Introducción






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Psicoterapia Existencial




Alfredo Moffatt

PSICOTERAPIA EXISTENCIAL



Moffatt, Alfredo Carlos

Psicoterapia existencial. - 1a ed. - Buenos Aires: Esperanza, 2011.

110 p.; 22x16 cm.

ISBN 978-987-20243-1-4

1. Psicología. 2. Psicoterapia. I. Título

CDD 150.195

Diseño de tapa: Alfredo Moffatt

Fecha de catalogación: 21/02/2011

Alfredo Moffatt

PSICOTERAPIA EXISTENCIAL



Con todo amor a
Daniela G. Azpiazú Bitsikas

A mis hijos

Malena y Luciano

y a mi madre

Helene Dudek que me trasmitió el muy alemán
placer por la investigaci
ón



Encuentro con desencuentro

¡Qué encuentro éste, de un escritor y un lector!…Es un encuentro separado por el tiempo. Es un encuentro que es un desencuentro, cuando yo le escribo a este otro que me va a leer, él no está. Cuando él me lea, yo no voy a estar. Tendré que suponer qué va a pensar, y llegar con mi respuesta allá, cuando él lea y haga su pregunta.


Introducción


La vida es el viaje del yo en el laberinto del tiempo…

Este libro es el resultado de más de cuarenta años de trabajo terapéutico y de investigación, en situaciones de crisis psicológicas, especialmente en el momento agudo de la perturbación mental, lo que dio lugar a ver toda la psicopatología desde otra perspectiva, esto es, la desorganización de la temporalidad como origen de la enfermedad, en vez de la represión de la sexualidad

Tal vez este planteo etiológico dependa estrechamente de nuestra actual perspectiva cultural, que nace en una sociedad de masas con un acelerado proceso de cambio. En este contexto social. lo que resulta más difícil, es la integración yoica, la identidad a través del tiempo.

Todas estas experiencias y el desarrollo de las comunidades autogestivas creadas a lo largo de muchos años, desde una concepción existencial de la enfermedad y la terapia: la Cooperativa Esperanza en el hospicio Borda, el Centro de Crisis “El Bancadero”, los comedores autogestivos en la villa: “Las Oyitas”, el “Bancapibes” con chicos de la calle, la asistencia en crisis agudas como en la noche de Cromañon con el “EPS”, y otras, se encuentran documentadas en el anexo fotográfico al final del libro.

En la página web www.moffatt.org.ar se encuentra la parte teórica y técnica de todas las experiencias y más mil documentos fotográficos. Todos mis libros se pueden bajar con un solo click. (incluso éste, si no es posible comprarlo)

Los dos supuestos de la terapia existencial

La mente es una historia

La concepción de la psicoterapia existencial está basada en la Filosofía Existencial, que sostiene que la mente es una historia que desea continuar. El ser es una expectativa, es un Da Sein, que en alemán significa “ser arrojado a su futuro”, pero además es un Mit Da Sein, que señala que esa histora se realiza con otro .

La vida es la historia de un largo diálogo con otros.

La conciencia es puntual

El doble encierro Solos y Paralizados


La conciencia arcaica, o proto-conciencia, es la suposición del estado primigenio de la conciencia, antes de la palabra. Comenzamos desde el origen, y vamos analizando cómo se construye esto que llamamos realidad, en la que existimos los humanos.

También podemos llegar al concepto de conciencia arcaica tomando en cuenta los datos inmediatos de nuestra percepción, esto es, que estamos encerrados en ella, que la intimidad de nuestros pensamientos sólo puede ser transmitida con el recurso de canjear imágenes internas por sonidos, las palabras, y confiar que sean decodificadas conservando el sentido que tienen para nosotros. Si esto no sucede, nos deja nuevamente en el encierro de la subjetividad. Este es el tema de la separatidad humana, de la soledad última.

La cultura se creó para que podamos superar esto: el lenguaje nos redime de este pecado original de aislamiento. Luego vamos a ver que la dificultad del diálogo es el origen de la confusión, que es en definitiva el núcleo del sufrimiento mental, no saber quién se es.

La segunda característica de la inmediatez de la conciencia es que siempre percibe lo actual, siempre estamos en el “ahora”, en el presente, no hay más que presentes que se suceden independientemente. Es decir, que no sólo originariamente estamos adentro (encerrados), sino que sólo existimos en el instante del presente, o sea que tampoco existe “realmente” el tiempo, la historicidad es una creación de la memoria, del lenguaje que crea secuencias entre presentes inconexos, generando la vivencia de continuidad de un transcurrir, desde la memoria a la expectativa.

Para ilustrar esto, vamos a analizar el cine. Brad Pitt se mueve, camina, se pelea, según lo vemos sin ninguna duda. Pues… no, el cine no existe, son sólo diapositivas, fotos inmóviles que se pasan a una velocidad superior a la persistencia de la imagen en la retina (24 imágenes por segundo), con lo cual se funde una con otra y por lo tanto no lo registramos como una serie de imágenes inmóviles, sino que creemos que Brad Pitt realmente se mueve.

Desde este análisis es que podemos comprender un fenómeno, inentendible desde los supuestos racionales espacio-temporales, que es el caso del brote psicótico, pues el testimonio clínico del paciente es :“Siento que el tiempo se congeló, que no existe el futuro y yo no existo más…” Nosotros suponemos que el loco es, en realidad, el más lúcido de todos nosotros, porque descubrió el secreto final de la conciencia: “que toda la realidad, con su estructuración del espacio y del tiempo, es una construcción artificial del lenguaje y de la cultura, a través de miles de años de evolución”.

En situaciones muy críticas de la mente, una persona puede llegar en una regresión aguda, hasta el estado de conciencia primigenia o arcaica, donde el humanoide mono todavía no había creado el espacio y el tiempo. No había creado aún la historicidad, que es la cuestión que más nos preocupa, pues pensamos que es la clave para entender las crisis psicológicas agudas. En las crisis de pánico, no conviene hablarle al paciente, pues está regresado a un estado anterior a la palabra. Entonces conviene realizar maniobras psicodramáticas de contención para recuperar la palabra.

La invención de la palabra

La sustitución del objeto ausente con un sonido significativo, fue una idea en sí misma elemental, pero trajo una mutación fundamental, que nos separó definitivamente de los animales. Aquellos monos ancestrales, antepasados de antepasados, inventaron así la palabra, que es “el fantasma del objeto ausente”. Esta lo sustituye y equivale a él, lo re-presenta, lo presenta nuevamente. Con este sencillo truco pudieron transmitir una imagen de una mente a otra, a través de un sonido, y así generaron el lenguaje, que es un código que traduce imágenes en sonidos. Suponemos que la primera palabra fue “león”, que permitió a los que todavía no habían visto al león que subieran a los árboles, y así poder salvarse. Una vez aceptado el truco, esto fue complejizandose: “león corriendo desde el río”, así daba más información para saber hacia dónde huir.

La acumulación de sonidos significativos permitía describir escenas complejas, ya sucedidas, el pasado no se perdía y se podía recrear, era una victoria en la guerra contra la evanescencia de la realidad, comenzaba la memoria. Esto llevó a otra pregunta que ahora se podía hacer: ¿cuáles son los presentes que vendrán?… y los monos-hombres adquirieron otra dimensión, el futuro, que lograron construir “futurando recuerdos”. Arrojaban hacia delante recuerdos, tal vez re-combinados, y luego movían cosas para que esa escena alucinada, tejida con sonidos, se transformara en un presente, que hiciera realidad lo imaginado. Con este mecanismo inventaron el proyecto, la planificación, el futuro.

La inversión de la pregunta

Nosotros no nos preguntamos por la enfermedad, nos preguntamos por la salud, puesto que así estoy preguntándome por algo que es, y no por algo que no es, porque lo único que existe es la salud, es decir la cordura. Explicado de otra manera, la locura es la ausencia de la cordura. ¿Y qué es la cordura? Es la aceptación y la instrumentación de un sistema de acuerdos sobre el tiempo, el espacio, y los roles que ordenan un universo caótico.

Cuando no se puede construir el mundo racional (ese andamiaje que construyeron generaciones y generaciones sobre el caos originario), se vuelve otra vez al estado de percepción no secuenciada, la paralización del tiempo, y también al aislamiento primigenio de la conciencia. Esto es tan así, que en el brote psicótico, el testimonio del paciente es de una vivencia aterradora: “estoy solo, no hay nadie, y el tiempo se paralizó”, se cae al vacío, al origen ancestral de la mente, antes de la generación de la cultura, y, por lo tanto, se disuelve la autoconciencia yoica, porque si se disuelve la realidad, se disuelve el sujeto. Por eso inventan marcianos que los persiguen, con lo cual consiguen compañía, y al huir del marciano, se genera una acción, una forma de temporalidad.

Desde la concepción de la termodinámica, a ningún investigador se le ocurriría preguntarse por el frío, porque sabe que lo único que existe es el calor (que es el movimiento de las partículas). Tampoco tendría sentido investigar la oscuridad, porque no existe, es sólo el fondo de la luz; sería absurdo decir de noche “cerrá la ventana, que está entrando la oscuridad".

Enrique Pichon Rivière decía: Curarse es aprender la salud, que es la trama de realidad que me permite saber con quién y a dónde (vínculo y temporalidad).

La realidad se arma con dos estructuras grupales que sostienen los proyectos, la familia que sostiene la intimidad y el trabajo que organiza el mundo social. Cuando a Freud le preguntaron qué era la salud dijo: Lieben und Arbeiten, que es Amar y Trabajar. La tarea terapéutica tiene que ver con restituir estas dos funciones cuando se perdieron.

Epistemología de la Teoría de Crisis

A lo largo de todo el libro veremos que la tarea de la tera­pia es devolver al paciente la capacidad de concebir su­cesiones, de organizar una historia con un sentido, utilizando para ello todas las experiencias que le ocurrieron en su vivir.

En la perturbación del existir que llamamos crisis (el momento agudo de la enfermedad) se presenta la impo­sibilidad del paciente de autopercibirse como el mismo que era, la nueva situación lo colocó fuera de su historia, está alienado (etimológicamente, extranjero para sí). El suceder de su vida se paralizó, la percepción no consigue leer la reali­dad y el futuro está vacío. Esta es una vivencia de mucha angustia, la persona se encuentra des esperada (no se espera más), se desestructuró la lectura prospectiva de su acción. Y ya dijimos que si no hay un proceso reintegrador, que lo ayude a es­tructurar su proyecto vital dentro de la cultura, corre el peligro de una reconstrucción subjetiva de los sistemas de estabilización del yo en el tiempo, y entrará a la neurosis o a la psicosis según lo inaguantable de su vivencia de disolución yoica y sus recursos defensivos aprendidos en la infancia.

Sintetizando nuestra propuesta de salud, enfermedad y terapia, diremos que vivir es un juego difícil, pues se trata de resol­ver la paradoja siguiente: uno debe cambiar siendo el mis­mo. En ese proceso se debe atravesar el tiempo, crecer, transformarse en otros (las etapas evolutivas) y, al mismo tiempo, integrar todos los yo que fuimos, pero en función del yo que deseamos ser.

La mente está configurada por una expectativa que permite organizar la realidad y la acción. Freud decía “Denken is probearbeiten”, el pensamiento es ensayo de acción, es decir, pensamos–para-hacer. En realidad, dijo que la mente es un proyecto (Freud no se dio cuenta que con esta frase casi inventa la Terapia Existencial…).

Dicho de otro modo, la locura es la experiencia de la paralización del tiempo, la imposibilidad de armar sis­temas de continuidad del yo. De estos sistemas de sostén, dos son los fundamentales: los vínculos y las estructuras. Ellos nos permiten saltar el vacío del presente. Los vínculos y las estructuras dependen de la posibilidad de constituir percepciones organizadas en figura fondo. La figura es aque­llo que escogemos por sobre lo que, olvida­do, queda como fondo. El vínculo se constituye desde el deseo o el miedo y la estructura es la organización racional de la realidad.

Cada una de estas dos funciones, la de vincularse y la de estructurar, depende de la otra y puede decirse que ambas son el mismo hecho visto desde dos ángulos diferentes. En el vínculo es la relación del yo con el tú, y en la estructura es la relación del yo con el mundo.

Cada cultura determina sus criterios de salud, de ma­nera tal que no hay enfermedad fuera de una cultura dada. Por tanto, una misma conducta puede considerarse loca en una sociedad o circunstancia social y funcional en otra.

En relación al lugar en que se instala la enfermedad, decimos que es en lo imaginario. Pero no sólo por imaginar se está loco, es necesario además que se cumpla otra condición: que quien imagina, lo haga solo, quede fuera de todo grupo y decodifique el caos de la realidad de acuerdo con un código subjetivo que nadie comparte, que en el caso de las psicosis, es su delirio.

La nueva perspectiva consiste en re ver todos los trastor­nos mentales desde el tiempo, y no desde el sexo como origen de la patogenia. Se entiende que al referirnos al tiempo, de­signamos al proceso de cambio continuo de la realidad que, al transformarse de manera irreversible, hace difícil la con­servación de la mismidad, del sentimiento de ser uno mismo a pesar del cambio.

En el transcurso del proceso de la vida estamos obligados a ser dis­tintas personas, sólo ligadas por un núcleo yoico constituido en la infancia, a veces, en condiciones difíciles y confusas. De­bemos ser un bebé, un niño, un adolescente, un adulto, un viejo; y en cada uno de esos períodos nos autopercibimos desde el bebé, el niño o el adulto. Lo cual plantea un interrogante: ¿con qué elementos sostenemos la autopercepción de un sistema psí­quico en continuo cambio? Esto es equivalente al problema del relativismo en la física einsteniana, según el cual, si el sis­tema de coordenadas del sujeto también se mueve, ¿cómo medir en este caso? Solo desde un sistema externo estable. En el caso del psiquismo, este sistema externo a la subjetividad es la cul­tura, que establece lo que es realidad y lo que no, esto es el conjunto de explicaciones compartidas que organizan la sucesión azarosa de la realidad y permiten coor­dinar las conductas grupales. Nuestra identidad también depende de ser percibidos por los demás, como dice Sartre “ la mirada de los otros me define”.

Con esto estamos comenzando a dar una idea acer­ca del objeto que debe estudiarse y repararse, más que de un aparato psíquico que tiene sus secretos en el pasado, se trata de una historia que está sucediendo en la actualidad, un proceso que, centrado en el presente, constituye un salto entre dos espacios que el mismo salto define: lo que sucedió y lo que sucederá, el pasado y el futuro. Es este un salto en el vacío, que a veces no resulta fácil, especialmente en las crisis y que exige estructuras de sostén, de continuidad, en ocasiones bastante complejas y a veces rígidas, como cuan­do nos sostenemos con síntomas y rituales.

El proceso de vida tiene fracturas las llamadas: etapas de la vida. Algunas de tránsito suave, como el fin de una carrera, o un cambio de trabajo, y otras traumáticas, como los accidentes, enfermedades o la muerte repentina de un ser querido. En este caso el yo debe reestructurarse, lo que produce mucha angustia, pues una parte tiene que abandonarse mientras otra se crea.

La teoría de crisis considera estas fracturas como partes normales del proceso de crecimiento e individuación. Por eso, en el proceso tera­péutico, es necesario que se elaboren como los eslabones de una cadena y no como una situación indeseable, que debe amputarse por medio de psicofármacos, o la adaptación obediente a las normas en las terapias conductuales.

Nosotros proponemos que los mecanismos de defensa son modos de evitar el vacío en el presente. Lo más temido, según nuestra concepción, es la incertidumbre en el futuro.

Proponer una terapia que esté organizada prospectiva­mente puede provocar muchas resistencias, pues el futuro es el espacio de lo desconocido, de lo te­mido y básicamente, es el lugar del tiempo donde está esperándonos nuestra desaparición, este es el tema de la finitud. Se con­sidera más seguro buscar el problema hacia atrás, en el espacio de lo ya sucedido. Las terapias arqueológicas cen­tran en el pasado la búsqueda del misterio. Pero esto es como caminar por un bosque temido avanzando de espal­das, mirando hacia el camino ya recorrido. Proponer darse vuelta y mirar hacia el camino causará angustia, pero pensamos que esto es más convenien­te, especialmente en épocas de cambios bruscos.

Sin embargo, la inversión de la mirada que proponemos es muy sutil en la práctica, pues el futuro es un reflejo del pasado, está constituido con fragmentos del pasado que, por otra parte, es la única información que poseemos en cada momento de la totalidad de nuestro proceso vital. Lo esencial es el proyecto porque es una expectativa y no sólo un recuerdo.

Desde el punto de vista epistemológico elegimos este esquema de pensamiento como sis­tema de interpretación de los fenómenos psíquicos, espe­cialmente de las perturbaciones y no como verdad de la naturaleza, concepción que corresponde a cómo se entendía la ciencia en el siglo pasado.

Actualmente, a los modelos de pensamiento se les exige que no contengan contradicciones internas y, básicamente, que expliquen la mayor cantidad de fenómenos posibles con economía de conceptualización y operación. En nuestro caso, que permitan ope­raciones terapéuticas más eficientes.

Para estructurar nuestro modelo, nosotros partimos de un instrumento de pensamiento desarrollado en los últimos años, la teoría de sistemas y los modelos de análisis de la cibernética, que son teorías del control del caos. Recurrimos al concepto de homeostasis, que son los mecanismos por los cuales, una estruc­tura sobrevive al intercambio con el medio, recuperando su identidad después de transformaciones desestructurantes.

Como el objeto de nuestro estudio es el proceso de vida, y no un aparato psíquico, operamos con los conceptos de constricción, lo cual significa que las transformaciones posibles en el campo de lo psicológico están restringidas por normas, códigos de conducta o condiciones físicas, lo que permite una cierta predicción de estados futuros.

Operamos además con el concepto de entropía, como la tendencia básica de los sistemas a ir perdiendo gradualmente organización. Esto nos permite medir la confusión, que es lo contrario del mensaje, o sea la racionalidad. La locura es caos, entropía, es decir “no- mensaje”.

Con esto queremos indicar nuestra base metodológica que no proviene de metáforas biologicis­tas, como hablar de “etapa oral, anal, genital” para las etapas de dearrollo, sino del uso de las matrices del análisis de sistemas. Pensamos que esto es consecuencia directa del abandono de la actitud arqueológica en el estudio de las perturbacio­nes psíquicas para adoptar la actitud prospectiva, (el pa­ciente como proyecto perturbado) que nos exige la resolu­ción de las crisis. En síntesis, curamos el proceso de vivir, o más exactamente, de existir.
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