De joseph nicolosi, ph. D. & Linda ames nicolosi






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GUÍA PARA PADRES

PARA LA PREVENCIÓN DE LA HOMOSEXUALIDAD

DE JOSEPH NICOLOSI, PH.D. & LINDA AMES NICOLOSI

Nos honra haber tenido la alegría y la responsabilidad de criar a nuestro hijo, Joseph Jr., a quien con cariño dedicamos este libro.

AGRADECIMIENTOS

Nos gustaría agradecer a Lela Gilbert su destreza y paciencia durante la preparación del primer borrador de este libro. Nuestro afecto más cordial también para Don Schmierer por su estímulo, apoyo y fe en la importancia de un libro para padres, así como confiar en que nosotros podríamos llevarlo a cabo. Y estamos especialmente agradecidos a Richard Wyler, que nos permitió citar de forma extensa las profundas historias personales de su página web www.peoplecanchange.com.



INDICE

INTRODUCCIÓN
PARA LOS PADRES: PALABRAS PARA UNA CORRECTA INFORMACIÓN
CAPÍTULO 1
LA MASCULINIDAD ES UNA CONQUISTA
CAPÍTULO 2
EL CHICO PREHOMOSEXUAL

¿POR QUÉ DEBERÍAN INTERVENIR LOS PADRES?
CAPÍTULO 3
¿NACIDO ASÍ?
CAPÍTULO 4
EL PAPEL DE LA FAMILIA
CAPÍTULO 5
AMIGOS Y SENTIMIENTOS
CAPÍTULO 6
AFRONTAR LA ADOLESCENCIA
CAPÍTULO 7
DE MARIMACHOS A LESBIANAS
CAPÍTULO 8
LAS POLÍTICAS DE TRATAMIENTO
CAPÍTULO 9
EL PROCESO DE SANACIÓN
CAPÍTULO 10
DIARIO DE UNA MADRE

INTRODUCCIÓN
PARA LOS PADRES:

PALABRAS PARA UNA CORRECTA INFORMACIÓN

Jacob, un cliente de veinticinco años de edad, llevaba varios meses en tratamiento por la depresión que le producía su homosexualidad no deseada. Un día –conducido tanto por sentimientos de tristeza como de ira- se enfrentó a su madre:
Le dije: “Mamá, tú me veías jugar con muñecas Barbie. Me permitías utilizar maquillaje y arreglarme el pelo delante del espejo durante horas. Mis hermanos nunca hicieron nada de eso. ¿Por qué no me detuviste? ¿En qué estabas pensando?”
No tengo dudas de que mamá quería lo mejor para mí. Pero ella no tenía nada que decir. Sólo se sentaba allí y me miraba, atontada y llorosa.
Durante muchos años, he trabajado1 con hombres homosexuales que se encuentran profundamente insatisfechos por sus atracciones hacia personas del mismo sexo. El mundo gay no les va y todos sospechaban, a algún nivel, que algún suceso de su temprana infancia había servido de base para sus sentimientos homosexuales. Este libro procede directamente de lo que he aprendido de mis dos décadas de trabajo con estos hombres, de cómo intentaban comprender las causas de su atracción hacia el mismo sexo y alcanzar la libertad de forma progresiva. Una y otra vez, estos hombres me han enseñado lo que perdieron en su infancia.
Las historias de vidas que oigo todos los días, contadas por hombres como Jacob, que están luchando para curar su homosexualidad, generalmente incluyen recuerdos dolorosos de confusión de género. El hecho es que existe una gran correlación entre la inconformidad de género en la infancia y la homosexualidad adulta. La mayoría de los hombres a los que trato no fueron tan femeninos como Jacob: no jugaban con muñecas ni se vestían de niña. Pero de igual forma, existían signos reveladores de conflictos y dudas sobre la afirmación de su género. Particularmente, tenían un miedo enorme a no encajar de alguna forma con los demás chicos.
Y, sin embargo, sus padres –la amplia mayoría de los cuales amaba mucho a sus hijos y buscaba lo mejor para ellos – la mayoría de las veces no hicieron caso a las prontas señales de aviso y esperaron demasiado para buscar ayuda para sus hijos. Una causa de esto es que la profesión de la salud mental no les está diciendo la verdad sobre la confusión de identidad de género de sus hijos. Los padres no saben qué hacer, si es que pueden hacer algo.


¿PERPETUAR LOS ESTEREOTIPOS DE GÉNERO?
No podemos estar de acuerdo con la gente –muchos de ellos dentro de la profesión de la salud mental- que dice que cada uno de nosotros puede “ser lo que queramos ser” en términos de identidad de género u orientación sexual. Hablan como si ser gay o lesbiana no tuviese las más profundas consecuencias para nosotros como individuos, para nuestra cultura y para la raza humana. Hablan como si nuestra anatomía no fuese en ningún sentido nuestro destino. Insinúan que cuando ayudamos a nuestros hijos a madurar más plenamente en su masculinidad o feminidad, lo cual es su destino por creación, simplemente estamos perpetuando estereotipos anticuados de género.
Pero la raza humana fue creada varón y mujer. No existe un tercer género. Además, la civilización nos ha mostrado que la familia humana natural (padre, madre e hijos), con todos sus defectos, es el mejor ambiente posible para la educación de generaciones futuras. ¿En verdad nos hemos equivocado durante tantos cientos de años? ¿Vamos a dejar de lado toda la historia en favor de los últimos shows de televisión sobre las maravillas de la flexibilidad de género?
Como dice el Dr. Socarides, prominente psicoanalista: “En ninguna parte dicen los padres: ‘No me importa si mi hijo es homosexual o heterosexual.’ ”2 Si se les da a elegir, la mayoría de los padres preferiría que sus hijos no se viesen implicados en la conducta homosexual.
En ciertos círculos intelectuales está de moda creer que los seres humanos no tenemos “ley natural” innata y que la esencia del ser humano es la libertad para redefinirnos a nosotros mismos como queramos. Pero, ¿qué bien puede traernos la libertad si es utilizada como desafío de quienes somos?
Algunas cosas, argumentaríamos nosotros, no son redefinibles. Si de hecho la normalidad es “que esta actúe según su diseño” –y creemos que es verdad- entonces la naturaleza nos apela a realizar nuestros destinos como varón y mujer.
En este libro utilizaremos los siguientes términos de manera intercambiable: pre-homosexual, con conflicto de género, con confusión de género y con desorden de género. Todas estas condiciones tienen el potencial de conducir a la homosexualidad. El desorden de identidad de género (DIG) se refiere a una condición psiquiátrica que es un ejemplo extremo de este mismo problema de conflicto interior de género. El niño con DIG es infeliz con su sexo biológico. Muchos de los niños que describimos –en el transcurso de su desarrollo hacia la homosexualidad- no alcanzaron los criterios estrictos para un diagnóstico clínico de DIG pero, sin embargo, las señales de aviso del conflicto de género y de la homosexualidad estaban allí.


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