Literatura española






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LA POESÍA ESPAÑOLA EN EL SIGLO XX


  1. La renovación de la lírica en el fin de siglo:

Rubén Darío, Antonio Machado.
Una de las características principales de los autores y obras que marcan el paso entre los siglos XIX y XX es, precisamente, su diversidad. Pero, pese a la multiplicidad de corrientes artísticas y de pensamiento, hay que entender el fin de siglo como un gran movimiento en el que se manifiestan ciertas inquietudes comunes de índole espiritual y social.

De estos escritores destaca a primera vista su afán por ser originales, que raya en muchas ocasiones en la rareza e incluso en la extravagancia, en lo que pretende ser una demostración externa de su desprecio por las convenciones y por el término medio. Plantean, en realidad, una nueva escala de valores sociales y éticos, frente al mundo burgués que, asentado en el orden y la tradición, aborrece la irracionalidad y el caos. El artista, fiel sucesor del espíritu romántico, se sentía al margen de la sociedad, rebelde ante ella, y protestaba contra el orden burgués rechazando la realidad, en la que no podía ni quería integrarse. Estos escritores serán los llamados modernistas.
PRECEDENTES E INFLUENCIAS
La diversidad y riqueza de la literatura española de finales del siglo XIX y principios del XX tiene una de sus razones en la gran cantidad de movimientos literarios, artísticos y filosóficos que se entrecruzan en ese momento:
- Parnasianismo (Francia): Los parnasianos defienden el ideal de “el arte por el arte”: frente al creciente utilitarismo, el arte y la belleza están por encima del bien y del mal, y son el único consuelo en la vida.

El parnasianismo influirá en el modernismo por su anhelo de perfección formal, por su afición al detalle y por el gusto por temas que luego serán típicamente modernistas (mitología griega, exotismo oriental, civilizaciones antiguas…)
- Simbolismo (Francia): Los simbolistas pretenden ir más allá de lo aparente, con lo que la poesía se convierte en un instrumento de conocimiento que, a través de los símbolos, capta la realidad suprarracional. Los símbolos son imágenes físicas que sugieren o evocan lo que no es físicamente perceptible: ideas, sentimientos, angustias, obsesiones… son un medio de captar lo que no se puede percibir y de mostrar lo que no se puede expresar.
- Estas tendencias desembocan finalmente en Europa en un movimiento estético muy semejante al bautizado como modernismo en las literaturas hispánicas: el decadentismo. Es una nueva sensibilidad que se siente atraída por todo lo excitante y oscuro, lo enfermizo, lo voluptuoso y lo morboso. Oscar Wilde es el acabado modelo de los decadentes de la Europa de finales del XIX.
- Aunque se acusó de extranjerizantes a los modernistas, hay en sus textos múltiples huellas de la literatura española: es fundamental la presencia de Bécquer, que para los modernistas representa la fusión perfecta entre poesía culta y poesía popular; Rosalía de Castro, y su aire intimista y de confesión personal; Espronceda y Zorrilla, en cuya poesía es patente el gusto por el pasado, por la luz, el color y la música.
LA POESÍA DE PRINCIPIOS DE SIGLO: EL MODERNISMO
El modernismo es un movimiento literario surgido en Hispanoamérica en el último cuarto del siglo XIX. Como movimiento literario, supone la superación del romanticismo y la conexión con la literatura europea, fundamentalmente francesa, lo cual supuso una absoluta renovación en el panorama de Hispanoamérica. La conexión se realiza con el parnasianismo y el simbolismo, ya que Francia se convierte en la capital espiritual de los modernistas, y se activa una actitud cosmopolita frente a la literatura nacional. Algunas características globales del movimiento, que es llamado así por Rubén Darío en 1890, son el malestar del poeta en la sociedad, su melancolía y su soledad, que provocan una huída espacial y temporal hacia paraísos de refinamiento.

Por otra parte, las problemáticas circunstancias políticas y sociales de España, agravadas por el suceso del 98, provocan un estado general de pesimismo que incide sobre el ya característico de esa época. El desastre trae consigo un reconocimiento de la decadencia y, al mismo tiempo, la voluntad de actuación para remediarla. Una minoría intelectual reafirma la necesidad de incorporarse a Europa y participar activamente en su evolución, pero al mismo tiempo tratan de mostrar a Europa los valores nacionales. Por ello, la historia y la cultura españolas van a convertirse en temas fundamentales para los escritores que inician su obra en esta época. De aquí se extrae que la Generación del 98 no es un movimiento literario independiente, sino una tendencia que surge de entre los modernistas para centrarse en la problemática específica de España.

Atendiendo a su origen histórico, el 98 es posterior al modernismo y surge a consecuencia de un acontecimiento nacional. Sin embargo, si este nace por intereses artístico-ideológicos, el 98 representa una actitud que no se manifiesta en la creación de obras estéticas, sino en una concepción realista o intimista de la vida. Asimismo, los autores modernistas también prestaron atención al tema de España y procuraron su regeneración a través de críticas y actualizaciones de temas del pasado.
Temas coincidentes en el Modernismo y en la Generación del 98
- Tiempo: el tema adquiere en muchas ocasiones caracteres de angustia ante lo fugaz e imperecedero de la realidad. Rubén Darío insiste en el carpe diem y expresa el carácter irreversible del tiempo que conduce fatalmente a la muerte. En Antonio Machado el tiempo es la raíz de su poesía. En Juan Ramón Jiménez el tema se halla unido al anhelo de eternidad. También en Unamuno la temporalidad está íntimamente ligada a su ansia de inmortalidad.

A partir de este tema se explican otros conceptos como la preocupación por la vida y la muerte, el sueño, el desengaño, el pesimismo y el sentimiento religioso.
- Soledad: junto al tiempo, es el tema dominante en la literatura de este siglo. Coincide con los planteamientos filosóficos que insisten en la necesidad del encuentro del hombre consigo mismo, para lo cual es imprescindible estar en soledad.
- Sueño: la única forma de superar la angustia existencial es la creación de una nueva realidad mediante el sueño como medio de evasión. Este nuevo universo creado por el poeta tiene el mismo valor que la realidad, y vida y sueño llegan a ser lo mismo a base de complementarse.
- Desengaño: de la consideración de la brevedad de la vida y de la obsesión por la muerte procede el sentimiento de desencanto que domina el nuevo siglo.
- Sensualismo: junto a la consideración pesimista de la vida, coexiste un impulso vitalista que se traduce en la apetencia por gozar del mayor número de sensaciones. Incluso el tipo de escritor bohemio, excéntrico, rebelde, de vida irregular y amante de los placeres se pone de moda por influencia francesa. Por otra parte, se produce una vuelta a la naturaleza y a la valoración de todos sus elementos, incluso los más sencillos.
Temas fundamentales del Modernismo


  • Una desazón “romántica”: predomina un malestar, un rechazo a una sociedad vulgar, una sensación de desarraigo, de soledad y de profunda tristeza. Por ello se exalta lo pasional y lo irracional por encima de la razón.

  • El “escapismo”: el modernista huye del mundo por caminos de ensueño, en busca de otro mundo en el que inspirarse: se produce una evasión en el espacio (el exotismo, la huída hacia Oriente) y una evasión en el tiempo (hacia el pasado medieval, renacentista o el siglo XVIII).

  • Cosmopolitismo: es un aspecto más de la necesidad de evasión, de buscar lo distinto, lo aristocrático… y ese cosmopolitismo desemboca en la devoción por París. La palabra, utilizada como bandera de la modernidad, indica el deseo de un entendimiento a nivel supranacional.

  • Amor y erotismo: hay un contraste entre un amor delicado y un intenso erotismo: se encuentra una idealización del amor y la mujer, que se conjuga con descripciones sensuales.

  • Temas americanos: se trata de una manifestación de la evasión hacia el pasado y sus mitos. Después, se cultivan los temas autóctonos con el deseo de buscar las raíces de una personalidad colectiva.

  • Lo hispánico: esa misma búsqueda de la raíces explica también los temas hispanos. Una vez superado el desastre del 98, se muestra un sentimiento de solidaridad de los pueblos hispánicos frente a la pujanza de los E.E.U.U.


Innovaciones en el lenguaje y en la métrica
En cuanto al lenguaje, el artista moderno utiliza la expresión como recurso para lograr la emoción deseada, y por ello conviven dos tendencias opuestas, la sencillez y la ornamentación, y no solo una de ellas. Sin embargo, si algo caracteriza a los modernistas es la importancia de la sensación en su visión del mundo. Para trasladar al lenguaje esa forma de expresión recurren a un enriquecimiento del vocabulario, a una adjetivación extraordinaria, a la ornamentación, a la abundancia de expresiones sensoriales y a la utilización de la sinestesia.1

Aparecen los colores (el azul, que representa lo infinito –como el mar- y el sueño; y otros colores más ornamentales y exóticos: malva, violeta, oro, gris, plata, marfil, ébano); los aromas tienen, como los colores, la finalidad de excitar los sentidos, y proceden de flores (lirios, nardos, mirtos, acantos, crisantemos, nenúfares, rosas) que aportan sensualidad; las sensaciones auditivas se consiguen gracias a la evocación de diferentes instrumentos musicales, cuya presencia nos traslada a épocas pasadas: arpas, claves, liras, flautas.

Los ambientes modernistas están inspirados en jardines otoñales, con fuentes de débiles surtidores y estanques donde el tiempo se detiene. La melancolía envuelve la mayoría de estos paisajes. Los países y ciudades que aparecen, antiguos o actuales, tienen el misterio de lo desconocido, lejano o exótico (Oriente, Grecia, Arabia, París) con el fin de distanciar la realidad.
En lo referente a la métrica, aquí se encuentran algunas de las innovaciones más llamativas, ya que el modernismo acentuó la importancia del verso, ya que se trataba de conseguir la armonía, además de por la selección de las palabras, también por los acentos, sonidos y rimas. En general, se utilizaron toda clase de versos, particularmente los de arte mayor, en especial el alejandrino, y también el endecasílabo, el eneasílabo, y el dodecasílabo por la influencia francesa; muchas veces además se usaron en estrofas monorrimas; dentro de los versos de arte menor, los octosílabos gozaron de la preferencia de algunos poetas.

Las estrofas tradicionales adquieren un tono diferente por la variedad de versos empleados (sobre todo en sonetos y silvas). Entra con fuerza el verso libre, ya que significaba la aspiración a una expresión pura, sin ataduras. Junto a estas innovaciones persisten las formas tradicionales (letrilla, romance, cuarteta, seguidilla), especialmente en el modernismo español, que trató de fusionar lo popular y lo culto.
RUBÉN DARÍO
Félix Rubén García Sarmiento, más conocido como Rubén Darío, nació el 18 de enero de 1867 en San Pedro de Metapa, Nicaragua. Fue criado por su abuela tras la separación de sus padres. En el año 1886 viaja a Santiago de Chile, donde publicó su primer gran título: Azul (1888), libro que llamó la atención de la crítica. De regreso a Managua contrajo matrimonio con Rafaela Contreras en 1891; quince meses después nació su primer hijo y en 1893 falleció su esposa. En el año 1892 viajó a España como representante del Gobierno nicaragüense para asistir a los actos de celebración del IV Centenario del descubrimiento de América. Tras viajar por distintos países, residió en Buenos Aires, donde trabajó para el diario La nación. En 1898 regresa a España como corresponsal y alterna su residencia entre París y Madrid, donde en 1900, conoce a Francisca Sánchez, mujer de origen campesino con la que tuvo un hijo y vivió hasta el resto de sus días. Convertido en poeta de éxito en Europa y América, es nombrado representante diplomático de Nicaragua en Madrid en 1907. Sus primeros poemas son una mezcla de tradicionalismo y romanticismo; Abrojos (1887) y Canto épico a las glorias de Chile (1888). Este mismo año publica Azul… (1888, revisado en 1890), dividido en cuatro partes: 'Primaveral', 'Estival', 'Autumnal' e 'Invernal'. A este libro debe que sea considerado como el creador del modernismo; escritores como Ramón María del Valle-Inclán, Antonio Machado, Leopoldo Lugones o Julio Herrera y Reissig le
reconocieron como el creador e instaurador de una nueva época en la poesía en
lengua española. En París entra en contacto con los poetas parnasianos y simbolistas abandonando el provincialismo por una poesía de la universalidad y cuenta su vida cotidiana pero a través de símbolos herméticos. En Prosas profanas (1896 y 1901), obra simbolista, desarrolla de nuevo el tema del amor. Formalmente creó una poesía elevada y refinada con muchos elementos decorativos y resonancias musicales; Cantos de vida y esperanza (1905) es el mejor ejemplo de ello. El canto errante (1907), es su libro, conceptualmente, más universal. En 1913 cae en un profundo misticismo y se retira a la isla de Mallorca. Allí empieza a escribir una novela, La isla de oro -que nunca llegó a concluir- en la que analiza el desastre hacia el que está caminando Europa. También compone Canto a Argentina y otros poemas (1914), un libro dedicado a este país en el año de la celebración de su centenario en que quiso seguir el modelo del Canto a mí mismo de Walt Whitman. En 1915 publica La vida de Rubén Darío, año en que regresó a América, donde falleció en 1916 poco después de llegar a Managua.
Obra poética

La evolución poética de Rubén Darío está marcada por la publicación de los libros en los que la crítica ha reconocido sus obras fundamentales:

Azul... (1888), considerado el libro inaugural del Modernismo hispanoamericano, recoge tanto relatos en prosa como poemas, cuya variedad métrica llamó la atención de la crítica. Presenta ya algunas preocupaciones características de Darío, como la expresión de su insatisfacción ante la sociedad burguesa. En 1890 vio la luz una segunda edición del libro, aumentada con nuevos textos, entre los cuales destaca una serie de sonetos en alejandrinos.

En general, el libro supuso una influencia directa del parnasianismo, una renovación de la poesía al aplicar al español las innovaciones francesas en sintaxis y léxico. El azul era para Darío el color del ensueño, del arte, de la inmensidad del océano y del firmamento.
La etapa de plenitud del Modernismo y de su obra poética la marca Prosas profanas (1896), colección de poemas en los que la presencia de lo erótico es más importante, y del que no está ausente la preocupación por temas esotéricos (como en el largo poema "Coloquio de los centauros"). En este libro está ya toda la imaginería exótica propia de la poética dariana: la Francia del siglo XVIII, la Italia y la España medievales, la mitología griega… lo que la convierte en una obra totalmente original por el tono y por el sentido: una visión estética de la historia y del mundo, que trata los temas desde una perspectiva en la que la vida es realzada por la belleza.
En 1905, Darío publicó Cantos de vida y esperanza, que anuncia una línea más intimista y reflexiva dentro de su producción, sin renunciar a los temas que se han convertido en señas de identidad del Modernismo. Se vislumbra su preocupación por el gran misterio de la vida: la muerte lo obsesiona ahora como cosa concreta que pondrá fin a los goces de la carne (ver “Lo fatal”). En este libro la temática se diversifica más y se hace más grave. Es una obra donde aflora más “lo hispánico”, un canto político, social y humano. Al mismo tiempo, aparece en su obra la poesía cívica, con poemas como "A Roosevelt", una línea que se acentuará en El canto errante (1907) y en Canto a la Argentina y otros poemas (1914). El corte intimista de su obra se acentúa, en cambio, en “Poema del otoño y otros poemas (1910), en que se muestra una sencillez formal sorprendente en su obra.
En la obra de Rubén Darío hay dos amores predominantes: la poesía y la mujer. En cuanto a la mujer, no es un amor hacia una mujer concreta, sino a la mujer como objetivo del amor, como ideal amoroso. Respecto a la poesía, toda su obra es una defensa de la dignidad del poeta y su arte: en él se mantiene la idea tradicional de que el poeta es intérprete del universo y de la vida.
ANTONIO MACHADO
(Sevilla, 1875 - Collioure, 1939) Aunque influido por el modernismo y el simbolismo, su obra es expresión lírica del ideario de la Generación del 98. Hijo del folclorista Antonio Machado y Álvarez, y hermano menor del también poeta Manuel Machado, pasó su infancia en Sevilla y en 1883 se instaló con su familia en Madrid.

Se formó en la Institución Libre de Enseñanza y en otros institutos madrileños. En 1899, durante un primer viaje a París, trabajó en la editorial Garnier, y posteriormente regresó a la capital francesa, donde entabló amistad con Rubén Darío. De vuelta a España frecuentó los ambientes literarios, donde conoció a J. R. Jiménez, R. del Valle-Inclán y M. de Unamuno.

En 1907 obtuvo la cátedra de francés en el instituto de Soria, cuidad en la que dos años después contrajo matrimonio con Leonor Izquierdo. En 1910 le fue concedida una pensión para estudiar filología en París durante un año, estancia que aprovechó para asistir a los cursos de filosofía de H. Bergson y Bédier en el College de France. Tras la muerte de su esposa, en 1912, pasó al instituto de Baeza.

Doctorado en filosofía y letras (1918), desempeñó su cátedra en Segovia y en 1928 fue elegido miembro de la Real Academia Española. Al comenzar la Guerra Civil se encontraba en Madrid, desde donde se trasladó con su madre y otros familiares al pueblo valenciano de Rocafort y luego a Barcelona. En enero de 1939 emprendió camino al exilio, pero la muerte lo sorprendió en el pueblecito francés de Colliure.

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