Introducción






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Los Moffatt

De la familia inglesa de los Moffatt, densa como toda familia, dos fueron a parar al hospicio: Tommy mi primo y Freddy, que soy yo. A él le tocó delirar y a mí curar. En el Borda descubrió que al Pato Donald lo habían secuestrado y que el dibujo actual era un doble, un impostor. En realidad, el dibujo venía realmente distinto, antes lo dibujaban en Estados Unidos, en Disney y después lo empezaron a dibujar en la editorial Abril, Tommy, además era amigo del padre de Batman. Para explicar esta modalidad delirante analicé la historia familiar, recordé que mi tío era muy loco, un obsesivo grave que lo castigaba en forma sádica. En la infancia mi primo se sentía muy solo y desamparado, se refugiaba en las historietas porque ese mundo era protector, el Pato Donald era su amigo. Entonces cuando de joven tuvo el brote, descubrir que habían secuestrado al Pato Donald era terrible, porque creía que después lo podían secuestrar a él. Estaba identificado con el pobre Donald. Uno puede decir que Donald es un dibujo, pero no para el loco ya que lo que simboliza y lo simbolizado son la misma cosa. Para un psicótico la palabra perro muerde. Tommy sólo pasó unos meses en el Borda, el Vieytes, que así se llamaba a principio de los sesenta. Después tuvo una larga vida de investigaciones delirantes, fue amigo de Pichón Rivière y actualmente está “jubilado de loco en un geriátrico” porque, a veces, los viejos se parecen a los locos. Todos estos años fui su primo protector y discípulo de sus teorías surrealistas. Tommy y Pichón fueron mis dos maestros en esquizofrenia. Respecto a Tommy, creo que de ahí viene mi vocación de terapeuta, le tuve tanto miedo al toro, a la locura, que me hice torero para poder controlarla mejor.

Mi primo Tommy, el esquizofrénico, seguramente quiso hacer lo mismo pero el toro lo ensartó, se volvió loco. Tal vez su toro familiar era más grande.

El pozo de Freud

Usé el pozo que hizo Freud en el psiquismo humano, pero seguí cavando en él y ocurrió algo desconcertante, desapareció todo, incluso el pozo. Esto significó pasar de la teoría del incesto a la teoría del vacío. Y percibir ese vacío no fue agradable, pero me permitió trabajar con la nada…con la psicosis.

Tortuga rehabilitada

Yo se que en el fondo soy como una tortuga, un esquizoide, siempre metido para adentro. Esta configuración “tortugénica” es consecuencia de una situación traumática infantil, mi mamá, cuando yo tenia cuatro años, padeció una artritis reumatoidea grave. La internaron en distintos hospitales, y yo, hijo único, quedé como náufrago precoz, como huérfano improvisado que aterrizaba en distintos hogares, en general, de personas desconocidas. Tuve dos opsiones: o me quedaba adentro del caparazón como un esquizoide o me transformaba en un antropólogo infantil tratando de adaptarme a los distintos universos en donde aterrizaba, lo cual me permite ahora percivir y entender los secretos de otros mundos.

Llegué con mucho esfuerzo a ser una tortuga rehabilitada. Puedo salir de mi caparazón y me comunico bien con el mundo, soy un ejemplo de mi teoría terapéutica. Hasta he armado comunidades donde se curaron miles de pacientes aunque en el fondo sospecho que todos tenemos algo de tortugas rehabilitadas, es el viejo tema de la soledad existencial…

La solución en el problema

De chico muchas veces estuve solo, dialogando conmigo mismo. De grande para salir de ese diálogo interno que muchas veces me angustiaba, inventé un otro con el cual hablo de sus diálogos internos, del cual he llegado a vivir y lo llamo paciente.

Amigándome con el viejo Moffatt

Yo creo que estoy ahora en mutación, estoy asustado, tengo la sensación de empezar a ser otro: “el viejo Moffatt”. Comenzando la etapa de la sabiduría y la despedida de esta aventura que fue existir. El sentimiento de “no return” donde lo irreversible se hace más nítido. Los achaques de la vejez, el ojo, el pito, los huesos, el cansancio fácil, pero también la perspectiva de ver la vida desde arriba de la montaña.

El tipo de sueños es nuevo: sueño que mis padres muertos están vivos, son sueños regresivos. Tengo la sensación de que el mundo fue transformado e invadido por gente que no estaba, los jóvenes, que nos desplazan. Me siento ahora hermanado con los que antes veía como a los otros, los viejos, y entro en complicidad con ellos, valorizando los tiempos idos frente a los de ahora.

A veces me asaltan mis viejas, viejísimas fantasías solipsistas infantiles, pienso si seré yo solo el que existe en el Universo, si los demás y el mundo entero son una creación mía y pienso que, cuando cierre los ojos y me muera, todo desaparecerá conmigo. Esto es el tema filosófico del solipsismo de Berkeley. Hay una frase del inglés Cherteston que es muy graciosa y muy inglesa y dice: “El solipsismo es tan obvio que no sé por qué no está más difundido”.

Esperame, Diógenes

La forma que mi quehacer toma en la sociedad tecnológica es la de un psicólogo. En otra cultura hubiera sido un monje Zen, un brujo, un Yatiri, un Pai do Santo, un cura rural, un bufón de corte, o un filósofo mendigo, que a decir verdad es el que más me gusta y hasta es probable que lo consiga...

De la niñez a la vejez

Siempre pensé que iba a pasar de la adolescencia o de la niñez, a la vejez, de un solo golpe, sin pasar por hombre serio, por “persona respetable”, algo muy aburrido.

Siento que, algo muy adentro mío, no cambió nada desde de mi niñez. Creo que pasé de los siete a los setenta y siete, salteándome el resto.

Nota en el Aeropuerto de Río de Janeiro (vuelo demorado…)

Estaba absolutamente solo y vacío... y empecé a pensar de qué no dudo, en qué creo, de qué estoy seguro.

Estoy seguro del vacío, de la muerte, del dolor, del hastío, de la soledad, de las separaciones; estas cosas son algo de lo que no dudo.

Tampoco dudo del sexo, del amor, de mi escena regresiva, ni de la injusticia, la pobreza, el sometimiento y la necesidad de pelear contra la injusticia.

No dudo de la fantasía, de los juegos imaginarios, de la locura, y, fundamentalmente, tampoco dudo del alivio psicológico, de la necesidad de la terapia.

Dudo del Edipo, del psicoanálisis, de la sociología, de todo ese cientificismo abstracto y soberbio del mundo psi.

Soy un psicólogo ateo... no creo en Freud.



Deseo agradecer a los maestros y compañe­ros de tareas de los que seguramente tomé ideas para desarrollar esta propuesta: Enrique Pichón Ri­vière (mi maestro y amigo durante más de diez años), Rubén Masera, Ángel Fiasché, Tato Pavlovsky, Fernando Ulloa, Ri­cardo Grimson, César Janello, Laura Jitric y los militantes de la vida que formé, y que repararon a miles de lastimados por este sistema social injusto, como Carlos Sica, Lea Furman, Teresa Rodas, Sacha Domenech, Diego Nacarada, Ana María Rugo, y muchos otros con los que compartí momentos de búsqueda y creatividad.

Y a Claudia Lidovsky, que me ayudó a armar las piezas de este rompecabezas que se convirtió en libro.



Este libro, como todo lo que hemos hecho siempre, se realizó en forma autogestiva, por fuera del sistema editorial, desde la composición gráfica y las tapas hasta la distribución alternativa, lo cual ha permitido que estas teorías y técnicas sean accesibles a quienes están en la tarea de reparar la vida donde sea necesario.




INDICE ANALÍTICO

Alfredo Moffatt 1

PSICOTERAPIA EXISTENCIAL 1

Alfredo Moffatt 3

PSICOTERAPIA EXISTENCIAL 3

Encuentro con desencuentro 7

Introducción 9

La vida es el viaje del yo en el laberinto del tiempo… 9

Los dos supuestos de la terapia existencial 10

La mente es una historia 10

La conciencia es puntual 10

El doble encierro Solos y Paralizados 10

La invención de la palabra 12

La inversión de la pregunta 13

Epistemología de la Teoría de Crisis 14

Capítulo 1 21

El tiempo 21

Ese ladrón que fabrica fantasmas... 21

Las dos dimensiones del yo 22

Futurar recuerdos 24

Los extremos de la existencia 25

El vacío existencial 25

Cuerpo y tiempo 27

Tiempo subjetivo y tiempo social 29

El giro del tiempo 30

Figura cronal 32

Los invariantes 32

Disección del tiempo 33

Sueño y tiempo 35

Los prospectores 35

El animal y el psicótico 37

El adicto, el hipocondríaco y el psicópata 38

El tiempo y las terapias 39

La cultura 43

Construcción de la cultura 43

Las palabras transformadoras 47

Vínculos y Estructuras 49

Los Vínculos La familia 51

Las estructuras El trabajo 52

Escena Cero 54

Trama cotidiana 57

Estructuras de sostén e integración 59

Terapia y lucidez 60

El dialogo interno 61

Psicopatología 65

La enfermedad básica 66

Adiestramiento a cargo de los padres 69

Esquema de la psicopatología 70

Perturbaciones en la función vincular 71

Área de la histeria y de la esquizoidía-simbiosis 71

Perturbaciones en la función estructurante 72

Área de la neurosis obsesiva y personalidad confusa 72

Perturbaciones en la construcción del pasado 74

Área de la depresión 74

Perturbaciones en la construcción del futuro 75

Área de la paranoia y las fobias 75

Relaciones con el modelo psicoanalítico 77

Las dos perspectivas: Sexo y Tiempo 77

Psicoterapia 83

El proyecto en la cultura 84

Enfoque regresivo y progresivo 85

Mutación - Evolución 86

Terapia situacional 88

Teoría de la evolución y entornos de crisis 90

Auxilio en crisis 91

La operación terapéutica 93

La contención 93

La regresión 96

Las máquinas del tiempo 97

Etapas en el proceso terapéutico 102

Se comienza en el presente 102

Analizamos el pasado 102

Se construye un futuro 102

La situación actual 102

La historia familiar 103

La historia infantil 104

El niño fantasma 105

Las salidas posibles 106

Heráclito y Parménides 109

El eslabón era inventar el tiempo 110

Fabricar tiempo 110

Lo obvio es invisible 110

San Agustín y el tiempo 111

Adán y Eva 111

Abuelos y nietos 112

Mi identidad: si no puedo construirla, la compro 113

Lo que le falta a la Cultura criolla 113

Volverán las oscuras golondrinas… 114

No cambió el mundo, cambió la mirada 115

Fue posible porque era imposible 115

El juego dialéctico 115

Suicidio adolescente 116

Poesía psicótica 116

Presos por inocentes 117

La soledad es peor 118

Arsenal psiquiátrico 118

El amor como terapia 119

Carnaval 120

El juego de la selva 120

Puertas de entrada 122

No le puedo decir “El chico de la calle” 123

Recuerdos de Pichón 127

Dar vuelta la muerte 129

Rajemos que nos agarra… 131

Los Moffatt 133

El pozo de Freud 134

Tortuga rehabilitada 134

La solución en el problema 135

Amigándome con el viejo Moffatt 135

Esperame, Diógenes 136

De la niñez a la vejez 136

Nota en el Aeropuerto de Río de Janeiro (vuelo demorado…) 137

INDICE ANALÍTICO 143

_NOTAS Y OBSERVACIONES. 151

_NOTAS Y OBSERVACIONES. 152

_NOTAS Y OBSERVACIONES.

_NOTAS Y OBSERVACIONES.
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