Examen de las principales pistas en la novela negra de las ciencias y las humanidades criollas






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La Nomenklatura Académica en la Cultura Argentina (era M-K). Examen de las principales pistas en la novela negra de las ciencias y las humanidades criollas por Eduardo R. Saguier

Índice

Capítulo I Introducción. El miedo enquistado en la intelectualidad argentina

Capítulo II Privatización mercantilista de la investigación, transferencias tecnológicas y plagio del Bayh-Dole Act

Capítulo III Planificación autoritaria del Observatorio Nacional de CyT u ONCTIP (Ministerio de CyT)

Capítulo IV Doble obligación, múltiple subordinación y combinación de donaciones y sobresueldos en la educación superior argentina.

Capítulo V Corrupción institucionalizada de las autoridades pertenecientes a emblemáticos organismos públicos mediante los subsidios distribuidos por la FONCYT-Agencia (Ministerio de CyT)

Capítulo VI Repetición concentrada de los subsidios otorgados por la Agencia y su obscena desigualdad

Capítulo VII Complicidad con el peculado de Coordinadores de la FONCYT-Agencia

Capítulo VIII Favoritismo clientelístico fraguado en el Fondo Tecnológico Argentino (FONTAR), dependiente de la Agencia

Capítulo IX Encubrimiento del peculado por el Comité de Ética en Ciencia y Tecnología (CECTE), dependiente del Ministerio de CyT

Capítulo X Connivencia con el negociado por parte de las autoridades del propio CONICET, dependiente del Ministerio de CyT

Capítulo XI Autorizaciones abusivas de asesorías por el Directorio del CONICET

Capítulo XII Colaboración con la defraudación por parte de los Secretarios de CyT de las Universidades Nacionales

Capítulo XIII Participación en el pillaje y el fraude electoral de los Consejeros Universitarios

Capítulo XIV Conclusiones
Bibliografía
Apéndices
Apéndice I Denuncia de un geólogo al Presidente del CONICET Dr. Charreau

Apéndice II Ciencia y escándalo en Argentina (IX-2002)

Apéndice III Concentración (duplicación, triplicación y cuadruplicación) de los subsidios de la FONCYT-Agencia (era M-K)

Apéndice IV Subsidios de la Agencia otorgados a los Coordinadores de la Agencia

Apéndice V Mensaje del Presidente del ANPCYT Dr. José Lino Barañao (XII-2006)

Apéndice VI La mafia de la ingeniería química en Argentina (2002)

Apéndice VII Subsidios y préstamos de la FONTAR-Agencia (ANPCYT) otorgados a empresas privadas (1998-2001)

Apéndice VIII Subsidios de la Agencia asignados a autoridades del CONICET

Apéndice IX Asesorías aprobadas por el Directorio del CONICET 1997/1999

Apéndice X Subsidios asignados a los Secretarios de CyT de las Universidades Nacionales

Capítulo I

Introducción. El miedo enquistado en la intelectualidad argentina

¿A que razones históricas (culturales, políticas, sociológicas y psicológicas) obedece el profundo miedo enquistado en la opinión pública intelectual argentina?, ¿a qué obedece la autocensura, conformidad o resistencia a opinar críticamente sobre cuestiones que hacen a la democratización de la ciencia, el arte y la cultura?, ¿por qué motivos numerosos y consagrados intelectuales vienen callando la dominación autoritaria y facciosa que prevalece en las estructuras de los organismos de cultura argentinos?, ¿por qué motivo los institutos de investigación de las Universidades Nacionales (e.g.: el Instituto Gino Germani) no encararon este drama, y por el contrario en algunas de sus investigaciones (e.g.: Naishtat y Toer, 2005), las preguntas formuladas en las encuestas practicadas se redujeron a problemáticas e hipótesis de muy relativa relevancia (la representatividad formal)?
Difícil es contestar estos interrogantes y aproximar un diagnóstico y una evaluación del origen de este trauma, dada la escasez de pruebas, testigos, investigaciones y estadísticas confiables a las que se pueda recurrir (la mayor parte de los expedientes de estos casos no están al alcance de una investigación pues están clasificados como confidenciales). Incluso, internacionalmente, los trabajos al respecto --aparte de los clásicos como los de Gouldner (1980), Collins (1979) y Ringer (1969)-- se focalizan exclusivamente en la clase profesional (Martin, 1991; y Schmidt, 2000). Sin embargo, pese a esta exigüidad, es nuestra obligación intentar ensayar una respuesta que indague en la indiferencia y las patologías de la ciencia y la cultura argentina y en la negligente omisión de sus actores, que arroje algo de luz en la crisis que padecemos.
Tradicionalmente, la ciencia política ha probado que el miedo, en sus diferentes intensidades, es un ingrediente propio de los regímenes fascistas y dictatoriales, donde las primeras víctimas son los intelectuales independientes; y que por el contrario, en los regímenes democráticos, dicho miedo se va extinguiendo a medida que la permisividad, la tolerancia y las libertades democráticas se consolidan. No obstante, la actualidad presente en los medios culturales argentinos permite verificar una realidad de signo adverso, pues aunque las instituciones democráticas se han restaurado, el modelo neoliberal fue derrotado, y las Leyes del Perdón (Obediencia Debida y Punto Final) fueron derogadas, el miedo al poder persiste entre los intelectuales, artistas y científicos, de las ciencias duras y blandas, jóvenes y viejos, y a una escala y gravedad cada vez más crecientes.
Una explicación de estas dolorosas supervivencias sería que frente al inconcluso intento de restauración democrática (1983), a la parcial derrota experimentada por el neoliberalismo (2001), y al lento mecanismo judicial restaurado (2005), al no haberse erradicado de cuajo dicha triple herencia –que ha quedado plasmada en actores colaboracionistas de esas épocas y en prácticas, legislaciones, regulaciones, reglamentaciones y jurisprudencias antidemocráticas aún vigentes-- no se habría podido afianzar la participación y la confianza mutua de la comunidad intelectual.
Pero otra explicación, de una entidad aún más compleja y profunda, es la que han dado recientemente, poniendo énfasis en diferentes aspectos, los filósofos Claudia Hilb, Héctor Schmucler, Ricardo Panzetta, Tomás Abraham y León Rozitchner. Estas explicaciones fueron a propósito del reportaje publicado al ex guerrillero Héctor Jouve, (quien relata las ejecuciones producidas en Salta en 1963 de un par de combatientes aparentemente “quebrados” y la fugaz y supuestamente “interesada” presencia en el campamento guerrillero del intelectual de Pasado y Presente Pancho Aricó), y a la lacerante carta-confesión y las densas y sabias réplicas hechas a los escritores Jinkis, Ritvo y Grüner por el filósofo Oscar del Barco. Hilb centra su explicación en las nociones de revolución e igualdad, Panzetta al relato de Jouve, Schmucler a los asesinatos de Rottblatt y Gronwald, Abraham al arrepentimiento de Del Barco, y Rozitchner a la inexplicable demora de más de veinte años en producir dicho arrepentimiento. Al decir de Rozitchner, por no haber querido “…dar nombres y darles rostros y vida a los fantasmas que engendramos en los otros, dejábamos de mostrar los [fantasmas] que el terror pasado prolongaba en la actualidad política, aunque siguieran trabajando silenciosos en nosotros” (Rozitchner, 2006).
Por esa precisa razón, es que Del Barco en su carta-confesión le urge al laureado poeta Juan Gelman para que ahora hable claro, de manera tal de poner transparencia al pasado. La misma petición de transparencia retrospectiva podría también extenderla Del Barco a los restantes miembros del Comité Editorial de Pasado y Presente, en especial a aquellos que operaron una década más tarde con la nueva serie, de abril-junio de 1973 (Feldman, Nun, Aricó, Portantiero, Torre, Tula, etc.), y a los autores de su principal, anónimo artículo idealizador del peronismo titulado “La ´Larga Marcha´ al Socialismo en la Argentina” (1). Esta necesidad de transparencia obedece a que otra década después de aquella última aventura revolucionaria (1973-74), que terminó en un genocidio, y luego de su retorno del exilio, algunos de esos protagonistas aparecieron nuevamente militando en política pero con otro signo partidario radicalmente adverso (UCR) y en funciones de poder, como fue el caso del núcleo intelectual armado por el empresario de medios Meyer Goodbar y conocido como Grupo Esmeralda (2). La sospecha de la existencia de un aventurerismo y oportunismo entrista, disfrazado de una permanente búsqueda de anclaje o cable a tierra político partidario, combinado con vínculos financieros ocultos y clandestinos, enquistados en la intelectualidad argentina, tal como en su momento lo sugirieron muy elípticamente Castañeda (1993), Burgos (2004) y Kohan (2004) no puede escapar entonces a nadie que no peque de inocencia (3).
Una democracia inconclusa sería entonces aquella que preserva escrupulosamente las formalidades y el protocolo, pero donde la transparencia y la sustancia autocrítica, deliberativa, meritocrática, competitiva y exogámica del ejercicio democrático está crudamente ausente, por la falta de voluntad política y académica para revisar el pasado y oxigenar las instituciones culturales presentes, las que no por casualidad se perpetúan en condiciones herméticas, desjerarquizadas, fragmentadas y patológicamente contaminadas. Su nociva trama se derrama en distintas hebras y nudos a los niveles laterales correspondientes a las profesiones liberales, y a las escalas inferiores de las instituciones educativas, al extremo de que el poder político boicotea la formación de Telecentros Comunitarios (4); y, por el contrario, intentó privatizar la investigación pública con las denominadas transferencias tecnológicas y pretendió embarcar al país en el mercantil y anti-pedagógico Proyecto de Nicholas Negroponte (5). Por todo ello, no basta con modificar sólo la Ley de Educación Superior; sino que es preciso producir una democratización profunda de todas las instituciones de la cultura, incluidas las referidas a los medios de comunicación masiva.
Es decir, una comunidad donde los intelectuales no son físicamente perseguidos por sus opiniones, y donde no existe censura, cárcel ni patíbulo por el “pecado” de disentir; pero donde sin embargo el miedo a “descolocarse” o “desubicarse” con quienes detentan el poder --peligrando el puesto de trabajo o malogrando privilegios económicos, como incentivos, becas, premios, subsidios, subvenciones y asesorías o consultorías-- está culturalmente enquistado y psicológicamente internalizado. En otras palabras, una comunidad donde rige una violencia simbólica ilegítima, tácita y/o latente, que está destinada ex profeso a domesticar y disciplinar las mentes, las conciencias y las vocaciones, subordinando a los intelectuales al status de cortesanos del poder, impone un silencio a dos puntas; que amedrenta a los jóvenes con bloquearles sus pretensiones de ascenso académico, y a la vieja guardia intelectual que persista en su independencia con sabotearle una jubilación digna. Este enquistamiento e internalización no les permitiría ensayar la voluntad de confesar o discrepar, ni proponer cambios, ni denunciar anomalías o corrupciones, ni prestar solidaridad alguna para con los que a juzgar por su independencia de criterio son segregados, anatematizados y/o moralmente acosados. Aunque les muerda el dolor del vacío, la indefensión y la pérdida de su autoestima, estos últimos se encontrarían ante la patética situación en la que “nunca podrían esperar una mano, una ayuda ni un favor”.
Este inhumano y desolador cuadro, que se ceba en aquellos a quienes el sistema estigmatiza como chivos expiatorios, y que por el contrario premia y asciende a sus aduladores y esbirros, intimida a la comunidad intelectual, la expulsa a una deserción y un ostracismo que aumenta la brecha con los países centrales, o la incita a refugiarse en patologías o pautas de conducta violatorias de los códigos académicos, legales y morales. Entre esas patologías o moral de frontera rigen la intriga, el chisme, el secretismo, la extorsión y el chantaje; y el buscar seguridad y protección en trenzas, roscas y camarillas, que le permitan sobrevivir y compartir los eventuales botines de guerra bajo los eufemismos de incentivos, premios, becas, subsidios y asesorías o consultorías, así como lo parapeten cual si fueran casamatas o búnquers, contra la indiferencia, la discriminación, la postergación y la represalia. Y entre los botines de guerra se encuentra también la apropiación privada de descubrimientos que fueron financiados por organismos públicos (ver Apéndice I). Toda la libido intelectual estaría entonces focalizada en “hacerse amigo del juez”, en reforzar y consolidar identidades de tipo clánico, y en concertar vínculos insanos como el compadrazgo, el tráfico de influencias y la coalición en camarillas o logias, con las que poder disputar con éxito las diferentes instancias de poder académico, científico y cultural (elecciones de claustro, integración de comisiones y comités editoriales, constitución de jurados y referatos, organización de congresos, coloquios, simposios y mesas redondas, etc.).
Sin embargo, para el Prof. Joaquín E. Meabe, en una comunicación personal, la trampa de las ciencias y las humanidades en la Argentina no radicaría esencialmente en la corrupción y el peculado sino en la adaptación y el servilismo moral e intelectual. En efecto, en el enmudecimiento y autocensura cómplice, y en la trama de las relaciones de poder cortesanas y oportunistas, y no en los méritos intelectuales propios, ni en las rupturas epistemológicas o metodológicas alcanzadas en sus investigaciones y ponencias, estaría cifrada toda la esperanza de inmunidad, reconocimiento, cooptación y promoción académica.
Esta búsqueda perversa de un nicho ilegítimo y de un puesto en la lista de espera para ingresar a una corrupción instalada o institucionalizada lo induciría a su vez a incurrir en diversos procesos y mecanismos cínicos y ficticios de verdadero gangsterismo intelectual y moral (encubrimiento, fraude, simulación, adulteración, plagio, etc.), y en una constante propensión a rehuir la polémica o el debate franco, donde la originalidad, la creatividad y la fractura con lo establecido estarían obstinadamente ausentes. En la lista de espera para incorporarse a la corrupción institucionalizada nos encontraríamos con: a) los que aspiran a becas indebidas; b) los que esperan categorizaciones, ascensos y autorizaciones impropias; c) los que revistan en las grillas de ñoquis académicos en las universidades y en el CONICET; d) los que forman las comisiones asesoras del Ministerio de CyT; e) las editoriales que usan las universidades como mercado cautivo de basura encuadernada; y f) los periodistas científicos que ejercitan su complicidad en los grandes medios.
A los fines de esta investigación, en principio nos hemos propuesto reunir una larga serie de denuncias formuladas públicamente en la última década (1997-2007), acompañadas por diez (10) apéndices, rescatados muchos de ellos de los foros electrónicos, donde se analizan como en una novela negra la trama de nudos y flujos y las más severas y extremas patologías, propias casi de una crónica policial, que se desplegaron en los organismos del ámbito científico-educativo al amparo de la impunidad brindada por una corrupción institucionalizada (legal o funcionaria conocida recientemente como fruto de una captura del estado lograda por asociaciones ilícitas que persiguen objetivos de grupo o facción), tales como la Agencia Nacional para la Promoción Científico y Tecnológica (ANPCYT), el Directorio del CONICET, las Secretarías de CyT de las Universidades Nacionales, los Consejos Directivos de las Universidades Nacionales, el Comité de Ética en Ciencia y Tecnología (CECTE), el Fondo Tecnológico Argentino (FONTAR) y el Observatorio Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva (ONCTIP).

Concatenar el material pertinente ha llevado un esfuerzo considerable pues el mismo corresponde a etapas distintas de una prolongada litis que arranca del Pacto de Olivos (1994) y culmina con el ocaso del Kirchnerismo (2009), en la que se padeció también de agresiones y persecuciones de toda laya. El orden del material de denuncias expuesto en diversos capítulos sigue al de los organismos denunciados comenzando con la Agencia, siguiendo con el CONICET y culminando con las Universidades Nacionales.

En efecto, para comenzar tratamos el miedo enquistado en la intelectualidad argentina, en segundo lugar la privatización mercantilista de la investigación, las transferencias tecnológicas y el plagio del Bayh-Dole Act; a continuación la planificación autoritaria del Observatorio Nacional de CyT; en cuarto término la doble obligación, la múltiple subordinación y la combinación de donaciones y sobresueldos en la educación superior; en quinto lugar la corrupción institucionalizada de las autoridades pertenecientes a emblemáticos organismos públicos mediante los subsidios distribuidos por el Fondo Nacional Científico y Tecnológico (de ahora en mas FONCYT-Agencia); más luego la repetición concentrada (duplicación, triplicación y cuadruplicación) de los subsidios de la misma FONCYT-Agencia y su obscena desigualdad; en séptimo término la complicidad con el peculado de los Coordinadores del FONCYT-Agencia; a continuación el favoritismo clientelistico fraguado en el Fondo Tecnológico Argentino (FONTAR), dependiente de la Agencia; en noveno lugar el encubrimiento del peculado por parte del Comité de Ética en Ciencia y Tecnología (CECTE), dependiente del Ministerio de CyT; en décimo término la connivencia con el negociado por parte de las autoridades del propio CONICET; más luego las autorizaciones abusivas de asesorías y consultorías por el Directorio del CONICET; en duodécimo lugar la colaboración con la defraudación por parte de los Secretarios de CyT de las Universidades Nacionales; y para terminar la participación en el pillaje y el fraude electoral de los Consejeros Universitarios. Como corolario final la obra cierra con una breve conclusión.
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