De joseph nicolosi, ph. D. & Linda ames nicolosi






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LA INCONFORMIDAD DE GÉNERO: ¿SÓLO UN MITO?



Las historias de inconformidad de género en la infancia contadas por tantos ex–gays, ¿son verdaderas únicamente para un subgrupo pequeño y estereotipado de homosexuales? ¿Esas historias no son, entonces, generales?
Un estudio muy considerado de la homosexualidad ofrece algunas respuestas reveladoras a esta pregunta. El libro Sexual Preference: Its Development in Men and Women es citado con frecuencia como un trabajo de referencia por los activistas gays. El estudio fue consolidado por el Instituto Nacional de Salud Mental y fue diseñado por el Instituto Kinsey de Investigación Sexual. Se averiguó que los hombres que llegaban a ser homosexuales tenían menos probabilidad que la mayoría de los hombres de afirmar el haber disfrutado “mucho” con las actividades tradicionales de los chicos, tales como el béisbol y el fútbol. De hecho, sólo el 11 por ciento de los homosexuales había disfrutado con esas actividades tradicionales de los chicos, en contraste con el 70 por ciento de los heterosexuales.
El doble de homosexuales afirmó haber disfrutado “mucho” de actividades solitarias, particularmente del dibujo, la música y la lectura. A alrededor de la mitad de los hombres homosexuales le gustaban las actividades típicas de las chicas (como jugar a las casitas, a la rayuela y a las matatenas) frente a sólo el 11 por ciento de los heterosexuales.22 Más de un tercio (el 37 por ciento) de los homosexuales se había vestido de chica o simuló ser una chica durante sus años escolares frente a únicamente el 10 por ciento de los heterosexuales.
Los factores familiares asociados con la inconformidad de género en este estudio fueron “madre-padre dominado,” “cercanía a la madre,” “madre fuerte,” y “bajo nivel de identificación con el padre.” Los autores del estudio concluyeron: “La inconformidad de género en la infancia resulta ser un síntoma muy fuerte de la preferencia sexual adulta entre los hombres de nuestra muestra.” 23
Estos hallazgos sobre la inconformidad de género en la infancia no son sólo ciertos para las personas que no son felices con su homosexualidad. Se ha encontrado que son ciertos también en estudios de otros homosexuales que no fueron pacientes de psicoterapia. 24


UN COMPROMISO PARA UN FUTURO SANO



Recordando las palabras del psicólogo Robert Stoller, les dije a Margaret y a Bill que “la masculinidad es una adquisición.” Lo que quise decir era que ser heterosexual no es algo que simplemente sucede. Requiere una buena educación. Requiere apoyo familiar. Y eso lleva tiempo.
Margaret cogió la idea. Dijo: “¿Quiere decir que es un proceso?”
“Sí.”

“¿Cuánto dura ese proceso?” Preguntó.
Yo sabía lo que estaba preguntando: ¿Cuándo se sabría si Stevie iba a ser homosexual? Expliqué que el periodo crucial es desde el año y medio de edad hasta los tres años, pero el tiempo óptimo es hasta antes de los doce años. “Si no hacemos nada, entonces con la llegada de la pubertad, cuando comience a sentir profundas emociones sexuales y deseos románticos, esta búsqueda de género se erotizará.”
“¿Se erotizará?”, preguntó el padre, con el ceño fruncido por la preocupación.
“Puede que empiece a experimentar con otros chicos”, les expliqué. “O incluso empezar a tener contactos con homosexuales más mayores.”
Gimió: “Esa sería la peor pesadilla para cualquier padre.”
Yo sentía la ansiedad en su voz. Como la mayoría de los padres, él esperaba que cuando su hijo creciese, se casaría y tendría hijos.
“El hecho es”, le dije a Bill, “que un chico que se encuentra confundido con su identidad sexual puede experimentar manteniendo relaciones con personas del mismo sexo, a veces con un hombre mayor. Por supuesto, eso es probablemente para reforzar una identidad homosexual.” 25
Bill se sentó en su silla y frunció el ceño. Me dijo: “Doctor, haremos lo que tengamos que hacer. Venderemos la granja.” En ese momento, pienso, Bill quería decir que haría “cualquier cosa” para ayudar a Stevie, sin importar lo drástica que fuera la acción.

Podía entender los miedos de Bill, pero le aseguré: “No tiene que vender la granja. La mayor parte del trabajo la puede hacer usted mismo. Sólo esté ahí emocionalmente para Stevie. Mantenga una relación cálida y de amor con él y no permita que se marche.”
En ese punto, le recordé las muchas horas de sesiones que he pasado escuchando a mis clientes homosexuales adultos hablándome de su búsqueda de compañeros y de sus deseos profundos de amor e intimidad erótica con hombres. Había un gran vacío en sus vidas -que se remontaba a sus primeros años- de atención, de afecto y de afirmación de un hombre; una necesidad de ser abrazado y sostenido, y luego de sentirse especial para ese “mejor amigo” que “debe estar ciertamente en algún lugar”. Muchos estaban buscando todavía el amor de su padre. “Sé un padre relevante,” le dije a Bill.
Frunció el ceño: “¿Relevante? ¿Qué quiere decir con eso?”
“‘Relevante significa dos cosas: Fuerte y también benevolente. Stevie necesita verle como confidente, con seguridad y decisión. Pero también necesita ver que le da apoyo, que él le importa, que usted es sensible. En otras palabras, Bill, déle razones a Stevie para querer ser como usted.” Le lancé a Bill una larga mirada penetrante.
A Margaret le dije: “Y usted va a tener que pasar a segundo plano”.
Parecía bloqueada. “No sé si lo he entendido. Por supuesto tengo que cuidarlo y…“
Le dije: “Lo que quiero decir es que no trate a Stevie como a un bebé. Déjele hacer más cosas por sí mismo. No intente ser su madre y su padre. Si tiene preguntas, dígale que le pregunte a su padre.”
“¿Preguntas sobre qué?”
“Sobre todo. De sexo, por supuesto. Pero también otras preguntas. ¿Por qué es azul el cielo? ¿Por qué sopla el viento? Remita a su marido cualquier pregunta, cualquier tarea que le dé a su marido la oportunidad de demostrar que está interesado en Stevie, que Stevie es muy especial para él. Tiene que demostrar que papá tiene algo que ofrecerle.”
Muchos de mis pacientes homosexuales me dicen que sus padres no tenían nada que darles. Uno de mis clientes homosexuales, que tiene veintiséis años, me dijo recientemente: “Mi padre estaba allí pero no estaba allí. Quiero decir, estaba en casa pero no puedo recordar nada memorable ni significativo de él.” 26
Bill dijo: “¿Así que usted está diciendo que Stevie no necesita terapia?”
Le dije a Bill que Stevie no necesitaba realmente la terapia. “Necesita a su padre.”
Necesita a su padre. Decirlo me resultó fácil.

A la semana siguiente, cuando Margaret vino desde Pasadena en coche, esta vez estaba sola. Y, tristemente, a mí no me sorprendió lo más mínimo que Bill no viniese. Esto, siento decirlo, es un modelo familiar. Las madres perciben a menudo lo que es preciso hacer. Y, como con frecuencia es el caso, muchos padres no parecen percibir la importancia de ello. (“Tu madre,” dicen, “lo manejará”).
“Bill no le está prestando mucha atención a Stevie,” me dijo Margaret un tanton como disculpa. “Incluso cuando regresábamos a casa después de nuestra sesión con usted,” dijo, “Bill apenas habló con Stevie. Y, por lo que sé, no han tenido ningún momento a solas desde entonces.”
Pregunté: “¿Qué sucede cuando Bill regresa a casa del trabajo?”
“No habla con Stevie, eso con toda seguridad. Apenas habla conmigo. Se toma un martini y enciende la televisión.”
Ayayay, pensé, es la misma vieja historia.
No había pasado más de una semana desde que Bill había dicho que “vendería la granja” para salvar a su hijo. No tenía dudas de que el padre amaba a su hijo y de que, en su mente, realmente quería hacer la “gran” cosa. Pero no podía hacer las cosas pequeñas, lo de todos los días, el afecto y amor que eran necesarios para que su hijo resolviese su confusión de género. Por lo visto, Bill no podía ni siquiera hablar con su hijo. Trágicamente, es un patrón demasiado familiar. En quince años, he hablado con cientos de homosexuales. Quizás haya excepciones, pero no he conocido a un solo homosexual que diga que tuvo una relación cercana, de amor y de respeto con su padre. 27
He encontrado que este es un buen test del vínculo temprano padre-hijo: ¿Hacia quién corre el niño cuando está contento, orgulloso de algo que ha hecho, cuando busca apoyo, o busca diversión y emoción? Si siempre es la madre, entonces algo va mal en la relación padre-hijo.
En nuestro propio trabajo clínico y desde la experiencia de la gran cantidad de hombres que hemos conocido, parece muy raro que un hombre que lucha con la homosexualidad sintiese que fue amado, afirmado y asesorado lo suficiente por su padre mientras crecía, o que sintiese que se identificó con su padre como modelo de rol masculino. En efecto, con frecuencia el hijo recuerda la relación como caracterizada por un sentimiento de rechazo, hostilidad mutua y carencia de interés paternal (una forma de abandono psicológico).
Pero como toda experiencia humana, esto no es universal. A veces la relación padre-hijo parece razonablemente adecuada. En esos casos, puede existir un problema con hermanos (normalmente mayores) agresivos y hostiles u otros compañeros varones o abusadores que han producido una herida grave. Sigue habiendo el mismo problema esencial: el chico tiene un sentido profundo de inadecuación de género, de no medirse en la compañía de los hombres, de no ser bastante bueno dentro del mundo masculino. Llamémoslo un problema de estima de género.
Como explica Richard Wyler, hablando para un grupo de ex–gays en el que se incluye él mismo: “No hemos conocido nunca un caso singular en el que un hombre que luche con los sentimientos homosexuales no deseados no estuviese alejado o herido de sus relaciones con los demás hombres o del mundo masculino” (www.peoplecanchange.com)
Todo chico tiene un deseo profundo de ser considerado, de ser amado por una figura paterna, de ser guiado en el mundo de los hombres, y de que se le afirme su naturaleza masculina y sea declarado suficientemente bueno por sus compañeros varones, sus varones mayores y mentores. Si ninguna de estas relaciones es lo bastante fuerte como para acoger bien al chico en el mundo de los hombres, entonces anhelará a los demás hombres desde una distancia. Como Richard Wyler, no he conocido nunca un único caso de un homosexual que no tuviese heridas de sus relaciones dentro del mundo masculino.
Yo no estaba bastante dispuesto a dar por perdido al padre de Stevie. Sin embargo, aconsejé a Margaret que, como sustituto, debería empezar a buscar otros modelos de rol masculino para su hijo. Un tío que pudiese llevar a Stevie a pescar. Un primo que pudiese enseñarle béisbol al chico. Otros varones adultos de confianza que pasasen tiempo con este chico y le hiciesen sentir especial.
Por supuesto, ningún tratamiento puede garantizar que un niño será heterosexual. Todo lo que Margaret y Bill podían hacer era maximizar las oportunidades de Stevie creando el mejor ambiente posible. Confiaba en que Margaret y Bill seguirían amando a su hijo si esos esfuerzos no tuviesen éxito.
Pero se podía hacer mucho para poner una base sana, y era hora de comenzar.
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