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LA FOTOGRAFÍA



Carlos Mateo Martínez

Francisco Moreno Sáez

En 1839, el académico y diputado François Aragó da a conocer a la Academia de Ciencias de París y al mundo entero el nacimiento de la fotografía. Es el trabajo de muchos investigadores de la ciencia y de la técnica, que culmina, en un corto espacio de tiempo, en tres nombres propios: Nicéphore Niepce, Louis M. Daguerre y William Fox Talbot. Desde entonces hasta hoy, los perfeccionamientos y avances que ha ido experimentado la producción de imágenes originadas por la captación química de la luz han sido inmensos, y es imposible evaluarlos y cuantificarlos. Ese arte nuevo se ha popularizado y democratizado, y millones de imágenes, todo un mundo de iconografías impresas pueblan nuestros añejos y entrañables álbumes familiares, los libros y, afortunadamente, los archivos, colecciones privadas y museos públicos.
Considerada siempre como hija menor de las Bellas Artes, como una especie de “sierva de la pintura”, la fotografía ha tenido una estructura historiográfica muy similar a las demás artes: un tiempo, una progresión en sus avances químicos y tecnológicos, sus mitos y sus géneros. Hemos de señalar que la fotografía nace en pleno Romanticismo, movimiento individualista, soñador y generoso que postula una alternativa de libertad, tanto en la dimensión artística, como en la política y social, asumiendo los postulados ideológicos de signo liberal y afrontando la ruptura con lo que representa el Neoclasicismo, que era la vuelta al orden grecorromano. La fotografía inicia una trepidante carrera impulsada por los progresos tecnológicos que hacen que adquiera una insospechada dimensión y que comience a articularse y construir su propia historia: nuevos campos y nuevos temas o géneros en unos territorios que no conocen límites.
Desde finales del siglo XIX se produce la apertura del mundo del arte hacia el soporte fotográfico; grandes artistas se preguntaban si era la fotografía el medio eficaz, clarificador, para acceder a todo lo que escapa a la visión del ojo. Artistas que captaron que podía ser una buena herramienta de trabajo y fuente de inspiración para emprender nuevas creaciones. La historiografía existente nos cuenta el papel que la fotografía desempeñó en la obra de Degas, Gauguin, Munch, Vouillard, Bonnard o Picasso y en escultores como Rodin, Brancusi y Rosso, proporcionándoles nuevos registros visuales para acceder a nuevos medios de experimentación.
Las vanguardias artísticas de la década de los veinte y treinta pusieron todo su empeño en acabar con el arte de su tiempo; no les interesaba nada. Su mayor esfuerzo se encaminó a la búsqueda de una experimentación que propiciara un nuevo lenguaje y una nueva estética; un nuevo concepto del binomio arte-espectador. El modelo de arte único, integrador, preconizado por la Bauhaus, terminó con la “pureza” del arte para dar cabida a las llamadas artes aplicadas: cartelismo, fotografía industrial, la publicidad, la fotografía documental, el fotomontaje... El pintor Man Ray presenta en 1922 su “rayograma”, en el que defiende la fotografía como arte popular: “Fotografío lo que no puedo pintar; pinto lo que no puedo fotografiar”. Sus tesis se plasmaron en el famoso monográfico de “D’Ací i d’Allà” de 1934, dedicado al arte del siglo XX. Kurt Schwitters y el también pintor y fotógrafo Moholy-Nagy y su “nueva visión” le acompañaron en esta aventura vanguardista.
1. La fotografía en Alicante entre 1918 y 1936.
Los fotógrafos que durante los primeros años del siglo venían trabajando en la provincia continuaron haciéndolo durante los años veinte y treinta, sin que se produjeran –al margen de algunas excepciones que trataremos posteriormente- ni la aceptación plena de la fotografía como una de las bellas artes ni la organización de sociedades fotográficas como en otros lugares, aunque algunas entidades –sobre todo, el Ateneo alicantino- prestaron ya cierta atención al tema y cedieron sus salones para exponer fotografías. Con todo, el desarrollo de las postales y los intentos que, en los años de la Dictadura, se hicieron para fomentar el turismo en distintas comarcas propiciaron el desarrollo de la fotografía, especialmente de los paisajes y tipos populares. Es curioso señalar que esa sería también la excusa que, años después, en la década de los cincuenta, permitiría la creación y el desarrollo de Sociedades Fotográficas y justificaría el apoyo oficial a los Salones de Fotografía.
Así, en junio de 1925, un diputado provincial, Gonzalo Faus, invitó a los fotógrafos profesionales y aficionados a una reunión, para establecer las bases de “un concurso Exposición de fotografías de paisajes, lugares y monumentos dignos de ser visitados en esta provincia”, de entre las que un Jurado competente elegiría las mejores para figurar “en un Album de turismo que se proyecta editar para que, repartido profusamente, estimule la afluencia de forasteros durante la próxima Feria Muestrario”. No tenemos más noticias de esa cuestión, aunque parece que la citada Feria no pasó de proyecto.
El mismo objetivo tenían unas exposiciones organizadas por la entidad “Alicante Atracción”, a finales de los años veinte. En septiembre de 1928, se convocaba una Exposición de Fotografías sobre vistas, paisajes, monumentos, fiestas, costumbres, tipos populares de Alicante y su provincia, con el fin de “intensificar el turismo en Alicante y su provincia” y publicar al efecto “varios folletos de propaganda”. Había un premio de 250 pesetas, otro de 150, otro de 100 y veinte premios de 25 pesetas. Y la Comisión podría adquirir, al precio de diez pesetas, cualquier fotografía que le interesase, que podría ser también reproducida mediante diapositiva en “una exhibición cinematográfica”. La exposición debió llevarse a cabo en los salones del Círculo Unión Mercantil y sólo sabemos que el Jurado calificador lo formaban el presidente de la entidad, Manuel Pérez-Mirete, los pintores Lorenzo Aguirre y Emilio Varela, el fotógrafo Manuel Cantos, Rafael Campos de Loma y Julio Pillet. Al año siguiente, y en el contexto de las fiestas de Hogueras, en su segundo año, “Alicante Atracción” anunciaba otra exposición de fotografías, que se prolongó hasta primeros de julio y cuyo Jurado de admisión componían Cantos, Pillet y Campos de Loma. La casa Kodak ofreció una ampliación de lujo al ganador.

Además, tenemos alguna noticia aislada de algún concurso de fotografía o de la presencia de la fotografía en exposiciones generales. En el primer caso, tendríamos que recordar que la Asociación de San Jorge Mártir, de Alcoy, ya en 1921, convocó un concurso de fotografías sobre las fiestas, al que podían concurrir profesionales y aficionados y cuyos premios eran “tres máquinas fotográficas de lo más moderno”. El Jurado calificador, que presidía Fernando Cabrera, únicamente concedió un premio, al trabajo presentado con el lema “Pensylvania”. No debió tener mucho éxito esta convocatoria, que quedó en un hecho aislado. De otro lado, en noviembre de 1933 la Peña Alpina Alcoyana, que se reunía en la Casa del Pavo, propiedad del pintor Cabrera Cantó, ofreció la I Exposición Alpina de Fotografía, con la colaboración de los Montañeros de Aragón y la SEA Peñalara (Madrid): eran fotos de los macizos españoles y de “las bellezas que encierra Alcoy” con el objetivo de hacer surgir vocaciones excursionistas.
En el segundo caso, sabemos que en una exposición organizada por el Círculo de Bellas Artes de Alicante, en el verano de 1918, un aficionado llamado Viviente presentó “unas bellísimas fotografías artísticas que merecen unos justos elogios”. En 1921, en el Centro de Escritores y Artistas de Alicante, expusieron sus fotografías en un concurso los aficionados locales Ribas, Salgado, Benesiu, Martínez y Luis de Salvador: además, se proyectaron unas diapositivas de la Sociedad de Atracción de Forasteros de Barcelona. Y en septiembre de 1932, coincidiendo con las fiestas locales, se expusieron en el vestíbulo del Teatro Chapí, de Villena, unas fotografías de Luis García Ferriz, “pintor colorista que cambió la paleta por la cámara fotográfica”, aunque no por ello dejó de estar muy influido por sus orígenes: la mayoría de sus obras eran “siluetas de mujer” con títulos como “Dulzura”, “Candor”, “Meditación”, “Espiritualidad” o “Provocación”.
En cuanto a los fotógrafos más representativos de la provincia, algunos marcharon a otras tierras o dejaron la profesión, pero la mayoría –como Darblade en Torrevieja o Marsal en Denia- continuó su labor, trabajando en sus estudios, colaborando en Blanco y Negro, Mundo Gráfico, Mundo Ilustrado y otros semanarios gráficos, cada día más abundantes. En Alicante, hacían lo propio José Bosch, A. Terol, Salvador Sánchez y, sobre todo, Francisco Sánchez, que ya en los años de la II República destacó por sus extraordinarias creaciones en el retrato, el reportaje y en su labor puramente artística: Paco Sánchez sería, ya en la postguerra, el fotógrafo de Alicante por excelencia, aunque, por desgracia, se han perdido muchas de sus imágenes, sobre todo las que mostraban su labor como reportero.
En cambio, en octubre de 1923 Manuel Cantos –al que se denominaba “verdadero y elogiable cronista gráfico de Alicante”- anunciaba en la prensa alicantina su propósito de retirarse de la profesión de fotógrafo para instalar una Academia de Pintura, Dibujo y Caligrafía, aunque prometía continuar su crónica gráfica de la ciudad “que tanto mérito tiene”. De otro lado, sabemos que otro importante fotógrafo, Jaime Belda, había abandonado hacia 1914 su Novelda natal para instalarse en Albacete. Sin embargo, en el verano de 1931 se llevó a cabo en el Casino de Novelda una exposición de este “artista fotógrafo que se vale del objetivo y de la cámara como el pintor de los pinceles y de la paleta, para plasmar sobre el papel el alma de las personas y las cosas”. Eran más de setenta obras, algunos retratos con magníficos contraluces y atrevidas medias tintas, etc. Y sus paisajes, según el cronista que comenta la exposición en El Luchador, recordaban los cuadros de Rusiñol o Zuloaga, porque en algunas obras “deja de ser fotografía la obra del artista y se convierte en cuadro jugoso o en aguafuerte recio”. Citaba en concreto las fotos tituladas “Plaza Mayor de Chinchilla”, “Interior de la Catedral de Burgos”, “Una calle de Molinicos”, “Patio del Toboso”, “Castillo de Almansa”, varias imágenes de Granada y la Alhambra, jardines de Novelda y Albacete, etc.
En las comarcas de l’Alcoià, el Comtat y la Foia de Castalla habría que recordar la labor realizada por la saga de los Matarredona, uno de los cuales, Julio Matarredona, expuso sus obras en Alcoy en septiembre de 1934; a su primo Antonio Matarredona Sanchís, que se firma con su segundo apellido para diferenciarse de ellos; Carlos y Fernando Palacio, que captaron muchas vistas de la vida cotidiana, los trabajos y las fiestas alcoyanas; a Bautista Reig, apodado “el Ateniense”, influido por el naturismo y aficionado a combinar luces y sombras, todos ellos en Alcoy; Juan y José Mª Santonja, en Banyeres; José Parra Martínez, en Biar; José y Trinidad Blanco, en Castalla; Alfredo Gómez Company, en Ibi; E. Valdés Santonja, en Onil; Vicente Puchol, en Benilloba: José Llopis Sala y Rafael Campos Blanquer, en Cocentaina, etc, que nos son conocidos gracias a la investigación recientemente llevada a cabo por Emili Cortell, José Mª Segura y Pere Ferrer. Muchos de ellos tuvieron estudio, otros eran aficionados y otros trabajaron como fotógrafos ambulantes, pero todos dejaron importantísimos testimonios de la vida en esas comarcas en los años anteriores a la guerra civil.
Además, habría que recordar a Cayetano Cervera, que trabajó en Benisa y dejó valiosos testimonios de la construcción de la Catedral de la Marina o del puente del Mascarat; Esquembre López, Hermógenes, y Eduardo González, en Elche; Enrique Fonseca, en Ondara; Ramón López, que tenía su “Studio Photo-España” en Monóvar; Jorge Romero y Alfredo Rizo, en Novelda; Antonio Cotanda y Enrique Mercier, en Orihuela; Linares Ortíz, en Villajoyosa; el “Foto-Studio Ripoll” de Villena o el “Foto Art Uñak” de Sax...
2. Francisco Mora Carbonell
Como se sabe, se denomina “pictorialismo” a la tendencia de algunos fotógrafos que trataban de imitar a la pintura como forma de elevar a la fotografía hasta la consideración de las bellas artes, coincidiendo con el prerrafaelismo. Sus creadores fueron Óscar Gustave Rejlander (1813-1875) y Henry Peach Robinson (1830-1901). El negativo, para ellos, era un mero boceto y es el positivo el que lo convertía en obra de arte. En España esta tendencia surgió, con mucho retraso, en los años veinte y subsistió hasta los años cincuenta. Los máximos representantes del pictorialismo en el ámbito estatal fueron Eduardo Susanna, Joaquín Pla Janini y José Ortíz Echagüe. En el País Valenciano ese movimiento tuvo una gran aceptación entre los años veinte y 1936, destacando Vicente Peydró Marzal, Julio Matutano, Vicente Martínez Sanz, Valentín Pla Talens, Miguel Botella Donderis, Carlos Gutiérrez Torres y Germán Colóm Ríos.
Francisco Mora Carbonell (Alcoy 1898-1977) fue “el máximo exponente valenciano del movimiento pictorialista”, participó en numerosísimos concursos, obteniendo innumerables premios y distinciones. Cultivó los procedimientos del fressón, bromóleo y bromuro, que preparaba él mismo. Hizo en Valencia, en 1930, una exposición individual con gran éxito de público y crítica. Obtuvo el premio mundial de la Sociedad Emerson de Londres en 1932 y el Premio de la Asociación Mundial de Suiza en 1938. En 1934, de quinientos participantes alcanzó el puesto 32 en The American Annual of Photography. Sus obras aparecieron publicadas en las revistas Idee und Form, de Hamburgo, y The Pictorialist, de Los Ángeles. Destacaba en su obra el ritmo de la composición, la delicadeza en las gamas de las medias tintas y el clímax luminoso traducido en claros y oscuros sabiamente distribuidos. Perteneció a la Agrupación Francesa Internacional de Arte Fotográfico y fue asesor artístico de la Asociación de San Jorge entre 1944 y 1947. Meticuloso en encuadres y composiciones, daba siempre una luz especial y proporcionaba la sombra o el claroscuro exacto para cada ocasión. Al parecer, también realizó dos exposiciones en el Círculo Industrial de Alcoy, antes de la guerra civil, que pasaron bastante desapercibidas.
Durante su vida, no se le valoró de modo suficiente, pues en Alcoy era más conocido como directivo del Alcoyano o por sus cargos en la Asociación de San Jorge. Gerente de “Automóviles La Alcoyana”, fue también pionero de algunos deportes como el hockey o el tenis, llevó a Alcoy la primera máquina de cine sonoro y rodó las dos primeras películas sonoras sobre la Fiesta de Moros y Cristianos. Persona muy introvertida, no gustaba de tertulias ni acudía habitualmente a recoger los premios. Trabajaba sobre todo en el “cuarto oscuro”, utilizando las técnicas del fressón y del bromóleo, por lo que hacía de la fotografía casi un grabado. Una de sus fotografías más expresivas, “Paisaje” estuvo expuesta en más de veinte salones de los Estados Unidos, al enviarla a un certamen y estallar entonces la guerra civil, siendo devuelta al llegar la paz la fotografía, en cuyo dorso figuraban todos los lugares en que había sido expuesta. Otras obras destacadas fueron “Picapedrero”, “Nada, sólo luz”, “Día de cobro”, “Ayer y hoy“, “Noviembre”, “Calle de San Roque”, “Lago romántico” y “Nocturno”. Especialista en paisaje, captó a la perfección los alrededores de Alcoi con su “Rolleiflex”, e hizo también acertados retratos.
3. Ángel Custodio y el Ateneo alicantino.
En el Ateneo alicantino, donde tuvieron acogida todo tipo de actividades culturales en los años de la Dictadura y de la República, hubo también algunas exposiciones de fotografía. Así, en febrero de 1924, junto a unas esculturas de Pascual Sempere Sánchez, se expusieron en el Ateneo “unas artísticas fotografías” de Antonio Terol –que tenía el estudio conocido como “Photo”-, “demostrativas de lo justificado de su reputación de notable fotógrafo”. En octubre de 1926 organizó el Ateneo una exposición de fotografías de paisajes de la provincia y la Comisión organizadora invitó a participar en ella a “los artistas fotógrafos y aficionados”. Constituyó un gran éxito y la prensa incitaba a todos a ir al Ateneo “donde verán las grandes bellezas de nuestros paisajes, nuestro incomparable mar, nuestros típicos lugares”.
A finales de febrero de 1928 se inauguró en el Ateneo una exposición de fotografías de aficionados que había organizado la casa Kodak: además, un técnico de esta casa comercial se ponía a disposición de los aficionados “para resolverles cuantas dudas tengan sobre fotografía, así como para hacerles demostraciones prácticas de positivado y revelado por los métodos Kodak, todo a la luz del día, y de proyecciones con el cine Kodak”. De todos modos, y con alguna excepción, no estaba todavía muy admitida la fotografía en el ámbito cultural y, desde luego, era considerada una especie de “sierva de la pintura”: no deja de resultar significativo que cuando en junio de 1935 se instale en el Ateneo una exposición en homenaje al recientemente fallecido Manuel Cantos, a nadie se le ocurriera incluir en ella sus magníficas fotografías: hubo únicamente paisajes y apuntes del que había sido también director de la Escuela de Artes y Oficios y cartelista.
La excepción la constituye Ángel Custodio, persona muy relacionada con la intelectualidad alicantina de la época y amigo y fotógrafo del pintor Emilio Varela. En abril de 1929 se anuncia en el Ateneo una Exposición de Fotografías del “inteligente aficionado” Ángel Custodio Fernández, que presentaría unas sesenta obras. “La parte más interesante de la exposición la constituye las fotografías realizadas empleando los procedimientos pigmentarios modernos, que dan la impresión de cuadros al óleo o de verdaderos aguafuertes” . En la anónima crítica de la exposición que publica El Luchador, se asegura que, a diferencia de la mayoría de los aficionados “que no tratan, las más de las veces, más que de reflejar imágenes, a menudo, faltas de sobriedad y de transparencia”, Custodio había utilizado procedimientos modernísimos “para dar a la fotografía líneas y medias luces sorprendentes”, de forma que se podía considerar a la fotografía como “el Pórtico de la Pintura”. Había fotografiado Custodio el mar y las callejas, rincones de Granada, alquerías levantinas, etc. La mayoría de las fotografías expuestas eran contraluces –“firmamento enrarecido, mar encapotado, montes envueltos en la red de nubes cenicientas”- y Custodio había empleado las tintas grasas, la resinotipia.
Estamos, pues, ante un fotógrafo “pictorialista”, del que poco sabemos. De una crónica de su exposición publicada en Diario de Alicante sabemos que Custodio “se había asomado a todas las exposiciones últimamente celebradas en Alicante y a ellas había llevado su arte”, habiendo concursado con éxito en otras ciudades españolas y extranjeras. Buscando información y sugerencias en revistas francesas, inglesas e italianas, había seguido trabajando y experimentando. Sus sesenta fotos eran “la muestra más considerable de las hasta ahora vistas en Alicante”. Los temas eran la Sierra –sobre todo, Aitana, las calles de Benimantell- y el mar –fotos del puerto, gentes del mar en días de lluvia-, que parecían aguafuertes, así como vistas de Granada, Valencia y Madrid. En el catálogo figuraban también los procedimientos utilizados para suprimir "lo que hay de servil semejanza" para dar cabida “a la manifestación personal del artista”.
Custodio volvió a exponer en el Ateneo en junio de 1932: de nuevo, a propósito de un retrato de Varela, algún comentarista de prensa elogiaba su capacidad para “hacer de la máquina fotográfica algo más que un simple utensilio”. Expuso Custodio retratos de personajes populares e intelectuales amigos, contraluces, “bodegones” e “interiores”, para los cuales utilizó “todos los sistemas y todos los procedimientos de revelado: fress-on, resinoterapia, bromóleo, carbón Arvel, bromuro, etc”. Ferrándiz Torremocha animaba a otros fotógrafos alicantinos a abandonar “los arcaicos sistemas al uso” y acoger estas novedades de las que Ángel Custodio era primer portavoz y heraldo.
4. La fotografía en la guerra civil. Altavoz del Frente.
El fotoperiodismo, la fotografía como documento, como expresión de la realidad, tuvo su gran momento en 1925 con la presentación en la feria de Leipzig de la legendaria cámara Leica. Los constantes y veloces avances tecnológicos propician la aparición de una cámara ligera, con objetivos de mayor calidad, luminosidad, y el acceso a película de 35 mm. , más rápida y de mayor sensibilidad. Toda una bendición para el reportero, que le permite poder arrinconar la vetusta y pesada cámara acompañada de trípode, pues la Leica se cogía con una sola mano y permitía enfocar a la altura del ojo. El fotoperiodismo, nacido en Alemania, y que ya había documentado para la historia la guerra civil americana, la guerra del opio en China, la Comuna de París, la Gran Guerra, la Revolución de Octubre, etc., desarrolló mayor imaginación, elevó su categoría y demanda gracias a la fuerte competencia editorial al tener que cubrir la información gráfica de una prensa con considerables tiradas y fuerte implantación en los mercados.
La Guerra Civil española fue seguida con atención por la opinión pública mundial. El golpe militar del general Franco, que provocó la lucha fratricida entre los alineados en los bandos nacional y republicano, fue, entre otras muchas cosas, el escenario idóneo donde probar tácticas y estrategias militares y las posibilidades reales de nuevas armas. La brutal agresión de Franco al régimen democrático republicano, produjo un rechazo total en el mundo liberal, progresista e intelectual internacional.
Destacados reporteros gráficos hicieron acto de presencia en los campos de batalla; entre otros muchos, destacaremos a dos personajes de gran significación: Agustí Centelles y Robert Capa. Joan Fontcuberta, en su excelente estudio sobre la fotografía en Catalunya, destaca en Centelles unas cualidades que le hicieron un sitio de honor en el fotoperiodismo moderno: intuición para prever la noticia, sentido de la imagen, capacidad para condensar la atmósfera de una situación, destreza en anticiparse a un gesto o una expresión... “En él era imposible la neutralidad emotiva, la distancia fría, profesional, de los reporteros foráneos que, aunque simpatizaban con la causa, pisaban tierra extranjera. En la obra de Centelles el rigor y la asepsia informativa se debatían con la visceralidad y la pasión, y estas últimas ganaban casi siempre”.
Robert Capa ya era un conocido fotoperiodista cuando consiguió la famosa toma del miliciano abatido por una bala en la Guerra Civil. Poco después, alcanzaría las más altas cotas como autor de las mundialmente conocidas y valoradas fotos del desembarco de Normandía, el 6 de junio de 1944. Capa es uno de los reporteros que rechazaron el estatus convencional y formal de su trabajo. En la década de los años treinta hizo valer, frente a los magnates de las editoriales, su papel y su derecho a interpretar y captar los acontecimientos. Lejos de la toma preparada, le gustaba ir directamente a la instantánea viva, con gentes de todas clases, intentando siempre sorprenderlas en su intimidad con su Leica. Con el también famoso H. Cartier-Bresson, David Seymour y George Rodger fundaría en 1947 la mítica Agencia Magnum, cuyos archivos constituyen hoy un auténtico patrimonio cultural universal
En la provincia de Alicante y durante la guerra civil, únicamente tenemos noticia de alguna actividad fotográfica –al margen de las poco numerosas fotografías tomadas por particulares en los frentes y en la retaguardia- en el marco de la denominada Alianza de Intelectuales Antifascistas para la Defensa de la Cultura, que se estableció en el Ateneo –trasladado a un palacete de la calle de Villavieja- y organizó la actividad cultural de Alicante y de algunas localidades de la provincia en las diversas secciones de Altavoz del Frente.
En la sección de Artes Plásticas y junto a pintores como Gastón Castelló, Melchor Aracil, González Santana y otros, el fotógrafo Paco Sánchez colaboró en las distintas actividades que tenían como función principal la propaganda. Así, muy pronto Altavoz del Frente organizó un mural semanal, titulado “Proa”, situado en la céntrica Rambla de Alicante, en la que se analizaba la marcha de la guerra y los problemas creados por la nueva situación. Altavoz del Frente organizó, además, en 1937 una serie de exposiciones, en el vestíbulo del Teatro Principal –donde también se llevaban a efecto sus actividades teatrales, cinematográficas y musicales-, para “elevar la moral de la retaguardia y popularizar las consignas que han de llevarnos a la victoria”. Junto a dibujos, esculturas, carteles, “trofeos de guerra” –camisas negras italianas, bombas alemanas-, aparecieron en ellas unos dibujos de Melchor Aracil y unas fotografías de Francisco Sánchez, que recogían la actividad del frente de Granada, en el que luchaban muchos alicantinos. Que sepamos, nada de ese testimonio gráfico de Francisco Sánchez se ha conservado, aunque a él pertenecen las escasas fotografías que existen sobre esos años: los bombardeos sobre el puerto, los actos de Altavoz del Frente en el Teatro Principal, los edificios incautados por partidos y sindicatos, los cartelones con las efigies de dirigentes obreros en las calles, las iglesias y otros edificios protegidos con sacos de las bombas, y poco más. En ninguna de ellas aparece ningún personaje y es fama que Sánchez procedió a la destrucción de su archivo relativo a la contienda al darse cuenta de que las autoridades franquistas pretendían utilizarlo para argumentar su represión, cosa que, al parecer, también hicieron algunos otros fotógrafos alicantinos.
5. La fotografía en los años cuarenta.
Como sucedió en otros muchos ámbitos de la cultura, los años cuarenta no fueron muy propicios para el desarrollo de la fotografía. En muchas localidades españolas, donde ya se habían formalizado, con anterioridad a la guerra civil, sociedades fotográficas, las autoridades procedieron a poner en “cuarentena” o a disolver de hecho esas sociedades, pues los primeros tiempos del franquismo no eran, precisamente, propicios para la vida asociativa, al margen del partido único y sus ramificaciones. Así, en Valencia, había desaparecido el “Foto-Club Valencia” y hasta 1946 no se pudo convocar, en el seno de la Obra Sindical Educación y Descanso, un concurso provincial para “los productores” –ya se sabe que no se podía hablar de obreros, en esos años- aficionados a la fotografía. Tres de los participantes en ese concurso consiguieron que se autorizase la creación de la Agrupación Fotográfica Valenciana de Educación y Descanso.
También en la provincia de Alicante, en los años cuarenta –y al margen de la curiosa excepción de la Peña Fotográfica que existía en Elche y de la que hablamos más adelante- los concursos fotográficos aparecen de la mano de Educación y Descanso. Esta Obra Sindical organizaba en el ámbito nacional una “Exposición Nacional de Arte” y en cada provincia se celebraban Concursos para seleccionar a los “productores” que participarían en ella. El II Concurso Provincial de Fotografía se celebró en el verano de 1946 y en las bases se recordaba que en la Exposición Nacional se premiarían las mejores fotografías sobre los siguientes temas: “a) El productor español en la industria; b) El productor español en la tierra. c) El productor español en el deporte; d) El productor español en el arte; e) Luz y belleza en el trabajo; y f) El productor español en el mar”. Y en las Bases de la III Exposición Provincial de Fotografía, dedicada exclusivamente a “los productores” que no hubiesen tomado parte en concursos nacionales o internacionales ni hubieran conseguido premios destacados en concursos provinciales o locales, se decía que el tema era “completamente libre, exceptuándose sólo lo que pueda ser contrario al espíritu del nuevo Estado”. Se admitían, pues, retratos, paisajes, naturalezas muertas: “No obstante, la Jefatura Provincial de Educación y Descanso podrá rechazar aquellas que por su asunto o concepción estime no deben figurar en este certamen”. La Exposición se inauguró, en la planta baja de la Casa Sindical, el 10 de mayo de 1948, con 65 fotografías. El Jurado tenía como presidente de honor al Gobernador Civil y como presidente efectivo al delegado provincial de Sindicatos y lo componían José Rico de Estasen, el arquitecto José Iváñez Baldó, Salvador Escarré, el fotógrafo Francisco Sánchez y, como secretario, Rafael Olmos y Escobar, inspector de enseñanza y secretario provincial de Educación y Descanso. Fueron premiados Antonio Guijarro, José Luis Frías, Manuel Díaz, Carlos Frías y Eduardo Fuentes.
El IV Salón Provincial de Fotografía de Educación y Descanso se inauguró el 3-VIII-1949, con diversas autoridades y numeroso público. La prensa destacó unas diapositivas en color de José Martínez Jover y la fotografía “Agua fresca”, de José Luis Frías, “a nuestro juicio, la mejor figura del Salón”, así como las presentadas por los grupos sindicales de Cros y Obras del Puerto. El Jurado elogió a la Junta de obras del Puerto “por el apoyo prestado a los productores de dicha entidad participantes en este certamen”. Entre los premiados figuraban algunos de los que pasarían después a formar parte de la Sociedad Fotográfica Alicantina, como José Martínez Jover y Antonio Guijarro.
Al margen de concursos –todavía, como se ve, muy limitados-, muchos fotógrafos alicantinos continuaron su obra personal, destacando Mora Carbonell y Francisco Sánchez: de éste último, la prensa informa de vez en cuando de sus éxitos. Por ejemplo, los premios obtenidos en 1944, en el Concurso Nacional que organizaba el Club Deportivo Bilbaíno, en 1945, en el I Concurso Nacional de Fotografía de Elche, y en 1948, por su fotografía “Tradición” -un motivo de la Semana Santa alicantina- en una Exposición organizada en Buenos Aires por el Instituto de Cultura Hispánica. Junto a ellos comenzaba a destacar el alicantino Luis Asensi Limiñana, afecto también a la corriente “pictorialista”, poseedor de un gran dominio de las técnicas de la goma bricromatada, el bromóleo, el fresson y la cioanotipia; participó en numerosos concursos españoles y extranjeros, y cuya obra mereció el reconocimiento de la Federación Internacional del Arte Fotográfico.
A pesar de su contribución a la memoria gráfica de toda la provincia, no es posible citar aquí a la gran cantidad de fotógrafos que, en sus estudios o de forma ambulante, retrataron bodas, festejos, primeras comuniones, familias numerosas, etc, en los años cuarenta y cincuenta: recordemos, sin embargo, a Vicente Albero, en Novelda; los hermanos Coello, en Altea; Jerez, Molina, Puertas, Alfonso Sánchez y los hermanos García, en Alicante; Simeón Noguerolas, Jaime Galiana, Francisco Pérez Bayona (“Quico”) o Patty Straton, en Benidorm; Ceferino Abril y “Monferval” en Elche; José Martínez Limorti “Caneu”, en Monóvar; José Marsal Mahiques, en Dénia; Juan Ferré y Dámaso Francés, en Banyeres; José Huertas y Facundo Sala, en Ibi; Antonio Conesa, en Torrevieja o “Soli” en Villena. Algunos de ellos fueron también corresponsales de prensa y, en definitiva, captaron la vida cotidiana y las transformaciones urbanas de pueblos y ciudades, sin excesivas pretensiones, aunque algunos de ellos formaron parte también de las Sociedades Fotográficas que en Alicante y Alcoy se crearon en los años cincuenta e, incluso, obtuvieron algunos galardones de importancia: así, Julián Llopis Botella –que trabajaba en Valencia y Cocentaina desde 1939- que obtendría en 1964 una medalla de plata en el concurso de la Feria de Nueva York por su foto “El mundo y sus habitantes”...
6. La Sociedad Fotográfica Alicantina.
Aunque la creación y proliferación de asociaciones fotográficas, cuyo modelo era la Royal Photographic Society de Londres (1835), había sido grande en los años anteriores a la guerra civil, sobre todo en Cataluña, estas agrupaciones de profesionales y aficionados que trataban de contribuir al avance científico, artístico y técnico de la fotografía tuvieron, como en general cualquier forma de vida asociativa, graves problemas para volver a funcionar después de la contienda y no se desarrollaron en Alicante hasta los años cincuenta.
Como asegura Publio Mondejar, “la década de los cincuenta constituyó la edad dorada del asociacionismo”. En general, las Agrupaciones Fotográficas se reducían a exiguos locales, mantenidos gracias al esfuerzo de unos pocos entusiastas que, sin embargo, mantuvieron viva la llama de la afición fotográfica “en aquellos años oscuros”. A lo largo de más de medio siglo de existencia, el asociacionismo “generó una estética que se eternizó en la práctica del salonismo, y cuya mórbida influencia lastró la obra de varias generaciones de aficionados”, pese a lo cual hubo grandes fotógrafos que supieron superar el academicismo y preciosismo predominantes.
La Sociedad Fotográfica Alicantina, creada en septiembre de 1952, tuvo un antecedente en el llamado Foto Club Alicante, del que fueron promotores Nicolás Collado y Emilio Ajo, en 1951. Ya incorporada al Instituto de Estudios Alicantinos, la SFA tuvo su sede en dicha entidad, en un local de la calle de San Vicente, 50, en Alicante. La Sociedad ofrecía a sus socios una biblioteca de temas fotográficos y sala de lectura, laboratorio, excursiones y concursos, intercambio de aparatos materiales, participación en concursos y salones nacionales e internacionales, biblioteca literaria circulante (del IDEA), orientaciones artísticas y técnicas a través del Boletín, exposiciones, convivencias e información de manifestaciones fotográficas. La cuota de socios de la SFA era de 10 pesetas mensuales y los no residentes en Alicante –correspondientes- de 5 pesetas al mes. En su reglamento, se enumeraban los objetivos de la SFA, “esencialmente artísticos y científicos, y desde luego con carácter aprofesional”. El objeto de su creación era “el fomento de cuanto con el arte fotográfico se relaciona y la defensa de los comunes intereses de cuantos lo cultivan en general”... “a cuyo fin celebrará conferencias sobre asuntos relacionados con la fotografía y la cinematografía; organizará concursos y exposiciones locales, provinciales, nacionales e internacionales; y otras de marcado carácter siempre relacionado con el mejor desarrollo de esta afición; llevará a cabo excursiones artísticas y en fin ayudará a los asociados en cuantos elementos necesiten”. En su futuro local, quedaba “terminantemente prohibida toda clase de juegos, que pugnarían con la seriedad y cultura que ha de observarse siempre”. También estaban prohibidas en el local social “y por la misma causa, las discusiones políticas y religiosas que pudieran originar desunión de los socios”.
Una de sus principales actividades era, en efecto, la publicación de una especie de Boletín más o menos periódico –no estaba numerado-, dirigido como circular a los socios, que solía constar de ocho o diez páginas, con alguna publicidad de material fotográfico y unas páginas centrales en papel couché que reproducían fotografías premiadas en los Salones Internacionales de la sociedad o en otros concursos. Aunque no se conserva que sepamos ninguna colección completa –hemos podido consultar la colección particular de Gregorio Hernández, “Goyo”- la Circular se publicó, al menos, desde diciembre de 1954 hasta noviembre de 1960. El Boletín constaba de una serie de secciones fijas –información sobre Salones y Concursos, actividades de la propia SFA, aspectos técnicos, un “Carnet social” que recogía éxitos y vicisitudes de los socios- y dio acogida a algunas polémicas sobre los plagios, la composición de los jurados de los Salones de Fotografía y si sus miembros debían o no tener conocimientos técnicos, el desnudo en la fotografía, las “rachas” y las modas. Como siempre suele ocurrir en este tipo de sociedades, el trabajo recaía sobre muy pocas personas y hubo frecuentes quejas de la falta de colaboración de muchos socios, hecho que también sucedía en otras tareas de la SFA, sobre todo en las relacionadas con el Salón Internacional de Fotografía, que exigía prontitud en la devolución de las fotos y confección del catálogo.
La SFA organizaba excursiones sociales a diversos lugares de la provincia –Biar, Castalla, Villajoyosa, el Algar, la Olla de Altea, Elche, Guardamar, la Vega Baja, los castillos del Vinalopó Medio-, que servían de jornadas de convivencia y de práctica fotográfica: los resultados se solían exponer en el local social. Un derivado de esa actividad sería, en cierto modo, “la ruta de los almendros” que, hacia 1956, comenzaron a realizar, anualmente, Nicolás Collado, Francisco Sánchez, Gregorio Hernández, José Luis Giménez Lledó y Eugenio Bañón.
Otras actividades que no llegaron a cuajar fueron la puesta en marcha de una sección de Cine Amateur y las sesiones de cine-club: sólo tenemos noticia de la sesión inaugural, en junio de 1957, en la que se proyectó Cuatro páginas de la vida. Mantenía relaciones la SFA con otras agrupaciones semejantes de toda España: en concreto, se elogia mucho en el Boletín la labor de la innovadora AFAL (Agrupación Fotográfica Almeriense). En ese sentido, en octubre de 1957 la SFA propuso celebrar en febrero del año siguiente una Asamblea de Sociedades Foto-Cinematográficas del Sudeste de España, que reuniría a sociedades de Castellón, Valencia, Alicante, Murcia, Albacete, Almería y Málaga, para tratar una serie de problemas comunes (condiciones de los jurados, normalización de denominaciones de las Exposiciones, unificación de sus bases, garantías para el cumplimiento de esas bases, etc). Aunque, en un principio, se descartó “perorar en pro o en contra de las tendencias artísticas actuales”, pues el modo de entender el arte era cosa tan personal que no cabía reglamentarlo, al final se aceptó, pero advirtiendo que habiendo cuestiones urgentes, sería una lástima que el tiempo “se desperdiciara, por ejemplo, defendiendo o atacando a los abstractistas”. En el Boletín se publicaron previamente algunas ponencias, como la de la AFAL sobre una Federación Española de Arte Fotográfico.
La Asamblea, inspirada en los “aplecs” que organizaban las Sociedades Fotográficas catalanas, se llevó a cabo el 9 de marzo de 1958 y asistieron representantes de las SF de Alcira, Alcoy, Alicante, Almería, Cartagena, Játiva y Murcia, mientras se adherían otras Sociedades Fotográficas. Hubo ocho ponencias. “Consideraciones preliminares a la Asamblea” (Alcira), “Reglamento de la Asamblea” (SFA), “Enmiendas al reglamento” (Alcira), “Normalización de las denominaciones de las exhibiciones fotográficas” (SFA), “Medios coercitivos para el cumplimiento de los acuerdos” (Alcira), “Bases de Salones Nacionales” (Alcira), “Garantía para el cumplimiento de las Bases” (SFA) y “Solicitud a la Federación Española de Arte Fotográfico de información sobre su constitución y actividad” (AFAL).
La SFA participó también en los Aplecs Regionales de Sociedades Fotográficas Valencianas y organizó su segunda sesión. Y en noviembre de 1960, en los locales del IDEA, se expusieron las obras que componían el I Salón Regional Circulante, con participantes de las sociedades fotográficas de Bocairente, Utiel, Játiva, Alcoy, Alcira, Alicante y Valencia. En total, 104 fotos de medio centenar de fotógrafos, entre las que destacaban las aportaciones de Alicante y Alcoy, obra de Antonio Pérez Jordá, Nicolás Collado, Gregorio Hernández, José Plá Salvador, etc.
En la Junta Directiva de la SFA, el presidente efectivo fue, durante los años cincuenta, Tomás Salinas y en otros cargos estuvieron el general Lagarde Aramburu –que sería presidente de la Diputación Provincial-, Nicolás Collado, Emilio Ajo, José Lamaignère, Julián García Soto, José Martínez Jover, Baldomero Navarro, Gregorio Hernández, Juan Mateo Box, Eugenio Bañón, José Botella Mora, Demetrio Vega, Ángel Martínez Flores, Pedro Gómez Juan. En la provincia fueron delegados el ilicitano Gabriel Ruiz Magro y el eldense Óscar Porta Carbonell, y el asesor técnico, Francisco Sánchez Orts. En junio de 1961, Gregorio Hernández sustituyó a Tomás Salinas como presidente y se renovó la directiva, en la cual existía, por cierto, un “Vocal asesor religioso y censor moral”…
La SFA se mantuvo, al menos, hasta 1967, aunque en los últimos años disminuyó bastante su actividad: en alguna Memoria se reconoce que no se ha realizado la excursión anual gratuita por falta de fondos y, al parecer, las fotografías del último Salón Internacional fueron devueltas a costa de algunos directivos. De todos modos, la SFA continuó organizando los Salones Internacionales y su Concurso Provincial, y colaboró en distintas exposiciones de Fotografía realizadas en la Peña Taurina, la Casa de Madrid y el Club Sureste, de Alicante (1963 y 1964), en el I Salón del Mar (1966), en el concurso “Ayer y hoy”, de la Diputación provincial (1967), etc.
En 1955, coincidiendo con las fiestas de Hogueras, la SFA celebró su I Certamen Provincial de Fotografía, que en principio estaba limitado a sus socios, y tenía como objeto –sin duda, por el patrocinio de la Diputación Provincial- presentar “una elocuente muestra gráfica en la que junto a toda inquietud artística, cultural o deportiva de la provincia alicantina, destaquen también las fotografías de nuestros tipos, usos y costumbres tradicionales; la arquitectura característica de la terreta y cuantos atractivos sin par, horizontes y lugares ofrece la provincia para una positiva atracción turística”. Había abundantes premios, provistos por diversas entidades –la SFA premió la mejor fotografía de “almendros en flor”, por ejemplo- y las fotos fueron clasificadas en secciones como “Paisajes alicantinos de atracción turística”, “Tipos y costumbres nuestras”, “Almendros en flor”, “Arquitectura antigua, típicamente alicantina”, “Monumentos religiosos y arquitectónicos de la provincia”, “Nuestras Fiestas”, “Marítimos”, “Deportes”, “Laborales” y fotos obtenidas en el CA Montemar. La mejor fotografía del Certamen fue “Dunas”, de E. Ajo.
Este Certamen se celebró también en años posteriores. A partir de la segunda edición se admitió también el tema libre y desde 1957, los temas fueron vistas y paisajes de atracción turística, tipos y costumbres, marítimos, deportes, laborales y tema libre. Solían exhibirse entre cien y ciento cincuenta obras. En los Jurados estuvieron diputados provinciales, fotógrafos profesionales y miembros de la propia SFA, y fueron premiados Nicolás Collado (“La alborada”), en 1956; A. Tarí Nicolau y A. Pelegrín Más (“Dupartells”), en 1957; Gregorio Hernández (“El albañil”), en 1958; Óscar Porta Carbonell (“Castillo de Santa Bárbara”), en 1959; y de José Luis Giménez Lledó (“El Nazareno”), en 1960.
La SFA también convocó, en 1958, 1959 y 1960, tres Salones de Fotografía para noveles, en su domicilio social. En la segunda edición, el Jurado celebró sus deliberaciones cara al público, para que los principiantes aprendiesen sobre sus defectos y virtudes. Fueron premiados, entre otros, José María Ripoll, Josefa Canet, Rafael Iborra, Fernando Canet, Alberto Velasco y Rafael Santacruz.

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