo Tomás usa el término educatio en varios sentidos, con una cierta ambigüedad y con una carga semántica distinta a la de la actualidad.

a. El sentido originario de educatio es de alimentación o nutrición de la prole. La educación es la “acción y efecto de alimentar o nutrir”. Millán Puelles propone para acercarnos al sentido de estas expresiones la comparación con el término castellano crianza. Ésta “no se limita a algo puramente material, como lo son la alimentación y los cuidados físicos en general, ni consiste tampoco, solamente, en el cultivo de las facultades espirituales de la prole. En rigor, la crianza abarca estos dos aspectos de una manera sintética y global, aunque también ocurre que unas veces se toma la palabra en el sentido propiamente físico y otras en la significación más elevada [...]. Cuando se habla de la buena –o, respectivamente, de la mala – crianza de una persona, es el sentido moral de la palabra el que se toma en consideración; y así se dice que la cortesía es parte de la buena crianza, y que es, en cambio, indicio de la mala el comportarse con alguien de una manera hiriente o desatenta”7.

b. Respecto a nutrición, en sentido físico se refiere a suministrar el alimento (el padre al hijo): “el padre es para el hijo causa de tres supremos bienes: en primer lugar, engendrándole es causa de su ser, que es tenido como algo supremo; en segundo lugar, educándole es causa de su nutrición, y en tercer lugar, es causa de su enseñanza (disciplina)”8. Y en otro lugar añade: “Por el bien de la prole se entiende no solamente su procreación, sino también la educación y la instrucción, por la que se recibe el alimento y la enseñanza (instrucción)”9. Este nutrir tiene a veces un significado más espiritual cuando habla de que los padres nutren en la fe o del nutrirse según leyes. Así dice “con bastante probabilidad puede estimarse que le nutran en la fe”10; “no basta que los hombres sólo cuando son jóvenes sean bien nutridos según leyes, y que se tenga una adecuada solicitud de ellos”11. También en la Suma Teológica, cuando se refiere a los deberes del padrino respecto de sus ahijados habla de que aquél toma sobre sí el oficio de “pedagogo” y se obliga a cuidar de él cuando se nutre entre infieles, y no cuando se nutre entre cristianos12. Es también interesante este uso: “en máxima medida es preciso en la especie humana el varón para la educación (educationem) de los hijos, la cual requiere que se la provea no sólo por el alimento del cuerpo (nutrimentum), sino principalmente para el sustento del alma (secundum nutrimentum animae)”13. Como se puede ver en estos textos, el uso de la palabra nutrición, nutrir, nutrimento, tiene un sentido más amplio que el actual y abarca también el alimento y crecimiento del alma.

c. La palabra instrucción es también muy utilizada, como por ejemplo cuando dice: “Hay que tener en cuenta que en la educación la prole no necesita sólo de la nutrición en lo que atañe al cuerpo, como ocurre en el caso de los demás animales, sino también de la instrucción por lo que se refiere al alma”14. Aquí se reserva para la instrucción un sentido más espiritual y se restringe el uso de la nutrición al alimento corporal.

d. El vocablo enseñanza (disciplina) Santo Tomás lo usa para referirse al proceso por el cual un discípulo es guiado por un maestro para adquirir la ciencia o la virtud: “Los hijos tienen amor a los padres como a un cierto bien eminentísimo, porque éstos son sus máximos benefactores, en la medida en que son la causa de su existencia, de su nutrición y de su enseñanza (disciplinae)” 15. “El padre es principio de la generación y la existencia, así como de la educación y de la enseñanza” 16.

e. También utiliza la palabra educación para referirse al acabamiento de la generación de la prole: “El matrimonio tiene como fin principal el engendrar y educar a la prole”17; “el fin al que la naturaleza tiende por la unión carnal es engendrar y educar la prole”18; “el más importante bien del matrimonio es la prole que ha de ser educada en el culto de Dios (...) la educación se hace conjuntamente por el padre y la madre”19; “el matrimonio según su fin natural, se ordena a la educación de la prole”20.

Nos encontramos aquí, en Santo Tomás, con la reiteración del pensamiento de los griegos. La educación sólo conviene al hombre, al hombre entero, desde su mismo aspecto corporal y sensible, nunca hace referencia a un aspecto aislado. Pero los términos tienen un sentido distinto al actual. “En Santo Tomás, la diferencia entre la educación en su sentido plenario y la instrucción es la que existe entre un todo –el todo educacional- y una de sus partes integrantes”21. La educación es, además, algo distinto y complementario de la generación o procreación. Las completa preparando al hijo para que pueda conducirse por sí mismo.

Hasta aquí el análisis tiene como referencia las palabras que mencionan de alguna manera lo educativo. Ahora iremos al referente, a la realidad u objeto al que estas palabras remiten desde el aparecer de dicha realidad, lo fenoménico.

1.2. La “cosa” o realidad educativa, o el hecho educativo

Análisis fenomenológico


Siempre que nos referimos a un hecho que llamamos educativo, vemos en su aparecer ciertas constantes, como por ejemplo: a. Se dan dos sujetos; b. entre ambos existe una relación que presenta cierta estabilidad; c. se percibe una cierta superioridad de uno de los dos, por alguna cualidad específica; d. entre ambos hay una participación común en algo que uno transmite y el otro recibe; e. ese algo es reductivamente un logos, con cierta universalidad; f. se necesita cierta disposición de quien recibe; g. el término es un cambio cualitativo; h. la condición de posibilidad es el desplazamiento de las cualidades anteriores, una remoción de obstáculos contrarios a la nueva forma; i. el cambio dado abre nuevas posibilidades de transmutaciones; j. el sujeto permanece siendo el mismo al finalizar el proceso; k. en la intervención de dos agentes se da una apertura mutua que se concreta en comunicación; l. el cambio es desde dentro hacia fuera; m. este cambio cualitativo es siempre una perfección; n. es una perfección de tipo especial (el resultado de una cirugía estética puede ser una perfección pero no es educativo por su artificialidad, que depende exclusivamente de causas exteriores; tampoco el recobrar la salud, o el surgimiento de un diente en el niño, si bien son perfecciones, nuevas formas, no son educativas y dependen sólo de aspectos internos).


El hombre educado


Si preguntamos quién es un hombre educado, es probable que se nos conteste con algunas de las siguientes proposiciones: es quien manifiesta un buen comportamiento; es respetuoso; tiene conocimientos y los puede expresar; tiene una cierta disciplina; de alguna manera responde a padres, maestros; es ordenado; es sociable; es responsable; muestra coherencia; es amable; es íntegro, en el sentido de ofrecer una cierta armonía en el desarrollo de sus distintas potencialidades.

En los distintos momentos históricos la descripción del hombre educado representa un ideal al que todo el sistema, más o menos formalizado, aspira alcanzar. Así lo manifiesta por ejemplo Tristán, el personaje legendario de la época caballeresca medieval: “Cuando el infante cumplió siete años, y no necesitó ya cuidados de mujeres, Ronald lo confió a Governal, que se convirtió en su maestro y mejor amigo. Aprendió a leer y a escribir y en poco tiempo conoció las artes que convienen a un caballero. Governal le enseñó a correr y a franquear de un salto los más anchos fosos, a manejar la lanza, la espada, el escudo y el arco y a lanzar discos de piedra. También se acostumbró a detestar toda felonía, a socorrer a los débiles y a guardar la palabra dada. Le enseñaron diversas formas de canto y pronto supo tocar a la perfección el arpa, la rota y la cítara. Era admirable en la caza y corría el ciervo, el gamo, el corzo y el jabalí como pocos jóvenes en el país22. Aquí se distingue el período de crianza “a cargo de mujeres”, del período de enseñanza. Y ésta abarca buena destreza motriz; dominio del cuerpo, que implica agilidad y habilidad en su uso; ciertas virtudes que hacen a la fidelidad y lealtad, al ejercicio de la caridad como también leer y escribir; capacidad musical, necesaria para un saludable ocio, en tiempos de guerra y de paz. También se destaca en este texto, no educativo, la relación de amistad entre maestro y alumno.


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